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Historia de México

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 06:00
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México es un país con una historia muy compleja, pasando por grandes imperios, con el esplendor de los aztecas y mayas, después siendo una colonia española durante la época del virreinato y pasando después una vida independiente que no ha estado excluída de guerras y grandes movimientos sociales que siguen todavía en la actualidad.

Olmecas

La cultura olmeca, llamada cultura madre, se desarrolló entre los años 1200 a.C. y 500 a.C En la región costera del Golfo de México que actualmente comprende los estados de Veracruz y Tabasco se ubicó el área central de los llamados Habitantes del país del hule. La economía de los olmecas tuvo como base el agricultura llamada de roza que consiste en talar grandes extensiones de árboles y después quemarlos, para en esa tierra poder sembrar. Además practicaban la caza y la pesca, así como también muy reducidamente la recolección. Los sitios arqueológicos más sobresalientes de esta cultura son La Venta, San Lorenzo y Tres Zapotes. La construcción de los edificios de La Venta es en forma simétrica en un eje largo que va de norte a sur y a los lados están colocados los monumentos. Este centro ceremonial sirvió de ejemplo para el resto de las culturas mesoamericanas, pues diseños similares aparecieron a lo largo de la zona. La clase dirigente de los olmecas eran muy probablemente los sacerdotes, quienes poseían conocimientos astronómicos sobre los períodos de lluvia y los idóneos para la siembra. Algunos investigadores mexicanos han supuesto la existencia de un gobierno teocrático apoyado por la clase militar. Existen pruebas de que los utilizaban una escritura jeroglífica y que desarrollaron la Rueda Calendárica, que evidencia su progreso, pues contaba con 365 días. Realizaron diversos monumentos, como las famosas cabezas olmecas, que probablemente eran retratos de guerreros prominentes en batalla. Esta cultura desapareció en el año 500 a.C, muy probablemente debido a un desastre natural que los obligó a dejar sus centros ceremoniales y ciudades y desaparecer de los registros históricos. "La cultura olmeca se puede definir como la Cultura Madre de la america Pre-Colombiana", Mohd Ateeque.

Mayas

El territorio que ocupaban los mayas comprende los actuales estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, parte de Chiapas y Tabasco en México y Belice, Guatemala y Honduras. A partir del siglo III de nuestra era, la cultura maya empezó un florecimiento impresionante, que perduró hasta el siglo IX, que ha sido llamado período clásico. Tenían una sociedad de jerarquías, pero aún no queda claro si eran los guerreros o sacerdotes quienes gobernaban. La escritura jeroglífica maya ha despertado admiración de investigadores, así como también su progreso matemático y su desarrollo de un equivalente al álgebra. Inventaron el símbolo del cero y también alcanzaron desarrollo astronómico al construir observatorios. La ciudad de Tika es la máxima expresión arquitectónica de los mayas. Desarrollaron el comercio que obtenían de lugares tan lejanos como el imperio inca y sirvieron de enlace posteriormente entre los aztecasy sus dominios de Centroamérica.

Teotihuacán

La civilización teotihuacana se desarrolló al noreste del Valle de México entre los años 200y 650 de nuestra era. Estaban concentrados en una sola ciudad, alcanzando gran mérito de construcciones y también en la cultura.

En el siglo VIII comenzó la decadencia de Teotihuacan, que cedió su lugar a numerosos estados hostiles entre sí que dominaron cada uno regiones clave para la economía mesoamericana. Por el siglo X d.C., estos estados habían perdido su fuerza, al mismo tiempo en que llegaron del desierto las primeras tribus chichimecas. En el noroeste, los pueblos oasisamericanos se diferenciaron definitivamente del conjunto de Aridoamérica, y crearon una civilización propia cuyos vestigios más importantes en territorio mexicano se localizan en Paquimé.

Durante los siglos X al XII, el centro de México fue dominado por Tula, la capital de los toltecas. Esta ciudad estableció vínculos muy fuertes con varias regiones de Mesoamérica, pero particularmente con la península de Yucatán, donde se ubica la ciudad maya de Chichén Itzá. En Oaxaca, mientras tanto, los mixtecos iniciaron un proceso expansionista que los llevó a ocupar los Valles Centrales donde habitaban los zapotecos. En 1325 los mexicas fundaron Tenochtitlán, la capital del estado más extenso que conoció la Mesoamérica prehispánica, que sólo rivalizó con los purépechas de Tzintzunun.

Conquista

En 1519, Hernán Cortés natural de Medellín (Badajoz), España, llegó a la isla de Cozumel y desde allí dio inicio a su incursión en el actual territorio de México. El resultado de la expedición fue la derrota del estado mexica a manos de los españoles y sus aliados en 1521. Esto fue posible porque los pueblos sometidos por los mexicas, en especial los zempoaltecas y los tlaxcaltecas, vieron en los europeos una oportunidad para liberarse del dominio tenochca.

Sitio de Tenochtitlán, según el Lienzo de Tlaxcala.

Fueron por lo menos dos los hechos que desencadenaron las hostilidades entre españoles y mexicas. La primera, la matanza de Tóxcal, encabezada por Pedro de Alvarado -Cortés no estaba en Tenochtitlán porque había salido a combatir a Pánfilo de Narváez a Zempoala- en plena celebración al dios Tezcatlipoca. El segundo fue la muerte de Moctezuma I, que según dice Bernal Díaz del Castillo fue muerto de una pedrada por el pueblo tenochca, aunque los informantes de Sahagún apuntan que fue muerto por los españoles que lo tenían cautivo.

Cuitláhuac y Cuauhtémoc fueron los últimos emperadores mexicas. El primero derrotó a los invasores el 30 de junio de 1520, y murió poco después en el huey cocoliztli (gran epidemia de viruela). Cuauhtémoc fue elegido tlahtoani, pero fue abandonado por la mayor parte de sus aliados. Finalmente se entregó y fue muerto por los españoles en 1521. Capturada Tenochtitlán, los españoles procedieron al sometimiento de los reinos independientes. Los pueblos mesoamericanos fueron sometidos casi todos en los siguientes cinco años a la caída de Tenochtitlán. Sin embargo, los grupos nómadas y seminómadas del norte siguieron en resistencia hasta el siglo XX, cuando los yaquis negociaron el armisticio con el ejército mexicano.

Con los militares españoles llegaron también misioneros que se dedicaron a convertir a los indígenas a la fe católica. De los religiosos que llegaron al país se destacaron Motolinía, Juan de Valencia, Bernardino de Sahagún, Diego de Landa, Junípero Serra, Juan de Aparicio y el muy controvertido Bartolomé de las Casas.

Período colonial

Hernán Cortés

Entre la caída de Tenochtitlán y el establecimiento del virreinato de Nueva España transcurrieron catorce años. En ese tiempo, el gobierno quedó primero a cargo de Hernán Cortés, que se autoproclamó Capitán General de Nueva España. Luego fueron nombradas las Reales Audiencias de México, dependientes de la Corona de España, con el propósito de realizar una mejor administración de la colonia.

El virreinato fue establecido en 1535, y su primer virrey fue Antonio de Mendoza. En su historia, la Nueva España fue regida por 62 virreyes de diferente importancia histórica, entre los que destacan Antonio María de Bucareli (1771-1779) y Fray Payo Enríquez de Rivera (1672-1680).

La base de la economía novohispana era la minería. Sin duda, el virreinato del Perú fue muy superior en la producción de metales preciosos (oro y plata) en los primeros años del colonialismo español en América. Sin embargo, el descubrimiento de nuevos yacimientos en el centro y norte del territorio (desde Sonora hasta el sur de la provincia de México) permitió que gradualmente la Nueva España ocupara el lugar de privilegio, especialmente en la extracción de plata. La minería permitió el desarrollo de otras actividades asociadas, especialmente los obrajes y la agricultura, que convirtieron a las regiones del Bajío o los valles de México y Puebla en prósperas regiones agrícolas y de actividad industrial incipiente.

Acapulco, 1628.

El comercio de la colonia era realizado a través de dos puertos. Éstos fueron Veracruz en el golfo, y Acapulco en el Pacífico. A éste llegaba la Nao de China, una nave que transportaba productos de las islas Filipinas a Nueva España y de ahí a la metrópoli. El comercio coadyuvó al florecimiento de estos puertos, de la Ciudad de México y de las regiones intermedias entre ambos. Hay que señalar que hasta finales del siglo XVIII, con la introducción de las reformas borbónicas el comercio entre las colonias españolas no estaba permitido.

La sociedad novohispana estaba fuertemente segmentada. Por un lado, existía toda una codificación acerca de las relaciones entre los grupos étnicos. Aunque nunca fue tan severa que no permitiera el intercambio cultural o el mestizaje biológico, sí había una definición de la posición que una persona ocupaba en la escala social de acuerdo con una supuesta mezcla de sangres. Mientras más sangre española, mejor posición, por ello los españoles peninsulares (o gachupines) ocupaban las posiciones de privilegio.

Durante el período colonial se gestaron muchas de las tradiciones populares e instituciones tradicionales que dan carácter al pueblo mexicano de la actualidad.

Emancipación

Miguel Hidalgo y Costilla, iniciador de la guerra de independencia  Uno de los pretextos tomados por los criollos para reclamar la independencia de las colonias españolas fue la ocupación francesa de España, a principios del siglo XIX. En varias partes de América Latina tuvieron lugar algunas rebeliones independentistas, algunas más exitosas que otras. México no fue la excepción. Los primeros intentos separatistas de Nueva España corresponden a la conspiración de La Profesa (nombrada así por el templo en el que se reunían los conspiradores a tomar chocolate y simular tertulias literarias, para ocultar sus intenciones reales), en la Ciudad de México. Este grupo contaba con cierta simpatía del virrey Iturrigaray, pero fue descubierta y aplastada. Sin embargo, en otras regiones del país había núcleos de rebelión, debido a la inconformidad de los criollos con su situación secundaria en la sociedad novohispana y la ocupación francesa de la metrópoli. A este suceso se le conoce como Crisis política de 1808 en México.

La conspiración de Querétaro sería finalmente la que desataría la revolución de Independencia de México. En la conspiración participaban, entre otros, los corregidores de la ciudad de Querétaro, Josefa Ortiz de Domínguez y Miguel Domínguez; Ignacio Allende y Juan Aldama, y el cura Miguel Hidalgo. Sería este último quien daría el llamado "Grito" a la insurrección en el pueblo de Dolores, Guanajuato, el 16 de septiembre de 1810.

Tras varias victorias, entre las que destacan la toma de Guanajuato, Valladolid, y la derrota que propinaron a las tropas realistas en Cerro de las Cruces (a un tiro de piedra de la Ciudad de México), el ejército insurgente se retiró hacia occidente. Fueron derrotados en la Batalla del Puente de Calderón por Félix María Calleja, a la postre, virrey novohispano. Las tropas realistas persiguieron a la insurgencia hasta apresarlos en Acatita de Baján, Coahuila. Los líderes fueron fusilados y sus cabezas exhibidas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato. Esto fue en el año de 1811.

Para este tiempo, la insurgencia se había hecho fuerte en el sur de la intendencia de México. Al frente de la tropa se hallaba el cura y Generalísimo José María Morelos y Pavón, quien había recibido la orden directa de Hidalgo de encabezar la revolución en la Sierra Madre del Sur. Entre los triunfos más sonados de Morelos y su ejército (del que formaban parte, entre otros, Mariano Matamoros, los hermanos Galeana y los hermanos Bravo), se encuentra el sitio de Cuautla, que fue roto tras casi un año de asedio realista. Morelos convocó al primer congreso americano en 1813, en Chilpancingo, al que acudieron diputados de las provincias del naciente país, y promulgaron la Constitución de Apatzingánun año más tarde, sobre la base del documento escrito por Morelos, intitulado Sentimientos de la Nación.

Sin embargo, la necesidad de proteger al Congreso, y las contradicciones entre éste y el Generalísimo (que había rechazado el título y se hizo llamar Siervo de la Nación), terminaron por minar la capacidad bélica del ejército insurgente. Finalmente, fueron derrotados en Cuautla. Morelos fue conducido a la ciudad de México, donde fue enjuiciado, degradado, excomulgado y preso. Fue finalmente fusilado en San Cristóbal Ecatepec (que hoy se llama Ecatepec de Morelos en recuerdo del cura), en el año de 1815.

A esas alturas, el ejército insurgente había entrado en una fase francamente defensiva. Habían sido fusilados Matamoros y Morelos, muertos en combate fueron algunos de los Galeana (no todos: Pablo siguió combatiendo a los realistas en Zacatula, hasta 1822, cuando Vicente Guerrero le mandó a avisar que la guerra había terminado un año antes). Los únicos frentes fuertes eran el veracruzano, al mando de Guadalupe Victoria, y el de Vicente Guerrero, en el sur de México. En el norte, la campaña relámpago de Pedro Moreno y Francisco Javier Mina (un joven español de ideas liberales, recién desembarcado de España), había concluido desastrosamente, a pesar de sus triunfos iniciales.

Acta de Independencia de México De esta manera, la revolución popular de independencia mexicana se hallaba muy lejos del triunfo. El virrey Apodaca había ofrecido indulto a los insurgentes, lo que minó el ejército en resistencia. La oferta llegó a Guerrero por conducto de su padre, y la rechazó con la famosa frase la Patria es primero, que hoy está escrita con letras de oro en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Aprovechando la situación, algunos militares criollos -que habían combatido a los insurgentes durante los años anteriores- tomaron la dirección del movimiento. Agustín de Iturbide selló un pacto con Guerrero, jefe de los insurgentes surianos, en compañía de quien promulgó el Plan de Iguala en 1821. Poco tiempo después, llegó el nuevo virrey de Nueva España, Juan O'Donojú, que también sería el último, y que aceptó firmar el acta de independencia de México el 27 de septiembre de 1821.

Los primeros reconocimientos a la nación independiente provinieron de Chile, Gran Colombia y Perú. En 1825, los Estados Unidos reconocieron a la nueva nación hispana con los límites de 1820 establecidos por el gobierno estadounidense y la Corona de España, por el Tratado de Adams-Onís. Los límites estaban fijados por el paralelo 42ºN, las Rocallosas, el río Nexpentle, el río Rojo y el río Sabinahasta desembocar en el Golfo de México.

Siglo XIX

Escudo de Armas del Primer Imperio Mexicano Durante casi todo el siglo XIX el joven país afrontó guerras interinas por el poder. Tras la consumación de la independencia nacional, se discutía la forma de gobierno de la nueva nación. El Plan de Iguala señalaba que a su independencia, México debía convertirse en una monarquía encabezada por un miembro del linaje de Fernando VII. Mientras se encontraba un candidato a la corona de México, se había instalado una Junta de Gobierno Provisional, ocupada por tres personas. Meses más adelante, en 182, Agustín de Iturbide fue proclamado Emperador de México. En aquel tiempo, formaban parte del territorio mexicano el antiguo virreinato de Nueva España y el de la Capitanía General de Guatemala.

El Primer Imperio Mexicano duró apenas unos cuantos meses. Rápidamente se vio envuelto en una crisis financiera derivada de la necesidad de pagar los daños provocados por los once años de revolución independentista. Además, los grupos republicanos cobraban cada vez más fuerza. En el año de 1823, Antonio López de Santa Anna y Vicente Guerrero proclamaron el Plan de Casamata, por el que desconocieron el gobierno de Iturbide y anunciaban la instauración de una república. El emperador intentó defenderse por medio de las armas, pero su ejército fue derrotado y él exiliado en ese mismo año. Con la derrota del Imperio, las provincias centroamericanas se separaron de México, lo cual hicieron todas, salvo Chiapas, para formar las Provincias Unidas de Centroamérica.

Antonio López de Santa Anna, una de las figuras más polémicas del México decimonónico. Tras un breve interludio, presidido por una Junta Provisional, encabezada por Pedro Celestino Negrete, en 1824 el Congreso Constituyente promulgó la Constitución Mexicanaque habría de regir a la República. Este documento asentaba que la nación adoptaba como forma de gobierno la república federal, con división de poderes. Éstos residirían en la Ciudad de México, y estaría integrada por estados federados y territorios federales. El Congreso convocó a elecciones en las que salió electo Guadalupe Victoria para el período de 1824-1828.

A partir de la conclusión del período de Victoria, la vida política mexicana se tornó inestable, debido a las pugnas entre la antigua aristocracia y el pequeño grupo de burgueses liberales del país. El personaje central a lo largo de la primera mitad del siglo XIX fue Antonio López de Santa Anna, quien repelió la intentona hispana por reconquistar México y ascendió al poder once veces: cinco de ellas como abanderado de los liberales y las otras seis como conservador.

En 1833 tuvo lugar el primer intento de reforma liberal profunda del Estado, encabezada por Valentín Gómez Farías (a la sazón presidente interino, pues Santa Anna se había retirado a descansar a su hacienda) y José María Luis Mora. La reforma fracasó por el regreso de Santa Anna a la presidencia, con el apoyo de los conservadores. En 1835 fueron promulgadas las Siete Leyes, una constitución de corte centralista, que ocasionó la declaratoria de independencia de Zacatecas (rebelión reprimida brutalmente por el general Cos) y Texas. Este último territorio, perteneciente al estado de Coahuila y Texas, se separó de México en 1836. Cinco años más tarde la República de Yucatán declaró su independencia, y no se reincorporaría a México hasta 1848.

El 6 de enero de 1843, fue proclamada la segunda república centralista de México, encabezada por Santa Anna. La vida de la república sería muy corta, pues tres años más tarde fue incapaz de enfrentar la invasión estadounidense, hecho que los liberales aprovecharon y terminaron por rehabilitar la constitución de 1824 el 22 de agosto de 1846.

Por esa época, México enfrentaba una guerra con Estados Unidos. Este país había anexado el Territorio de Texasen 1841, y en 1846 reclamó a México la posesión de la franja de tierra comprendida entre los ríos Bravo y Nuecs. El límite de la provincia texana históricamente había sido el río Nueces, unos 300 km más al norte del Bravo, por lo que las reclamaciones eran infundadas. El gobierno estadounidense acometió contra México, y ocupó el país desde 1846 hasta 1848. Después de esto los norteamericanos ocuparon el territorio nacional.

Durante la invasión a la Ciudad de México los ejércitos de Estados Unidos al mando de Winfield Scott torturaron y mataron a muchos soldados del Batallón de San Patricio, que colaboraron con la resistencia mexicana. Finalmente, el 14 de septiembre de 1847, los estadounidenses izaron su bandera en el Palacio Nacional. La guerra concluyó con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, en el que México reconocía la frontera texana en el río Bravo y "cedía" los territorios de California y Nuevo México (cerca de 2.000.000 de km² que hoy conforman los territorios de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, la mayor parte de Colorado y la región suroeste del Wyoming y Kansas y el oeste de Oklahoma).

Tras la guerra con Estados Unidos, fue electo para la presidencia José Joaquín de Herrera. El gobierno de Herrera fue más o menos tranquilo, aunque las elecciones para relevarlo fueron presa de la división entre liberales y conservadores. Este nuevo conflicto se resolvió con la llegada de Santa Anna al poder, que gobernó por última ocasión la república entre 1853 y 1855. Santa Anna se autonombró dictador de México y gobernó con el título de Su Alteza Serenísima (el tratamiento fue elevado al rango de ley constitucional). Mientras tanto, la mayor parte del país seguía en la miseria. El colmo fue el aumento en el monto de los impuestos y la creciente corrupción del gobierno santaannista.

Benito Juárez Por ello, en 1854 los liberales se fueron a la guerra, amparados en el Plan de Ayutla y encabezados por Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. El movimiento, conocido como Revolución de Ayuta, concluyó con la renuncia y destierro de Santa Anna y la instalación de Álvarez como interino. Durante las presidencias de Álvarez y Comonfort, fueron promulgadas varias leyes de corte liberal, conocidas como Leyes de Reforma, que, entre otras cosas, establecieron la separación entre el Estado mexicano y la Iglesia Católica y anularon los privilegios de las corporaciones (incluidas las comunidades indígenas). La puesta en marcha de estas leyes dio lugar a un nuevo conflicto entre liberales y conservadores, conocido como Guerra de los Tres Años o Reforma.

Benito Juárez ocupó la presidencia interina de la república tras la renuncia de Comonfort, y fue convocado un nuevo congreso constituyente que promulgó el 5 de febrero de 1857 la nueva constitución mexicana, de orientación liberal moderada. Sin embargo, las reformas contempladas por la nueva constitución fueron motivo de una nueva rebelión conservadora en Tacubaya y, desconociendo el gobierno de Juárez, nombraron un presidente provisional. Las huestes de ambos bandos se enfrascaron en una guerra que concluyó con la victoria de los liberales en enero de 1861.

En ese mismo año, el gobierno de la república decretó la suspensión de pagos de la deuda externa, pues carecía de medios para pagarla. Francia, uno de los principales acreedores, instó a España e Inglaterra a presionar por la vía militar al gobierno mexicano. La marina de los aliados llegó a Veracruz en febrero de 1862. El gobierno mexicano se aprestó a negociar por la vía diplomática, y logró el retiro de los ingleses y españoles.

Fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas. Los franceses bajo el mando de Napoleón III, por su parte, dieron comienzo a las hostilidades militares. Comenzando por la batalla de Puebla, ganada por el ejército de Ignacio Zaragoza y las milicias populares del estado, la guerra comenzó. Hubo en un principio muchas victorias para los franceses, que tomaron la capital en junio de 1863. El gobierno republicano, con Juárez a la cabeza, se había trasladado a San Luis Potosíel 31 de mayo. Fue perseguido por los franceses, y finalmente se estableció en Paso del Norte. Mientras tanto, en la capital, el 10 de julio la Asamblea de Notables había nombrado como emperador de México a Maximiliano de Habsburgo. El Segundo Imperio Mexicano duraría hasta 1867, ya que a partir de 1865 el ejercito francés empezó a sufir derrotas a manos de las guerrillas mexicanas (que comenzaron a abastecerse de armamento estadounidense). La guerra culminó con la retirada del ejercito francés y con la rendición de los conservadores y el fusilamiento del emperador en Santiago de Querétaro.

Juárez siguió en el poder hasta su muerte el 18 de julio de 187. Los últimos años de su gobierno fueron duramente criticados por las diversas facciones en que se habían dividido los liberales. Para las elecciones de 1871, se presentaron como candidatos Sebastián Lerdo de Tejada, Porfirio Díazy el mismo Juárez, quien ganó. A su muerte ocupó la presidencia Lerdo de Tejada, que elevó a rango de ley constitucional las leyes radicales de reforma promulgadas durante el periodo de 1855-1856. Cuando Lerdo intentó reelegirse, los porfiristas se levantaron en armas y lo derrocaron. Aunque por ley la presidencia debía ser ocupada por José María Iglesias, los porfiristas desconocieron su gobierno y finalmente Díaz ocupó la presidencia en 1876. Así comenzó el período que en la historia de México es conocido como Porfiriato.

El Porfiriato

La dictadura de Díaz sólo fue interrumpida por los cuatro años de gobierno de Manuel González, compadre del dictador, y evidentemente sometido a su poder. En este tiempo, llamado porfiriato, Mexico tuvo una cultura muy influida con la francesa. En este período las Leyes de Reforma (en especial la Ley Lerd) sirvieron de marco para favorecer la concentración de tierras en manos de unos pocos terratenientes. Los campesinos eran enganchados para trabajar en las haciendas y algunos grupos indígenas que se mostraban particularmente rebeldes, como los yaquis y los mayas, fueron desterrados de sus lugares de origen y obligados a trabajar hasta la muerte en lugares como Valle Nacional, el valle del río Yaqui o Yucatán.

El gobierno de Díaz favoreció la inversión extranjera. La cabeza de este plan de desarrollo económico fue José Yves Limantour, de ascendencia francesa y miembro del grupo de los Científicos. La mayor parte del capital invertido en México era francés, y en importancia seguían las inversiones inglesas, estadounidenses, alemanas y españolas. Minas, petróleo, ferrocarril, textiles, plantaciones de azúcar: todo ello estaba en manos de extranjeros. Aparentemente el país prosperaba, pero esto sólo ocurría a costa de la miseria de la mayor parte de la población. Por ello, cuando en la famosa entrevista Díaz-Creelman, el dictador señaló que México estaba listo para la democracia, algunos personajes le tomaron la palabra y se presentaron a las elecciones de 1910, que ganó Francisco I. Madero. Díaz desconoció el resultado de los comicios y así inició la Revolución Mexicana.

Siglos XX y XXI

Madero y Zapata en Cuernavaca, Morelos El siglo XX mexicano comienza con la Revolución. Como se menciona, Díaz había convocado a elecciones para elegir a su sucesor, de las que salió victoriosa compuesta por Madero y José María Pino Suárez, del Partido Antirreeleccionista. Sin embargo, Díaz desconoció el resultado de las votaciones. Como reacción, Madero llamó al levantamiento armado por medio del Plan de San Luis. Al llamado se levantaron numerosos grupos de las más diversas clases sociales y elaborando las más variadas banderas sociales: en el noroeste, Álvar Obregón encabezó la revuelta de los pequeña clase media campesina, en Chihuahua Francisco Villa encabezaba un regimiento formado por ganaderos; en Coahuila, Venustiano Carranza representaba a los hacendados; y en el estado de Morelos, Emiliano Zapata y sus tropas de indígenas reclamaban el reparto agrario. Díaz finalmente dimitió el 24 de mayo de 1911. Salió exiliado del país siete días más tarde, a bordo del vapor Ypiranga, con rumbo a Francia, donde murió y fue sepultado.

Mientras tanto, el Congreso nombró como interino al señor Francisco León de la Barra (porfirista), que entregó la presidencia a Madero en noviembre de 1911. En febrero de 1913, Victoriano Huerta dio un golpe de Estado contra Madero, a quien mandó asesinar junto con Pino Suárez en la "Decena Trágica", y gobernó como dictador hasta 1914. En el bando revolucionario también había disputas: por ejemplo, Zapata había desconocido a Madero porque sintió que lo había traicionado al no haber iniciado el reparto agrario. A la muerte de Madero, las facciones revolucionarias se levantaron en armas contra el usurpador, y lo derrocaron, quedando como presidente Venustiano Carranza.

A éste correspondió promulgar la Constitución que rige actualmente en México, y que incorporó varias de las demandas sociales reivindicadas por los movimientos revolucionarios y sus antecesores (jornada de ocho horas, libertad de culto, salario mínimo, reparto agrario, nacionalización de los recursos naturales...). Mientras tanto, el ejército revolucionario se dividió en dos facciones: una, encabezada por Carranza y Obregón, moderada y vinculada con los intereses de la burguesía norteña; y la otra, con Zapata y Villa, más radicales y vinculados con los intereses de los campesinos. Los vencedores fueron los primeros, Zapata fue asesinado en Chinameca en 1919, y cuatro años más tarde la misma suerte tuvo Villa.

Con la llegada de Obregón al poder en 1920, varios de los artículos constitucionales fueron puestos en vigor. Entre las consecuencias de ello está la Guerra Cristera, que enfrentó a tropas campesinas alentadas por la jerarquía católica contra el ejército federal.

Obregón fue sucedido en el cargo por Plutarco Elías Calles, quien opinaba que la Revolución había de perpetuarse en instituciones y formó en marzo de 1929, el Partido Nacional Revolucionario, primer antecedente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) (que dominaría la escena política hasta el 2000). Calles fundó el Banco de México y puso fin a la Cristiada, llegando a un acuerdo con el clero. Al final de su período, Obregón se reeligió, pero fue asesinado en San Ángel antes de tomar posesión. Siguieron tres presidentes que gobernaron dos años cada uno y que fueron títeres de Calles, a quien se acusa de haber planeado el asesinato de Obregón. Durante este período, conocido como Maximato, México enfrentó la resaca de la crisis de 1929 y perdió la soberanía sobre un territorio lejano y casi desconocido: la Isla de la Pasión, que pasó a manos francesas.

Lázaro Cárdenas, el presidente electo para el primer período sexenal de la historia de México (1934-1940), desterró a Calles, apoyado en su amplia popularidad entre la población más pobre y mayoritaria. Dio gran impulso a la educación ("socialista") y al reparto de tierras. Es recordado por la expropiación petrolera, acontecida el 18 de marzo de 1938, y por la nacionalización de los ferrocarriles. No obstante que inició con un impulso radical, el gobierno de Cárdenas al final debió moderarse por el contexto de crisis económica derivado de los pagos de las nacionalizaciones. Su sucesor, Manuel Ávila Camacho, frenó el reparto agrario, concilió con la naciente clase burguesa industrial y enfrentó el inicio de la Segunda Guerra Mundia. Miguel Alemán le sucedió, siendo el primer presidente de México en la época priísta que no era militar. Después gobernó Ruiz Cortines, bajo el sexenio del cual se le dio derecho de voto a la mujer. López Mateos, que le sucedía logró en México un fuerte progreso económico. Se puede calificar al gobierno de Díaz Ordaz como autoritario, por lo cual México eligió en cuanto pudo al populista Echeverría, tratando así de recuperar su sentimiento de libertad. De allí siguió el periodo de "desarollo estabilizador", en el que gobernó López Portillo, que desató una crisis económica inmensa a raiz de la nacionalización bancaría sin embargo fue también en su gobierno que la política de exploración petrolera logró el descubrimiento del yacimiento petrolero de Cantarel del cual se extrae hasta la fecha gran parte del petroleo mexicano que aporta 40 centavos por cada peso del presupuesto nacional. Finalmente Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo forman lo que se llamó el periodo del neoliberalismo, en el que México sufrió una devaluación permanente del peso.

Durante la decadas 50-60 hubo numerosas protestas y peticiones de ampliaciones de libertad y derechos como la rebelión de ferrocarrileros que azotó los estados de Sinaloa comandada por Germán Ruelas, Nayarit comandada por Miguel Gómez y en Jalisco por Antonio Hernández. También algunos civiles levantaron protesta por la falta de democracia y esto originó cierta represión como la matanza a los manifestantes de Tlatelolco en 1968. Por otro lado se reabrió el debate sobre la economía mexicana y se comenzaron a vender mas de 750 empresas del Estado a la iniciativa privada nacional y extranjera, las llamadas privatizaciones. De esta política surge como multimillonario el exitoso empresario Carlos Slim Helu quien compra en precio de remate la empresa de telecomunicaciones Telmex, la cual, 40 años después, le permite elevar su fortuna hasta más de 50 mil millones de dólares, lo cual, segun una empresa privada, lo coloca en el año 2007 como el hombre mas rico del mundo.

El 1 de enero de 1994 al entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá aparece en escena el Ejército Zapatista de Liberación Nacional el cual busca, armas y dialogo mediante, desarrollar a los olvidados y pobres pueblos indígenas, habituales blancos de violaciones, torturas, asesinatos por parte de militares y paramilitares.

En el año 2000México vive por primera vez, tras 71 años de gobiernos priístas, la alternancia política cuando una alianza de los partidos Acción Nacional y Verde Ecologista de México derrota al PRi en las elecciones presidenciales. Vicente Fox, con tendencia derechista, es elegido presidente de la nación y en mitad de un movimiento de éxodo muy grande hacia Estados Unidos debido a la crisis económica y la falta de empleo.

En 2006 tras las elecciones generales del 2 de julio, Felipe Calderón Hinojosa es electo presidente de México. El ciudadano Andrés Manuel López Obrador, candidato por la izquierda a la presidencia de la Nación, desconoce los resultados electorales anunciados por el Instituto Federal Electoral y acusa de fraude y traición a la democracia al presidente Vicente Fox. Consecuentemente entra en desacuerdo con lo que llama insituciones corruptas y declara la abolición del regimen de corrupción y privilegios. La Ciudad de Méxic, se ve paralizada por una manifestación de resistencia civil pacifica, patrocinada por el gobierno de la Capital (también de izquierda), argumentando que los votos apuntados en las urnas no coincidían con los datos repartidos por el gobierno, como finales. Finalmente la diferencia mínima entre ambos partidos deriva en la Declaratoria Oficial de Presidente Electo por el Tribunal Electoral del Poder judicial de la Federación al ciudadano Felipe de Jesús Calderón Hinojosa presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos para el período del 1 de diciembre del año 2006 al 30 de noviembre del año 2012.

En Oaxaca un movimiento de maestros cuya petición esencial era la destitución del titular del ejecutivo del gobierno del estado, Ulises Rui, forman la la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca(APPO) lo cual desata un conflicto que desemboca en la intervención de la policía federal, así como la represión y detención de varios de sus líderes populares lo cuales son encarcelados en prisiones de máxima seguridad.

En los primeros días de su gobierno, Felipe Calderón cumple su promesa de mano dura e inicia una serie de acciones en contra del llamado crimen organizado y el narcotráfico, en la que se moviliza a un número considerable de elementos militares, a quienes sube el sueldo y pide lealtad, hacia los focos de acción de dichos grupos dentro del país.

Con este movimiento antinarcotrafico se logra entre muchas cosas el confiscamiento de más de 250 millones de dolares a Shen Li Yegon, chino nacionalizado mexicano quien se refugia en Estados Unidos y desde ahi acusa a Felipe Calderón y al Partido Acción Nacional de forzarlo a guardar ese dinero en su casa para desestabilizar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador en caso de que éste ganara las elecciones. Felipe Calderón llama a estas declaraciones "cuentos chinos". Shen Li Yegon es detenido y el juicio en su contra por presunto trafico de pseudoefedrina para la fabricación de estupefacientes y supuesto lavado de dinero se encuentra en curso.

Conflictos Estado-Iglesia

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:38
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La historia contemporánea de México difícilmente podría entenderse sin comprender previamente la posición de uno de los actores principales mundo occidental y sobre todo de los países de tradición latina, la Iglesia católica. Al igual que en todos los demás Estados nacionales, el Estado mexicano debía concentrar en sí todos los poderes de la sociedad, dejando atrás la antigua colaboración con la Iglesia; sin embargo, secularizar el podr e imponer la autoridad gubernamental era una tarea complicada en una sociedad que conservaba muchas de sus caractrísticas tradicionales, entre ellas, los vínculos que se desprenden de la religiosidad.

Para la Iglesia la separación tampoco fue fácil. Había dependido del "brazo secular" para hacer efectiva la coacción correspondiente a las leyes canónicas; desde finales del siglo XVIII enfrentaba problemas derivados del pensamiento de la Ilustración, como la reducción de la vida religiosa y la rebeldía de algunos sectores del clero parroquial; y en el caso mexicano había ido sacrificando buena parte de su riqueza para los intereses nacionales. Aun así, el naciente Estado liberal veía como un peligro la legitimidad, riqueza y ascendiente que todavía conservaba.

El período que trataremos fue decisivo para resolver estas ambigüedades. Fue entonces cuando ambas institucios se disputaron directamente el apoyo social del que dependía, o bien para consolidarse, o para sostenerse como centros principales de la vida nacional.

La disputa por los pueblos, siendo parte de un proceso para definir las relaciones Iglesia - Estado, estaba condicionada por determinadas circunstancias históricas. En ambas partes había sectores radicales, dispuestos a llevar sus actos hasta el enfrentamiento, sin considerar las repercusiones de los actos violentos. Pero antes de entrar en esa historia debe considerarse que la Iglesia pasaba por una etapa de reorganización influenciada por

El catolicismo social

La Reforma juarista había terminado de forma definitiva con el antiguo sistema en el que la Iglesia había mantenido su situación de primera corporación del país; perdió además el patrimonio económico de los cuerpos que la integraban, en particular las órdenes religiosas, las cofradías, órdenes terceras y demás asociaciones de laicos. Era indispensable reestructurar la vida de la Iglesia. Reunidos en Roma con el papa Pío IX, los obispos mexicanos comenzaron por trazar una nueva división territorial, erigiendo nuevas provincias eclesiásticas y diócesis sufragáneas. Sin embargo, la búsqueda de un acuerdo con el Estado para evitar la aplicación estricta de las Leyes de Reforma y la preparación de una nueva jerarquía, fueron dos de los objetivos más destacables.

El acuerdo con el Estado tardó prácticamente una década. No fue sino hasta el ascenso del general Porfirio Díaz que la Iglesia obtuvo las garantías necesarias para su desarrollo a través de la "política de conciliación". Durante sus sucesivos gobiernos, el general Díaz dejó sin vigencia efectiva las leyes de Reforma, mientras el clero abandonaba prudentemente toda participación política. Son hechos muy conocidos los vínculos del Presidente con algunos prelados, como Eulogio Gillow, Pelagio A. Labastida y Próspero María Alarcón; asimismo son conocidos los límites de la conciliación, con los casos de los gobernadores Próspero Cahuantzi, de Tlaxcala, e Ignacio Romero Vargas, de Puebla, amonestados por su acercamiento con los obispos respectivos.

La preparación de nuevos prelados se efectuó a través del Colegio Pío Latino Americano, fundado en Roma a por Pío IX, y en donde estudiaron los jerarcas más célebres de las tres primeras décadas del siglo XX: José Mora y del Río, Francisco Orozco y Jiménez, Leopoldo Ruiz y Flores, Manuel Fulcheri, Martín Trischler, entre otros. Apoyaados por Eulogio Gillow, este grupo de eclesiásticos (los "romanos") fueron ganando progresivamente las principales sedes diocesanas del país en los primeros años del siglo XX.

La preparación de los nuevos obispos estaba más cercana a la teología neotomista que se promovió durante el pontificado de León XIII, cuya encíclica Rerum Novarum de 1891 abrió definitivamente las puertas al catolicismo social, corriente que buscaba frenar la creciente secularización a través de una mayor atención a los laicos y los problemas agrícolas y obreros.

Aunque la Rerum Novarum fue recibida fríamente en México, al despuntar el siglo XX comenzó a verse la febril actividad de los católicos sociales: a partir de 1903 dio inicio el ciclo de los congresos católicos; Mora y del Río, como obispo de Tulancingo, convocó además a congresos agrícolas; las mutualistas y asociaciones obreras se multiplicaron con el apoyo episcopal; asimismo la buena prensa cobraba nuevo vigor en las ciudades, sobre todo en México y en Guadalajara, con el licenciado Miguel Palomar y Vizcarra. La Sociedad de Jesús tuvo un papel muy importante en este resurgimiento, bajo su dirección espiritual surgió el Circulo de Estudios Católicos - Sociales Santa María de Guadalupe, mejor conocido como los Operarios Guadalupanos, base a su vez del Círculo Católico Nacional, primera agrupación política confesional del siglo XX mexicano en cabezada por Gabriel Fernández de Somellera en 1909.

La lucha armada, 1910 - 1920. Del triunfo político a la primera persecución.

El Círculo Católico Nacional se convirtió en el Partido Católico Nacional en 1911, con el visto bueno tanto del gobierno de transición, como de Francisco I. Madero. El partido apoyó al propio Madero como candidato presidencial y a Francisco León de la Barra como Vicepresidente. La jerarquía católica, en particular el ya Arzobispo Primado, Mora y del Río, apoyó las actividades de este organismo, que buscaba hacer realidad los proyectos que se habían ido discutiendo en los congresos, semanas sociales y en la prensa.

Los resultados en las elecciones no pudieron ser mejores. Se obtuvieron 100 curules en el Congreso de la Unión, mientras que en Jalisco y Zacatecas el triunfo fue completo: la gubernatura y las legislaturas locales quedaron dominadas por el PCN. Desde luego, se realizó una amplia obra de reforma social siguiendo los lineamientos de la Rerum Novarum. Sin embargo, la debilidad del gobierno de Madero movió a algunos miembros del partido a conspirar contra el régimen. A solicitud de la presidencia, el arzobispo de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores recriminó dicha conducta durante la Gran Dieta del Círculo de Obreros Católicos (Zamora, 1912). Ruiz y Flores mismo fue el único prelado que alzó la voz en contra del golpe de Estado al año siguiente.

En efecto, el gobierno de Victoriano Huerta dividió a la jerarquía católica y al PCN. Son hechos bien conocidos la participación de algunos miembros del partido (v.gr. Eduardo Tamariz y Francisco Elguero) dentro del gobierno huertista, y la presencia oficial de altos mandos del ejército en la ceremonia de consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús en 1914. Por otro lado, La Nación, órgano del Partido, no dejó de criticar al gobierno, y el partido mismo nominó a Federico Gamboa como candidato presidencial. Huerta acabó por disolver el PCN y enviar al destierro a sus líderes, incluido Gabriel Fernández de Somellera.

El clero católico tampoco apoyó a Huerta, pero tampoco hizo nada en su contra más allá de la citada protesta de monseñor Ruiz y Flores. En cambio, comenzó a hacerse presente un ambiente cada vez más hostil a la Iglesia por parte de los líderes de algunas facciones revolucionarias, en particular los sonorenses.

Ciertamente, cuando los estados del norte empezaron a movilizarse en contra de Huerta, líderes como Antonio I. Villarreal, Pancho Villa en sus inicios, y el ejército al mando de Álvaro Obregón, cometieron constantes ataques contra el clero, sus escuelas y obras de caridad, contra templos y propiedades eclesiásticas. Por ejemplo, cuando Villa entró a Zacatecas fueron arrestados todos los clérigos de la ciudad; Antonio I. Villarreal dictó algunos de los primeros decretos reduciendo el número de sacerdotes en el Estado de Nuevo León; mientras el general Obregón instalaba sus cuarteles en Guadalajara en todas las iglesias, incluida la catedral.

En cambio, en Morelos, Emiliano Zapata protegió al clero y a la tradicional religiosidad católica del sur del país. Mientras que el avance de las fuerzas constitucionalistas obligaba a los clérigos a buscar refugio en el sur, e incluso en Veracruz durante la ocupación norteamericana, y finalmente a exiliarse, como hicieron los obispos en 1917, Zapata dio refugio a monseñor Manuel Fulcheri, sus entradas a la ciudad de México fueron celebradas con las campanas de las iglesias al vuelo, y algunos curas participaron en sus filas.

Con todo, la ruptura entre Villa y Carranza modificó la conducta del primero hacia la Iglesia, por lo que el gobierno de la Convención parecía el más adecuado para sus intereses. A pesar de ello, la Iglesia se mantuvo a la expectativa. Carranza mismo tampoco parecía estar interesado en un conflicto religioso, aunque al mismo tiempo debía retribuir el apoyo de los radicales. La Constitución de 1917 habría de reflejar las ideas de estos últimos, sobre todo en sus artículos 3o., 5o. 27 y 130. Aunque es una legislación ya modificada, se recuerdan todavía hoy sus principales lineamientos: educación laica, supresión de los votos monásticos, limitación estricta de la propiedad de las instituciones religiosas, desconocimiento de toda personalidad jurídica de las iglesias, prohibición a los extranjeros de ejercer como ministros de culto, declaratoria de los templos como propiedad de la Nación, prohibición de actos de culto fuera de los templos, etcétera.

El Episcopado, desde luego, protestó a través de una Carta Pastoral Colectiva. El presidente Carranza, aunque no pudo modificar la legislación, pudo al menos moderar su aplicación. Fue en los Estados donde empezaron a manifestarles los conflictos, el más notable fue el caso de Jalisco, donde los gobernadores Manuel Diéguez y Manuel Bouquet y la legislatura se enfrentaron con la resistencia del arzobispo Francisco Orozco y Jiménez ante la reducción de los sacerdotes y el cierre de templos y colegios. Aunque tuvo que salir del Estado, Orozco y Jiménez obtuvo la victoria gracias, por un parte a los católicos organizados de la arquidiócesis, quienes iniciaron una política de manifestaciones, boicot, luto general, y por otra a la buena voluntad de Carranza, que buscaba reducir los conflictos internos en aras de la consolidación de su gobierno.

Carranza, sin embargo, tuvo que enfrentarse finalmente con los sonorenses del Plande Agua prieta, y tras su muerte y el interinato del general Adolfo de la Huerta, fue electo presidente el general Álvaro Obregón, con la sola oposición del Partido Nacional Republicano, formada por algunos ex integrantes del PCN, que apoyó la candidatura del licenciado Alfredo Robles Domínguez.

El gobierno de los sonorenses, 1920 - 1929. Enfrentamientos y guerra cristera.

Aunque el general Obregón representaba a los grupos radicales de la revolución sonorense, su política buscó un equilibrio similar al que Carranza había llevado en su relación con la Iglesia, permitiendo a la vez a los grupos radicales como la CROM, manifestar sus tendencias anticleriales, y a los gobiernos estatales emprender políticas desfanatizadoras.

El presidente restituyó los templos confiscados durante la lucha armada; asimismo, como con Carranza, el Partido Nacional Republicano pudo continuar sus actividades; en Guadalajara, en enero de 1921, se realizó la coronación de la Virgen de Zapopan, ese mismo años el arzobispo Orozco y Jiménez reanudó las grandes reuniones de principios de siglo con el Congreso Social Agrícola; al año siguiente se reunió también en Guadalajara el Congreso Nacional Católico Obrero, del que surgió la Confederación Nacional Católica del Trabajo, mientras la Asociación Católica de la Juventud Mexicana realizó su reunión nacional en la ciudad de México. Como parte de esta reorganización de los católicos, la Unión de Damas Católicas realizó también su primer congreso nacional en 1922.

Entre todos estos actos, destacó en particular el Congreso Eucarístico Nacional de octubre de 1924, que culminó con grandes fastos y celebraciones en la capitl de la República. Los anticlericales reaccionaron, y los empleados públicos que asistieron fueron despedidos.

Por su parte, la CROM se enfrentó de manera directa al clero, amenazando incluso su seguridad. El 4 de junio de 1921 estalló una bomba enfrente del palacio arzobispal de Guadalajara. Aunque la ACJM y los obreros católicos reaccionaron colocando guardias en los templos, diez días después estalló una bomba en la Basílica de Guadalupe.

En los estados proliferaron los enfrentamientos, destacándose por su violencia los de Michoacán, donde el gobierno lo encabezaba el socialista Francisco J. Múgica; Guadalajara donde fueron agredidos los fieles que salían de la misa dominical; y Yucatán, por entonces bajo la gubernatura de Felipe Carrillo Puerto.

Los incidentes rozaron un problema diplomático cuando, en enero de 1923, el Delgado Apostólico, Filipi, fue expulsado del país tras participar en la ceremonia de colocación de la primera piedra del Monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete. Por entonces se alegó que un extranjero no podía ser ministro de cultos según el artículo 130, y que la ceremonia había sido pública, a pesar de haberse realizado en propiedad privada.

La lista de incidentes menores en otros estados es bastante larga. Baste decir que se trató de problemas entre curas y autoridades municipales, generalmente derivados de actos religiosos públicos que los pueblos defendían aun con la violencia.

A pesar de todo, la moderación que pudo existir con Obregón fue ya imposible con su sucesor, el general Plutarco Elías Calles, quien ganó las elecciones de 1924 con la sola oposición del PNR que nominó al general Ángel Flores.

De entrada se recrudecieron los conflictos en los estados. En Tabasco, Tomás Garrido Canabal y su legislatura habían limitado el número de sacerdotes, y finalmente prohibieron ele ejercicio como ministros de culto a quines no estuvieran casados (18 de noviembre de 1925). En Jalisco, el gobernador Zuno expulsó al arzobispo Orozco y Jiménez y limitó a seis el número de iglesias. Mientras su feligresía se organizó en la dinámica Unión Popular, Orozco terminaba siendo arrestado en San Andrés Tuxtla, Veracruz, tras una entrada triunfal.

El asunto que mayor alarma causó fue el "cisma" de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, patrocinada por la CROM y Tomás Garrido Canabal. El problema comenzó el 21 de febrero de 1925 cuando el secretario general de la citada centrarl obrera, Ricardo Treviño, y el sacerdote español Manuel L. Monge, expulsaron de su sede al párroco de la iglesia de La Soledad, en la ciudad de México, entregándola al autodenominado Patriarca Joaquín Pérez. A esta nueva iglesia se sumaron apenas seis parroquias y trece sacerdotes. Tuvo una vida exigua, casi sin fieles, y siete de sus sacerdotes terminaron reintegrándose al catolicismo. El templo de la Soledad terminó siendo sacado del culto por Calles tras un motín popular el 23 de febrero.

Antes estos incidentes, las organizaciones de católicos laicos terminaron formando la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa el 9 de marzo de 1925, encabezada por Rafael Ceniceros y Villarreal, René Capistrán Garza y Luis B. Bustos. Aunque desde el inicio la secretaría de Gobernación criticó fuertemente el carácter político de esta asociación, ésta logró expandirse en casi todo el país, salvo en algunos territorios marginales del norte y el sureste. La Liga habría de ser el principal conducto de los católicos para enfrentarse al Estado, pero sobre todo para mantener cierta independencia del Episcopado.

Aunque durante el año de 1925 continuaron los problemas en Tabasco y Jalisco, a nivel nacional el panorama se mantuvo relativamente tranquilo hasta diciembre, cuando el Presidente envió la iniciativa de ley reglamentaria del artículo 130; al mes siguiente, solicitó además poderes extraordinarios para reformar el Código Penal de acuerdo con la nueva legislación.

El conflicto de 1926 acabó por desatarse el 4 de febrero, fecha en que apareció en El Universal una entrevista a Mora y del Río, en términos radicales para el momento, pues retomaba la protesta del Episcopado de 1917 y afirmaba que combatiría la Constitución. Aunque negó haber hecho semejantes declaraciones, el arzobispo fue procesado. El gobierno reaccionó girando instrucciones a los Estados ordenando el cumplimiento literal de la Carta Magna, lo que desató una nueva oleada de enfrentamientos entre obispos y gobernadores durante los siguientes tres meses. Destacaron los casos de Michoacán, Colima y San Luis Potosí, donde se llegó incluso a la suspensión temporal de los cultos, y se hicieron los primeros ensayos de boicot contra el gobierno.

La Santa Sede trató de mediar en el conflicto enviando como nuevo Delegado Apostólico a Monseñor Caruana, quien luego sería también expulsado del país tras una gestión escasamente provechosa, dejando instalado un Comité Episcopal formado por el Arzobispo de México, Mora y del Río, el arzobispo de Morelia, Ruiz y Flores, y el obispo de Tabasco Pascual Díaz. Entre tanto, los obispos de Huejutla y Tacámbaro, los más radicales del Episcopado (José Othón Manríquez y Zárate y Leopoldo Lara y Torres respectivamente) fueron arrestados y procesados tras declaraciones en protesta por la persecución.

En junio llegó finalmente la Ley Calles, que entraría en vigor para el 1o. de agosto. El Episcopado entró en crisis, y ante la diversidad de opiniones, intentó consultar con la Santa Sede, que no contestó sino hasta el 23 de julio, con términos ambiguos. Se impuso al final la postura de los radicales, y el 25 de julio el Episcopado anunció en una Pastoral colectiva la suspensión de los cultos para el 1o. de agosto.

Más decidida fue la actitud de la Liga. Irónicamente, aunque la mayor parte de las organizaciones del catolicismo social estaban bajo fuerte tutela clerical, entre las divergencias de los prelados se había dado espacio a la participación directiva de clases medias, obreros y campesinos. El conflicto que se iniciaba, la Cristiada, acabó siendo una movilización de grupos de la sociedad civil de manera separada de la Iglesia y el Estado, evidenciando las debilidades de ambos, pues ni se seguían los lineamientos de la primera, ni era posible al segundo la erradicación total del movimiento.

Los cultos se suspendieron efectivamente el 1o. de agosto de 1926, y de inmediato ocurrieron levantamientos espontáneos en los estados del Occidente. La Liga organizó un referéndum pidiendo al Congreso la modificación de la legislación, e inició el boicot contra el gobierno, no pudo, en cambio obtener el apoyo de los ricos católicos que hubiera sido indispensable para darle fuerza a la resistencia organizada.

Todavía el 21 de agosto, Álvaro Obregón concertó una entrevista entre el Presidente y dos miembros del Comité Episcopal, Pascual Díaz y Leopoldo Ruiz y Flores. El encuentro simplemente confirmó la distancia ideológica que separaba al Episcopado del Gobierno.

Los levantamiento espontáneos continuaron a lo largo del año, el boicot no daba muestras de ser una presión efectiva, y las negociaciones entre los obispos y Calles habían quedado rotas. Así, la Liga consideró factible optar por la lucha armada, a la que convocó para el 1o. de enero de 1927, con resultados variables - siempre se trató de levantamientos marginales - concentrados en Jalisco, Guanajuato, Colima, Michoacán y Zacatecas.

La fuerza de estos levantamientos, muchas veces organizados por grupos inexpertos de la ACJM y la CNCT, duró poco, el movimiento entró en decadencia a mediados del año.

Entre tanto, a iniciativa del general Obregón, se reiniciaron las negociaciones entre el Episcopado y el gobierno. Sirvieron como intermediarios algunos miembros católicos de la élite política como Alberto J. Pani, secretario de Hacienda, los licenciados Simón Ortega y Eduardo Mestre, el ingeniero Nemesio Olvera y el presbítero Macario Román. El primer resultado fue la reunión del obispo Manuel Fulcheri con Obregón en el castillo de Chapultepec el 23 de marzo de 1927, reunión que tampoco tuvo consecuencia alguna.

Entre mayo y julio la Liga reorganizó las actividades militares nombrando nuevos jefes de operaciones, con el general Jesús Degollado Guízar primero, y el general Enrique Gorostieta después. Obregón, mientras tanto, emprendía su campaña para la Presidencia e insistía en buscar una solución negociada; así, se obtuvo una nueva entrevista ahora del Comité Episcopal con Mestre y Alberto Beroni en San Antonio, Texas, en julio de 1927. Tampoco hubo resultados pues las filtraciones a la prensa malograron el encuentro.

En el segundo semestre del año y a lo largo de 1928 la reorganización de los cristeros les permitió realizar una Junta Regional de Autoridades el 22 de mayo, con ello uniformaron su estructura político - militar, e incluso obtuvieron algunos éxitos militares.

Sin embargo, la proximidad de las elecciones y las presiones que hacía el Episcopado norteamericano, obligaron al gobierno a continuar las negociaciones, ahora a través del diplomático de Estados Unidos, Dwight Morrow y del padre Burke, quien se entrevistó con Calles en San Juan de Ulúa en marzo. Tras diversos procedimientos, Calles finalmente se entrevistó con Leopoldo Ruiz y Flores el 17 de mayo, mas las conversaciones se interrumpieron con la muerte de Obregón, asesinado en el tercer atentado en su contra por José de León Toral, católico tiranicida. Fue hasta el gobierno de Emilio Portes Gil que los sucesivos encuentros culminaron en un acuerdo, a pesar de las protestas de la Liga y de la CROM. El proceso se vio facilitado por la muerte de Mora y del Río, la del general Gorostieta, y la proximidad de las elecciones presidenciales. Finalmente, el 21 de junio de 1929 quedaron establecidos los acuerdos que permitieron la reanudación de los cultos, acuerdos que prácticamente se limitaban a promesas y garantías del Presidente, bajo los auspicios de Morrow, pero que fueron suficientes para iniciar el desarme de los cristeros y la Liga.

Hacia el modus vivendi, 1929 - 1938.

Los acuerdos de 1929 no pusieron fin a los problemas entre al Iglesia y el Estado, pero constituyeron un intento de ambas instancias de recuperar el control sobre los pueblos que participaban en la cristiada, y las clases medias que apoyaban a la Liga. Era pues una vuelta a la disputa sólo entre el Episcopado y el gobierno como únicos representantes de las dos instituciones

De entrada, el sucesor del arzobispo Mora y del Río, el ex obispo de Tabasco Pascual Díaz y Barreto, promovió la formación de la Acción Católica Mexicana en diciembre de 1929, en ella quedarían integradas todas las organizaciones de laicos. La iglesia celebró su recuperación con gran pompa durante el cuarto centenario de las apariciones guadalupanas. Mientras tanto, el desarme de los combatientes generó nuevas masacres, según los datos de Jean Meyer, el número de víctimas pudo haber superado a las muertes durante los combates.

Pero las circunstancias que habían permitido los acuerdos se modificaron con rapidez. Las elecciones de 1929 las ganó el Partido Nacional Revolucionario pasando por encima del vasconcelismo; Morrow, que fue electo senador tras dejar la embajada en México, murió en 1931, por lo que desapareció la garantía norteamericana; finalmente, los radicales volvieron al poder durante el frágil gobierno de Pascual Ortiz Rubio.

Así, tras los festejos guadalupanos, los anticlericales reaccionaron. En Veracruz, el segundo gobierno de Adalberto Tejeda continuó las persecuciones, una bomba estalló en la catedral de Xalapa, se impuso, como en el Distrito Federal, la reducción del número de sacerdotes; a nivel nacional, se promulgó la Ley de Nacionalización de los bienes eclesiásticos, que sacó del culto gran número de templos; el arzobispo Orozco y Jiménez fue expulsado de nueva cuenta del país; y se impuso el registro de las escuelas y el cumplimiento estricto del laicismo. La "batalla por las conciencias", que apoyaban Calles y Narciso Bassols, tuvo continuidad durante toda la década, y culminó con el establecimiento de la educación socialista, ya en tiempos de la presidencia del general Lázaro Cárdenas.

Ante la gravedad del asunto, en septiembre de 1932 apareció una enérgica protesta de la Santa Sede, la encíclica Acerba animi, de Pío XI, que motivó la expulsión del Delegado Apostólico, Leopoldo Ruiz y Flores, además de una nueva oleada de represión anticlerical en los Estados, que muchas terminaron en enfrentamientos y motines.

La situación llegó a su máximo entre 1934 y 1935, cuando rebrotaron los levantamientos armados, toda vez que el gobierno cardenista comenzó promoviendo directamente la persecución del clero y el cierre de sus establecimientos. Mas las circunstancias se fueron mostrando propicias de ahí en adelante. Cárdenas requirió de apoyo, en su lucha contra Calles primero, y para afrontar la expropiación petrolera en 1938. Aunque para 1936 todavía era expulsado de su domicilio el arzobispo Vera y Zuria, y en Chihuahua se limitó a uno el número de sacerdotes, la cuestión religiosa fue perdiendo importancia en el panorama político. Como sucedió durante las negociaciones de los años 20's, hubo primero declaraciones para distender la situación, tanto por parte de Cárdenas, como de Ruiz y Flores.

El relevo generacional acabó de completar el marco para el modus vivendi. En 1936, José Garibi Rivera sucedió en la mitra de Guadalajara a Orozco y Jiménez, y al año siguiente, Luis María Martínez, michoacano, ocupó la Sede primada en lugar de Pascual Díaz y Barreto. Fueron ellos quienes dieron el último paso cuando hicieron un llamado a los católicos para contribuir con el Estado en el pago de la deuda con las compañías petroleras.

El modus vivendi quedaba establecido prácticamente sobre las mismas bases que en 1929. El Estado no cedía nada en absoluto en materia legislativa, pero tampoco aplicaría la ley. La Iglesia controlaría a sus fieles en la Acción Católica, pero no les permitiría hacer política, ni siquiera la acción social de las décadas anteriores.

                         

Neoliberalismo

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:29
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Es tan legítimo afirmar hoy que el liberalismo es la ola del futuro como lo era hace un par de décadas decirlo del socialismo. De hecho, bajo formas benignas o malignas, el socialismo prevaleció en el mundo hasta bien entrados los años Setenta. Luego, vino la desilusión. ¿No podría ocurrir algo similar con el Neoliberalismo? Todo buen liberal tendría que preguntárselo.

La preocupación surge al recordar que en el siglo XIX hubo también una oleada de libertad. No existe latinoamericano que no pueda señalar alguna etapa, larga por lo general, cuando su país funcionó bajo el amparo de una constitución liberal, nuestro país, no es excepción

A América latina no le iba mal con el primer liberalismo que acogió en el siglo XIX. Pero un día lo abandonó. Lo aplicaba. Lo aprovechaba. Nunca creyó del todo en él. En una hora de prueba, cuando estalló la crisis económica de 1929, retrocedimos hacia la zona autoritaria de los golpes militares, hacia la zona regresiva del paternalismo económico.

"Los valores de los latinoamericanos, ¿son ahora liberales? ¿O tomaremos otra vez el camino liberal por curiosidad, por frivolidad, por ofuscación?...Cuando venga el liberalismo, no nos dará nada. Nos invitará, sí, a arriesgarlo todo. Recibirlo como una solución que cae, como el maná, de arriba y de afuera".

El Neoliberalismo se origina en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, éste, es heredero de las teorías neoclásicas de finales del siglo XIX; pero es en los años setenta cuando comienza su auge a nivel internacional al iniciarse la crisis en la teoría Keynesiana, que no pudo encontrar respuestas a diferentes problemas que han angustiado al mundo en las últimas décadas.

Entre sus principales exponentes tenemos:

  • En Europa Occidental: los economistas Ludwig Von Mises, Wilhem Roepke y Frederik Von Hayek; los filósofos Karl Popper y Raymond Aron y el periodista Jean Francois Revel.
  • En Estados Unidos: los economistas Milton Friedman, Paul Samuelson y Jefri Sachs.
  • En América Latina: el periodista Carlos Rangel, el economista Luis Pazos.

EL NEOLIBERALISMO COMO IDEOLOGÍA

El modo más sutil que puede arbitrar una ideología para imponerse y perdurar es proclamar la muerte de las ideologías y mostrarse bajo otro semblante, por ejemplo, la ciencia. Es lo que sucedió por casi un siglo con el positivismo. La ciencia positiva hace las veces de la política, la filosofía y la teología, y siempre como evidencia apodíctica y sagrada. Y así, disentir razonablemente de una hipótesis científica, pasa a ser un sacrilegio y una rebelión; y el que se atreve a tanto no merece el honor de una respuesta científica sino la marginación condescendiente o brutal: ha perdido la contemporaneidad y no tiene sentido dirigirle la palabra.

Eso pasa hoy con el Neoliberalismo. Es un modo de practicar la economía política que está alcanzando vigencia planetaria. Pero el que esta práctica haya logrado imponerse no significa la convalidación de sus postulados; sólo atestigua la contundencia de los medios (tanto políticos como económicos).

"Se ha demostrado que los organismos de decisión política o administrativa no obedecen al tipo de comportamiento altruista que postuló, con cierta ingenuidad, el intervencionismo económico del siglo XX".

EL NEOLIBERALISMO COMO IDEOLOGÍA POLÍTICA

El postulado principal del Neoliberalismo es que la competencia pone a funcionar hasta el tope las energías latentes en los individuos que conforman el todo social, y así la extrema movilidad que se genera, tras una etapa dolorosa de ajustes, provoca una sociedad de bienestar. Para que este postulado se realice, el Estado no puede sobreproteger al pueblo: el populismo o la planificación central mantienen al pueblo en perpetua minoridad; al atrofiarle la iniciativa y la responsabilidad lo mantienen no sólo improductivo para la sociedad sino débil y carente de valor a sus propios ojos.

"El liberalismo económico defiende el mercado como instrumento productivo: para asignar los recursos escasos de la sociedad a sus usos o empleos alternativos a través de los precios libre, porque se respeta de ésta manera las prioridades de la gente en esas asignaciones, y no se imponen las de los elencos políticos y burocracia.

Como los precios (libres) de los productos finales son espejo en el cual los criterios de valorización de la gente se reflejan de manera directa e inmediata, el liberalismo económico defiende también en principio al mercado como instrumento distributivo del producto social; porque es menos imperfecto que los instrumentos estatales. También sus criterios de distribución reflejan - aunque indirectamente - las preferencias, valorizaciones y prioridades de la gente: los precios de los bienes y servicios finales determinan los precios de los factores - entre ellos el trabajo -; y estos a su vez determinan sus ingresos, que constituyen la vía de distribución del mercado. Los instrumentos estatales de distribución del ingreso en cambio se prestan - no siempre inevitablemente - a diferentes formas de distorsión y corrupción. Entre ellas, la de ser distribuidos o negados en función de criterios discriminatorios".

Igual que la nación tiene que salir al mercado del mundo, el pueblo debe salir también al mercado nacional pagando los servicios y el consumo en su valor real y sometiéndose todos al mercado de trabajo. Tampoco el Estado puede sobreprotegerse a sí mismo y entrar en el mercado como si fuera una corporación privada. El Estado es público; su función sería crear condiciones para que funcione el mercado y velar porque no se alteren. Su finalidad es velar por el bien común, no realizarlo. Ese bien lo realizan los ciudadanos a través de las organizaciones económicas en la concurrencia del mercado.

EL NEOLIBERALISMO COMO PROPUESTA ECONÓMICA

El Neoliberalismo es una doctrina filosófica que tiene ramificaciones en todos los campos de las ciencias sociales. Los neoliberales se dedican a ensalzar la competencia capitalista, afirmando que el mecanismo de esta última garantiza automáticamente las mejores condiciones para la evolución de las fuerzas productivas.

"Una peculiaridad del Neoliberalismo es que combina la exaltación de la libre competencia y de la restauración automática del equilibrio con el reconocimiento de la necesidad de la intromisión del Estado en la economía. Lo peculiar de esta argumentación reside en que la defensa de la intervención del Estado en la economía se presenta como una lucha por la libre competencia".

La argumentación del Neoliberalismo es que la libre competencia es el estado ideal de la economía, pero no siempre puede ponerse en vigor, porque los monopolios la contrarrestan. Esta reacción puede ser superada y la libre competencia puede ser restablecida tan sólo aplicando una serie de medidas de política económica.

La teoría de los neoliberales se basa, en forma enmascarada, en la idea del papel decisivo del Estado en la economía, es decir, el rol del Estado debe ser el de promover la libre competencia.

CARACTERÍSTICAS DEL NEOLIBERALISMO ECONÓMICO

Según el escritor venezolano Fernando Salas Falcón:

  • Defienden un mercado altamente competitivo.
  • Aceptan la intervención del Estado en la economía, como arbitro o promovedor de la libre competencia.
  • Se oponen al acaparamiento y a la especulación.
  • Se oponen a la formación de monopolios y oligopolios
  • Se oponen a la fijación compulsiva de salarios por el Estado.
  • Rechazan la regulación de precios por el Estado, ya que deben fijarse en base a la relación oferta/demanda.
  • Se oponen a la creación compulsiva de empleo.
  • Se oponen al gasto público burocrático.
  • Defienden el libre comercio internaciol.
  • Defienden la libertad de contratación del trabajo y la libre movilidad de los factores de producción.

EL NEOLIBERALISMO COMO PROPUESTA ANTROPOLÓGICA

Detrás del objetivo de la sociedad de bienestar hay una propuesta antropológica que está siendo internalizada en los ambientes ganados por el Neoliberalismo. En términos éticos suena así: "lo moralmente bueno, lo que debe procurarse como bien para sí mismo y para la sociedad es producir (aumentar la productividad, cualificarse, rendir al máximo de las posibilidades), consumir (comprar las marcas más prestigiosas, exigir calidad, acceder según las preferencias a lo que se propone como deseable) y exigir los propios derechos Lo demás debe dejarse a los que gerencian la sociedad (el Estado, los Medios de Comunicación Social...). Es completamente disfuncional para la sociedad y desestabiliza y frustra a la persona el que se preocupe del todo social, de la suerte de los pobres. En todo caso, si a alguien le inquieta esto, que se deje de elucubrar o pretender; que deje, pues, lo que se llama política, y que se meta pues a cualquier asociación benéfica, privada, por supuesto: se sentirá bien, empleará su tiempo libre y no causará problemas a su relación con el todo social ni a la sociedad como todo".

En este esquema nada convoca personalmente a los ciudadanos; estos no son llamados como cuerpo social a nada que los trascienda. En rigor la sociedad no existe como campo posibilitante de las preferencias de cada cual. La idea de la humanidad como cuerpo social que se propone fines carece totalmente de sentido. "De ahí el refugio en la familia como pequeña tribu o el resurgimiento de lo étnico, la tribu grande, como restos de sentido o lugares de reunión". Pero este cultivo en las raíces, sin proyección trascendente, amenaza con convertirse en un egoísmo colectivo.

LO QUE ENCUBRE EL NEOLIBERALISMO

Se tildó al Neoliberalismo de ideológico, porque encubría lo que es: economía política. Proclamar el fin de la política es su modo de hacer política. Con esta consigna han conseguido convencer a los políticos y tomar los Estados, y con ella someten al pueblo al convencerle del carácter inexorable de sus propuestas. El Neoliberalismo ha sido tremendamente exitoso como proyecto político. Y la consecuencia de tomar el Estado no ha sido disminuirlo, por el contrario, lo han empleado a fondo para cambiar las estructuras, resistiendo tremendas presiones.

Y ni en el aspecto económico lo han disminuido; han retirado los recursos de la subvención de servicios para canalizarlos al capital financiero, a la reconversión industrial y al mantenimiento del sistema. Tampoco se ha abandonado el proteccionismo: la compra de importantes empresas o más aun de grupos enteros por parte de transnacionales extranjeras es en los países centrales una decisión política, en el sentido estricto de que está en manos del Estado, en tanto para nuestros países se predica la apertura irrestricta, la completa transnacionalización.

            

La revolución mexicana.

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:21
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Entre 1910 y 1920 México fue sacudido por una serie de luchas y revueltas conocidas como revolución mexicana, que intentaron transformar el sistema político y social creado por Porfirio Díaz. La revolución mexicana, que contribuyó a formar el México contemporáneo, no tuvo un carácter homogéneo, sino que consistió en una serie de revoluciones y conflictos internos, protagonizados por distintos jefes políticos y militares que se fueron sucediendo en el gobierno de la nación. En sus orígenes, las primeras tentativas revolucionarias, inspiradas por Francisco I. Madero, pretendían el derrocamiento de Porfirio Díaz, que se había mantenido en el poder durante más de treinta años. Tras el triunfo de los maderistas, la necesaria reconstrucción del país se vio dificultada por las disputas entre las propias facciones revolucionarias.

Después del asesinato de Madero, hubo nuevas luchas en las que triunfó Venustiano Carranza, quien promulgó la constitución de 1917, paso decisivo para la organización del estado posrevolucionario. No obstante, los sectores más radicales de la revolución mantuvieron la lucha hasta 1920.

           La revolución maderista   La revolución mexicana nació en un panorama de insatisfacción contra la política elitista y oligárquica de Porfirio Díaz, que había favorecido a los estamentos más privilegiados, sobre todo a los terratenientes y a los grandes capitalistas industriales. Si bien el país gozaba de prosperidad económica, las continuas reelecciones de Díaz causaban insatisfacción política entre las nacientes clases medias, en tanto que los beneficios de la prosperidad no habían alcanzado a los grupos más pobres de la sociedad.

  Madero, un rico terrateniente del norte del país, propuso una fórmula de compromiso político según la cual Díaz mantendría la presidencia y aquél, desde la vicepresidencia, iniciaría un proceso de reforma. Tras el rechazo de Díaz a la propuesta, Madero fue postulado candidato a la presidencia para las elecciones de 1910 por el Partido Antirreeleccionista, que incluía a intelectuales como Filomeno Mata y José Vasconcelos.

Díaz hizo detener a su oponente y se declaró vencedor en las fraudulentas elecciones de junio, pero Madero logró escapar de la prisión y publicó en la localidad texana de San Antonio su célebre plan de San Luis Potosí, en el que denunciaba el fraude electoral e incitaba a la población a que se uniera a una sublevación el 20 de noviembre. Escasos fueron los levantamientos en la fecha señalada, pero el llamamiento contribuyó a alentar la sublevación posterior en diversos puntos de México. En el norte, en Chihuahua, Pascual Orozco y Francisco (Pancho) Villa, con unas tropas improvisadas, empezaron a asaltar las guarniciones gubernamentales; y en el sur, en Morelos, Emiliano Zapata llevó a cabo una sangrienta campaña contra los caciques locales.

  Otros focos revolucionarios destacados fueron Sonora, con José María Maytorena, y Zacatecas.

  Poco a poco se fue hundiendo el régimen de Díaz, cuyo ejército, dirigido por envejecidos militares, no supo hacer frente a las guerrillas revolucionarias. En la primavera de 1911, tras la caída de Ciudad Juárez, Díaz se vio obligado a renunciar y entregar el poder a Madero.

           Presidencia de Madero   Después de un breve gobierno provisional, Madero fue electo presidente en octubre de 1911. Inicialmente su régimen fue acogido con entusiasmo por el pueblo, pero pronto se vio enfrentado al descontento de los campesinos, que reclamaban una reforma agraria, y al de los hacendados, que deseaban sofocar el radicalismo de los seguidores de Zapata. En noviembre de 1911, éste se rebeló contra Madero en Morelos a causa del retraso en la restitución de las tierras a las comunidades indígenas, punto que se había acordado en el plan de San Luis. Asimismo, Orozco optó en Chihuahua por la lucha armada ante la resistencia a poner en marcha la reforma agraria y nacionalizar el ferrocarril.

  Por otro lado, los sectores fieles al derrocado sistema porfirista, y los Estados Unidos, que veían peligrar sus intereses comerciales y petrolíferos, también contribuyeron a desestabilizar el gobierno maderista.

  Las tensiones llegaron al límite cuando estalló la revuelta de Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, que se enfrentó con las tropas federales del general Victoriano Huerta en la misma ciudad de México. El 18 de febrero de 1913, después de nueve días de bombardeos, conocidos como "la decena trágica", Huerta y Díaz se entrevistaron con el embajador estadounidense Henry Lane Wilson, y los tres concretaron un pacto contra Madero. Huerta asumió la presidencia de México y detuvo a Madero, que fue asesinado a los pocos días.

        El gobierno de Victoriano Huerta   Las primeras medidas del nuevo presidente, tales como la prohibición de la libertad de prensa, la eliminación de destacados revolucionarios y la persecución de los movimientos obreros, contaron con el apoyo de los sectores más conservadores. Sin embargo, la oposición se organizó y pronto estalló una nueva insurrección en diferentes puntos.

  En el norte, en los estados de Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Tamaulipas, se sublevaron Venustiano Carranza y Pancho Villa; y en el sur, en Morelos, Zapata volvía a erigirse en líder de la revuelta. La alianza entre ambas facciones, tras el acuerdo de Guadalupe, y el apoyo del presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson a la causa revolucionaria, con el envío de tropas a Veracruz, llevaron a Huerta a exiliarse en julio de 1914.

           Luchas revolucionarias   La designación de Carranza como nuevo presidente el 20 de agosto de 1914, en contra de las ideas de Villa, desató una nueva época de anarquía y luchas entre los distintos bandos revolucionarios. En el sur operaba el movimiento insurreccionista de Zapata, de carácter campesino y centrado en Morelos, que pedía la restitución de las tierras y la expropiación de los latifundios. Se trataba de una facción unida y coherente, pero con pocas posibilidades de triunfar debido a la limitación de sus planteamientos sociales, centrados en el problema agrario, y a la incapacidad de su ejército para extender la revolución por todo el país. Por su parte, Villa, en Chihuahua, defendía también las reivindicaciones campesinas y contaba con el apoyo de un amplio sector popular.

  El denominado "ejército constitucionalista" de Carranza era mucho más profesional y contaba con el respaldo, no de los campesinos, sino de los obreros, los mineros y los intelectuales.

  En la convención de Aguascalientes intervinieron representantes carrancistas, zapatistas y villistas y comparecieron Álvaro Obregón, aliado de Carranza, y Villa. En ella se intentó conciliar las facciones en lucha, pero resultó un rotundo fracaso. Se puso de manifiesto la rivalidad existente entre Villa y Carranza, y tan solo se pudo llegar a la designación de Eulalio Gutiérrez como presidente interino de la nación.

  Villa solicitó la ayuda de Zapata y ambos se enfrentaron a las tropas de Obregón y Carranza, que tenían el apoyo de los Estados Unidos. Los primeros fueron derrotados en 1915 en la batalla de Celaya y decidieron retirarse a sus respectivos estados. Zapata regresó a Morelos y allí fue asesinado en 1919 en una emboscada. Por su parte, Villa reorganizó su ejército en Chihuahua y, aunque fue vencido en Agua Prieta, aún pudo mantener una guerrilla, con la que realizó varias incursiones contra los Estados Unidos (a los que acusaba de apoyar a Carranza). La actitud belicosa de Villa obligó a los estadounidenses a enviar al general John J. Pershing en su persecución.

        El gobierno de Venustiano Carranza   Al acceder de nuevo a la presidencia, en 1915, Carranza se dedicó a reorganizar el país, mientras las tropas de Obregón batían los focos de rebelión. Una de sus más importantes labores fue promover la elaboración de la llamada constitución de Querétaro, promulgada en 1917, que confería amplios poderes al presidente, daba al gobierno derechos para confiscar las tierras de los latifundistas, introducía medidas laborales referidas a salarios y duración de jornadas, y se mostraba decididamente anticlerical.

  Además, Carranza fue eliminando paulatinamente a sus anteriores enemigos. No obstante, en 1920, su decisión de dispersar una huelga del sector ferroviario en el estado de Sonora significó el hundimiento de su prestigio personal. Abandonado por sus seguidores, incluido Obregón, quedó solo en el poder; después de que Obregón lo hizo escapar de la ciudad de México, fue asesinado en su huida el 21 de mayo de 1920.

  Tras la muerte de Carranza, Adolfo de la Huerta asumió la presidencia interina hasta que Obregón fue elegido en las elecciones de noviembre de ese mismo año.

Para muchos historiadores, la fecha de 1920 marcó la finalización de la revolución mexicana. Sin embargo, las revueltas militares y las situaciones de violencia esporádica prosiguieron hasta 1934, cuando llegó a la presidencia Lázaro Cárdenas, quien institucionalizó las reformas que se habían iniciado en el proceso revolucionario y que se legitimizaron con la constitución de 1917.

           

La globalización

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:19
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La globalización es una teoría entre cuyos fines se encuentra la interpretación de los eventos que actualmente tienen lugar en los campos del desarrollo, la economía mundial, los escenarios sociales y las influencias culturales y políticas. La globalización es un conjunto de propuestas teóricas que subrayan especialmente dos grandes tendencias: (a) los sistemas de comunicación mundial; y (b) las condiciones económicas, especialmente aquellas relacionadas con la mobilidad de los recursos financieros y comerciales.

A través del proceso de globalización, uno de los supuestos esenciales es que cada vez más naciones están dependiendo de condiciones integradas de comunicación, el sistema financiero internacional y de comercio. Por lo tanto, se tiende a generar un escenario de mayor intercomunicación entre los centros de poder mundial y sus transacciones comerciales (Sunkel: 1995; Carlsson: 1995; Scholte 1995). Efectos e influencias derivados de los "aspectos integradores" pueden ser estudiados desde dos perspectivas principales: (a) el nivel externo de los países, o nivel sistémico; y (b) el nivel de las condiciones internas de los países, o aproximación subsistémica. En este último caso, las unidades de análisis serían aquellas que corresponden con las variables de crecimiento y desarrollo económico, así como indicadores sociales.

Respecto a los procesos de globalización que están teniendo lugar en la actualidad, en la esfera económica, existen dos aspectos medulares relacionados con el área de la política económica internacional: (a) la estructura del sistema económico mundial, y (b) cómo esta estructura ha cambiado. Estos temas pueden ser abordados a partir de la teoría de la globalización tomando en cuenta los conceptos del desarrollo. Los fundamentos de la globalización señalan que la estructura mundial y sus interrelaciones son elementos claves para comprender los cambios que ocurren a nivel social, político, de división de la producción y de particulares condiciones nacionales y regionales.

La premisa fundamental de la globalización es que existe un mayor grado de integración dentro y entre las sociedades, el cual juega un papel de primer orden en los cambios económicos y sociales que están teniendo lugar. Este fundamento es ampliamente aceptado. Sin embargo, en lo que se tiene menos consenso es respecto a los mecanismos y principios que rigen esos cambios.

Las teorías económicas neoclásicas acentúan la preeminencia de las ventajas comparativas (Klein, Pauly y Voisin 1985), los métodos propios de las relaciones internacionales resaltan las variables geopolíticas (Keohane 1993, y Thompson 1991), mientras que las perspectivas desde la teoría de los sistemas mundiales subrayan los intercambios desiguales (Amin 1989; Frank 1979; Wallerstein 1991). Estas aproximaciones ofrecen contrastes en las interpretaciones del cambio a nivel mundial.

De manera más particular, las principales áreas de disputa en términos de la teoría de la globalización tienen relación con: (a) el hecho de que los países pueden tener más de tres áreas de colocación en el sistema mundial: centro, semiperiferie y periferie (Schott 1986); (b) las características de posición de varios países en cuanto a compartir un mismo patrón de relaciones pueden estar relacionadas con la formación de "camarillas" o grupos de fuerte o estrecha relación entre ellos y débil agrupación con el resto, ocurriendo esta situación especialmente a niveles regionales (Snyder 1989); (c) Aún dentro de una misma posición de países, por ejemplo dentro de la periferie, se pueden detectar variaciones significativas entre las naciones, tales como tamaño de las economías, demanda efectiva interna, estructura de exportación, y niveles de crecimiento y desarrollo económico (Smith 1992); y (d) existe fuerte evidencia de que los patrones de concentración económica entre naciones, especialmente en los campos del comercio internacional y de las finanzas mundiales; estos rasgos estarían asociados a los niveles de desarrollo que son abordados con insistencia por autores de la corriente teórica del neoestructuralismo en el desarrollo (Cardoso 1992).

El términos generales la globalización tiene dos significados principales:

Como un fenómeno, implica que existe cada vez más un mayor grado de interdependencia entre las diferentes regiones y países del mundo, en particular en las áreas de relaciones comerciales, financieras y de comunicación;

Como una teoría del desarrollo, uno de sus postulados esenciales es que un mayor nivel de integración está teniendo lugar entre las diferentes regiones del mundo, y que ese nivel de integración está afectando las condiciones sociales y económicas de los países.

Los niveles de mayor integración que son mencionados por la globalización tienen mayor evidencia en las relaciones comerciales, de flujos financieros, de turismo y de comunicaciones. En este sentido, la aproximación teórica de la globalización toma elementos abordados por las teorías de los sistemas mundiales. No obstante, una de las características particulares de la globalización, es su énfasis en los elementos de comunicación y aspectos culturales.

Además de las relaciones tecnológicas, financieras y políticas, los académicos de la globalización argumentan que importantes y elementos nunca antes vistos de comunicación económica están teniendo lugar entre naciones. Esto se pone de manifiesto preferentemente mediante novedosos procesos tecnológicos que permiten la interacción de instituciones, gobiernos, entidades y personas alrededor del mundo.

Los principales aspectos de la globalización son resumidos en los puntos siguientes:

Los sistemas de comunicaciones globales están teniendo una crecimiente importancia en la actualidad; es por medio de estos procesos que las naciones, grupos sociales y personas están interactuando de manera más fluida tanto dentro como entre naciones;

Aún cuando los sistemas más avanzados de comunicación están operando preferentemente entre las naciones más desarrolladas, estos mecanismos también están haciendo sentir sus efectos en las naciones menos avanzadas. Esta situación puede permitir la interacción de grupos a partir de las naciones más pobres en su comunicación con otros centros más desarrollados de manera más fácil. En esto cobraría sentido hasta cierto punto el pregonado principio de la aldea global en cuanto a las comunicaciones y las transacciones comerciales y financieras;

Respecto a las actividades económicas, los nuevos avances tecnológicos en las comunicaciones están llegando a ser cada vez más accesibles a pequeñas y medianas empresas locales. Esta situación está creando un nuevo escenario para las transacciones económicas, la utilización de los recursos productivos, de equipo, intercambio de productos y la presencia de los "mecanismos monetarios virtuales". Desde una perspectiva cultural, los nuevos productos para la comunicación están desarrollando un patrón de intercambio e interconexión mundiales;

El concepto de minorías dentro de los diferentes países está siendo afectado por los patrones de comunicación. A pesar de que las minorías pueden no estar completamente integradas dentro de los nuevos circuitos de comunicación, reciben la influencias incluyendo el hecho de que los sectores de mayor poder económico y político si se están integrando en la nueva esfera de interconexión. En última instancia continua el factor de que son las élites de negocios y políticas las que determinan las decisiones políticas dentro de los estados-nación;

Elementos de índole económica y social que se hayan bajo la influencia de las condiciones actuales del fenómeno de la globalización ofrecen circunstancias dentro de las cuales se desarrollan las condiciones sociales dentro de los países.

Con base en los principales aspectos que incluye la teoría de la globalización, los principales supuestos de esta teoría se resumen en los siguientes. Primero, factores económicos y culturales están afectando cada aspecto de la vida social de una manera cada vez más integrada. Segundo, en las condiciones actuales y respecto a los estudios específicos de particulares esferas de acción -por ejemplo comercio, finanzas o comunicaciones- la unidad de análisis basada estrictamente en el concepto de estado-nación tiende a perder vigencia. . En particular las comunicaciones están haciendo que esta categoría no posea como antes, una preponderancia causal en muchos aspectos del comportamiento a nivel de naciones.

Uno de los elementos claves de la globalización es su énfasis en el estudio de la creciente integración que ocurre especialmente entre las naciones más desarrolladas. Esta integración afecta especialmente las áreas de comercio, finanzas, tecnología, comunicaciones y coordinación macroeconómica (DeMar 1992; Carlsson 1995). A nivel subsistémico, es decir dentro de las sociedades de los países, se observa un fenómeno de integración social, pero también de creciente discriminación y marginalidad económica en varios sectores (Sunkel 1995; Paul 1996; Scholte 1996).

Durante los últimos años, el término globalización ha sido utilizado preferentemente en relación con la revolución tecnológica en el área de comunicaciones y la creación del cyberespacio. Sin embargo, uno de los principales argumentos ya substanciales con las condiciones actuales de la economía y los flujos informativos, que incluso formulaba el concepto de la "globalización de los mercados" en sus formas actuales, puede ser encontrado en un artículo de 1983 firmado por Theodore Levitt en el Harvard Business Review.

El aspecto funcionalista de la globalización es el que distingue esta teoría del concepto de la internacionalización económica. De conformidad con Peter Kickens, la globalización contiene procesos que son cualitativamente distintos de la internacionalización. En ellos se involucra no solamente la extensión geográfica de las actividades económicas, procesos de internacionalización, sino también y más importante, la integración funcional de actividades que antes se encontraban dispersas. Esto último siendo el rasgo peculiar de la globalización dentro de las innovaciones tecnológicas más recientes. El actual proceso de globalización redunda, por ello, en la formación de unidades funcionales a nivel planetario.

Además de la globalización, las otras teorías que tienen un papel central en los estudios del desarrollo son: (i) modernización; (ii) de sistemas mundiales; y (iii) de la dependencia. Desde una óptica más comparativa, la teoría de la globalización coincide en ciertos aspectos con la teoría de la modernización. Uno de esos aspectos es que ambos enfoques establecen que la "dirección orientativa" del desarrollo son las condiciones propias de Europa Occidental y de Estados Unidos. Se enfatiza el hecho de que los avances tecnológicos y los patrones de acumulación que se establecen en esos polos de desarrollo son los instrumentos para alcanzar mejores niveles de vida.

No obstante, la perspectiva de la modernización difiere de la globalización en varios aspectos, incluyendo el que se refiere a que la modernización sigue una exposición más normativa - el desarrollo debiera ser un seguimiento de la "ruta" de los países más desarrollados. Indica cómo el desarrollo debiera ser. La globalización por su parte contiene un caracter más descriptivo e interpretativo con base en una aproximación más "positiva" de los fenómenos que se hacen evidentes.

En cuanto a que la globalización enfatiza que los aspectos económicos y culturales determinan los procesos sociales, esta teoría ofrece rasgos similares a los de la "sociología comprehensiva" de Max Weber. Desde esta óptica, el sistema de valores, creencias y los patrones de identidades son aspectos claves para entender la dinámica social. Ya sea que esos caracteres se refieran a los grupos dominantes o a grupos subalternos dentro del contexto social. Para la globalización, los planteamientos weberianos de los años veinte deben ser adaptados a las actuales condiciones de principios del siglo XXI tomando en cuenta la difusión de ideas, valores culturales y la influencia en general de los medios de comunicación en las sociedades.

Las anteriores consideraciones dan base para afirmar que la teoría de la globalización y la teoría de los sistemas mundiales toman como unidad fundamental de análisis lo global, más que la categoría de estado-nación, la cual es más utilizada en los estudios de modernización y de dependencia. El sentido contrastante entre la globalización y la teoría de los sistemas mundiales se refiere, no obstante, a que esta última contiene adaptaciones de principios de materialismo dialéctico e histórico, mientras que la globalización acentúa sus fundamentos más bien estructurales y funcionalistas. De allí que los globalistas consideren formas de transformación más tendientes a las secuencias graduales de sucesos, que a saltos revolucionarios de intensa y rápida transformación. Para la globalización el reto de las sociedades es adaptarse secuencialmente a las innovaciones que plantean los nuevos escenarios con sus cambios en las esferas de comunicación y la economía.

La teoría de la globalización, la de los sistemas mundiales y hasta cierto punto la teoría de la dependencia toman en cuenta los cambios que más acentuadamente han ocurrido en la esfera económica. Por ejemplo: (a) en marzo de 1973, los gobiernos de las naciones más desarrolladas principiaron a operar con tasas de intercambio flexibles en sus mercados monetarios, lo que limitó la permanencia de políticas de tasas fijas para el valor de las monedas; esta condición impactó con drasticidad en el movimiento de inversiones, de capitales especulativos y de colocación de recursos en bonos y en bolsas de valores; (b) especialmente desde 1976 las transacciones comerciales han reforzado su caracter especulativo en los valores a futuro, lo que se ha visto más favorecido con la implementación de innovaciones tecnológicas en el campo de la informática, computadores y comunicaciones en general; (c) la revolución de las computadoras personales de los ochentas contribuyó a un más fluido movimiento de capitales, situación que también contó con el apoyo del fax en esa década; (d) durante los noventas la principal característica ha sido la promoción y acceso a los servicios de internet lo que ha dado un caracter de mayor rapidez y flexibilidad a las intercomunicaciones. Es internet quien ha creado mayormente en los últimos años el escenario para una "economía virtual", afectando significativamente con ello a las operaciones de mercados específicos.

En la actualidad, los principales aspectos que se encuentran en estudio dentro de la corriente teórica de la globalización se refieren a: (a) nuevos conceptos, definiciones y evidencias empíricas relacionadas con las variables culturales y como las mismas afectan los cambios nacionales y regionales; (b) procesos específicos en los cuales se concretan los mecanismos de una "sociología comprehensiva" dentro de las condiciones de la "aldea global"; (c) integración a diferentes niveles de poder tanto dentro como entre naciones y en términos comparativos con las diferentes modalidades de integración/marginación que ocurren a nivel mundial; (d) formas dinámicas mediante las cuales los nuevos patrones de comunicación están afectando a los grupos minoritarios dentro de las sociedades; (e) conceptos relacionados con la autonomía relativa de los estados y la relación de los mismos con las sociedades civiles, y dentro de ese contexto, la eficacia de la toma de decisiones nacionales respecto al campo macroeconómico; y (f) formas en que el regionalismo y el multilateralismo están afectando los procesos de integración económica y social.

            

 

Práctica Peña de Bernal

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:08
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Fundado en el año de 1861 por Don Julián Velázquez Feregrino, quien murió en 1882 a los 72 años de edad y está enterrado en la "Iglesia Chiquita" que el mismo empezó a construir en la comunidad, Ezequiel Montes alcanza la categoría de Municipio en el año de 1940, integrado por dos delegaciones, Bernal y Villa Progreso, y seis subdelegaciones (Jagüey Grande, Tunas Blancas, Los Pérez, La Higuera, Las Rosas, Bondotal y Loberas El Ciervo).

    El nombre original del pueblo fue "Corral Blanco"  ya que donde ahora está el parque central  se encontraba un corral de piedra de tepetate, aunque el verdadero nombre era el de San Nicolasito, por la cofradía ala cual pertenecía. A diez metros de éste el fundador erigió su primer casa en 1861, en la esquina que hoy es Juárez y B. Domínguez frente al parque central.

    Se llevó a cabo entrando en vigor la Ley de Desamortización de los bienes eclesiásticos. Siendo Gobernador en 1861 el Gral. Pedro M. Río Seco, del 1º de Julio al 15 de agosto de ese mismo año, así como también el Sr. José Ma. Arteaga,  quien fue gobernado en lapsos de tiempo pequeños durante esa misma época.

Por esa fecha el Sr. Julián Velázquez Feregrino  hijo del Sr. Julián Velázquez (español) y de la Sra. Vicenta Feregrino de origen austriaco, hizo la adquisición del predio que era propiedad de la Cofradía de San Nicolás Tolentino, que en aquel entonces pertenecía a la subprefectura de Los Pérez, que a su vez pertenecía a la prefectura de Cadereyta; por la cantidad de $700.00 Setecientos pesos.

En 1880 se inició la construcción de la primera iglesia (Iglesia Chiquita), en 1914 la construcción del Panteón; en 1920 los Srs. Luis Ocampo y Roberto Nieto propusieron al Congreso del estado cambiar al nombre de Corral Blanco a Ezequiel Montes en honor del ilustre abogado liberal que naciera en Cadereyta de Montes, Qro. en 1820.  Cuando cambió de nombre se elevó al rango urbano de villa y a la categoría política de delegación, siendo el señor Gumersindo Montes Zarazúa su primer delegado municipal. La Escuela Primaria  fue inaugurada en el año de 1923 por el entonces Gobernador constitucional del Estado, el Gral. Joaquín de la Peña. En 1925 el Sr. Don Manuel Mancebo del Castillo instaló una planta de Luz y un molino, en ese mismo año el delegado municipal Tomás Montes, empezó a construir el jardín afuera de la Iglesia Chiquita. En 1936 por influencia del senador Severiano Montes se ordenó que fueran alineando  las calles, haciendo banquetas y empezando a empedrarlas, esto creó malestares ya que para lograrlo había que tirar  casas que no tenían orden alguno.

En el año de 1941, por acuerdo del Congreso del estado y siendo Gobernador  Constitucional del Estado el Sr. Noradino Rubio, se elevó a la categoría de municipio libre a Ezequiel Montes, siendo su primer presidente municipal el Sr. Prócoro Montes Dorantes. Sus delegaciones fueron Bernal y Villa Progreso y sus subdelegaciones fueron: Jagüey Grande, Tunas Blancas, Los Pérez, El Ciervo, Las Rosas, Bandotal, Los Ramírez, Charcos y La Higuera.

En 1948 se introdujo el agua potable  por la Comisión México Americana; en 1958 la Comisión Federal de Electricidad Instaló la Luz Eléctrica, siendo Presidente de la República Don Adolfo Ruiz Cortines y Gobernador del estado El Coronel Octavio S. Mondragón y presidente Municipal el Sr. Ezequiel Velázquez Vega. En la visita que hiciera el Presidente de la República Lic. Adolfo López Mateos en 1959,  se le solicitó la construcción del Parque Central que ahora lleva su nombre y, así en 1961, cien años después de la fundación del pueblo, se inauguró siendo Gobernador del estado el Sr. Lic. Juan C. Gorráez y Presidente Municipal el Sr. Ezequiel Velázquez Vega. En 1967 se construyó la primera escuela secundaria. Ahora se cuenta también con escuela preparatoria.

    Se encuentra ubicado al noroeste del estado, a 59 km. de la capital queretana. Por la autopista (51) Qruerétaro-Mexico. a la altura del km. 17 tomar la desviación a Cadereyta, seguir derecho hasta Bernal. Su clima es semiseco templado, con una temperatura media anual de 16C y altura de 1,970 m.s.n.m.

  Vista del Poblado de Bernal     El mayor atractivo de Ezequiel Montes que es su peña, se localiza en Bernal. Pero cuenta también con otros sitios dignes de mencionarse, como la presa Paso de Tablas en la localidad de la Higuera, donde pueden realizarse divertidos paseos en lancha, practicar la pesca deportiva y, en sus alrededores, se puede acampar, tomar el sol o simplemente descansar del ajetreo citadino. Un paisaje para admirarse y disfrutar es el que nos ofrece la cascada Cola de Caballo, en la comunidad de Las Rosas, que tiene una bonita zona arbolada tambien muy adecuada para acampar.
   Bernal, perteneciente a este municipio, es una pequeña y pintoresca población donde se localiza la "Peña de Bernal'.

   Recorrer sus angostas callecitas, comprando en alguna de las varias tiendas de artesanías del lugar y después descansar en una de las bancas de su Plaza Principal, es todo un deleite.

 
   Este monolito, conocido como la Peña de Bernal esta considerado el tercero más grande en el mundo. su altura es de 288 mts. es decir 2,515 m.s.n.m.

   La palabra Bernal es de origen árabe y los españoles la usaban para denominar algún peñasco grande y alargado que se encontraba aislado ya fuera en un llano o en el mar. Así mismo, en lenguaje otomí: Ma'hando, en chichimeca: De'hendo, tiene el mismo significado: "En medio de dos".

   Antes de la llegada de los españoles, habitaron en las faldas de la peña algunos chichimecas, quienes consideraban este lugar como sagrado. En 1642 un grupo de 26 familias españolas tomaron posesión del territorio que hoy ocupa Bernal. Posteriormente fué enviada una guarnición de soldados, cuya misión era la de defender la Congregación de Nuestra Señora de la Concepción Bernal (nombre que recibió el grupo de familias en los inicios de la fundación), de los ataques de los indígenas chichimecas, quienes eran considerados como bárbaros por los habitantes del poblado.
 

 
   Esta pintoresca población cuyo desarrollo económico, político y social en la época virreinal se debió a la explotación minera, es ahora un área eminentemente turística ya que además de ofrecer su extensa variedad de artesanías, se encuentra enmarcada por una enorme peña, que resulta de gran atractivo para miles de personas que acuden todos los años a escalarla.
   En Bernal y en Villa Progreso existen hermosos templos que no pueden dejar de visitarse. En Bernal está el Temple de San Sebastián, que data del siglo XIX; la Capilla de Animas y la Capilla de la Santa Cruz, construidas a finales del siglo XVIII, en cada una de ellas se celebra a su patrono con rumbosa fiesta anual. En Villa Progreso se encuentra la iglesia de San Miguel Arcángel, del siglo XVIII, en la que destaca su altar principal de inconfundible estilo barroco.

FIESTAS Y FERIAS

Feria Anual                          Enero (varios días, de duración)          Cabecera Municipal
Equinoccio de Primavera    Marzo 21                                               Peña de Bernal
La Santa Cruz                      Mayo 3                                                  Bernal
Feria de San Miguel            Septiembre (varios días, de duración)  Villa Progreso
Fiestas de Navidad              Diciembre                     Cabecera Municipal y varias comunidades

ARTESANÍAS:
Existe toda una variedad de artículos hechos en lana, como tapetes, cojines, chamarras y cobertores; así como bonitas y coloridas piezas de barro.

Otros productos:
Dulces de leche, de cacahuate y de biznaga, quesos, curado de pulque, etc.

También se han desarrollado artículos para usar en la construcción como la calhidra.



 

Práctica de Tequisquiapan

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:05
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Tequisquiapan se encuentra al sureste del Estado de Querétaro, a dos horas del Distrito Federal por la autopista 57, a 20 minutos de San Juan del Río y a 40 de la capital queretana y es el centro geográfico de la República

A una altura de 1,880 m.s.n.m. una extensión territorial de 343.6 km2, su clima es templado con temperatura media anual de 1 7.4 C.

La región que ocupa el municipio de Tequisquiapan, estuvo habitada por chichimecas. Los primeros españoles llegaron en 1551 y fundaron la llamada Santa María de la Asunción y de las Aguas Calientes.

En 1656 su nombre fue modificado por el de Tequisquiapan, palabra náhuatl que significa "lugar de agua y  tequesquite". En 1861, por Decreto se eleva a la categoría de Villa y en 1939 se crea en forma definitiva el municipio de Tequisquiapan.

Esta es una población que conserva su imagen virreinal con sus angostas calles y plazuelas llenas de flores. Su agradable clima, permite realizar las más diversas actividades al aire libre, como tomar el sol junto a la alberca, acampar o hacer gratos paseos a caballo en los alrededores.

Centro Geográfico del País

Cuenta con numerosos balnearios, hoteles y restaurantes para diferentes presupuestos y es la segunda ciudad del Estado en importancia turística. En Tequisquiapan la diversión está en todas partes y a todas horas.

 
ARTESANÍA

La artesanía es otro de sus atractivos. Los trabajos de cestería son muy variados así como las labores hechas en lana de bello colorido. En algunas zonas de esta región se encuentran minas de piedras semipreciosas como el ópalo, que es tallado con gran destreza.

FIESTAS Y FERIAS

Tequisquiapan conserva sus tradiciones religiosas y populares. Una de las más importantes es la Feria del Queso y el Vino, que se realiza entre los meses de mayo y junio, donde numerosos participantes exponen y comercializan sus productos; además de realizarse charreadas, teatro al aire libre, conferencias, exposiciones y conciertos.

Feria del Queso y el Vino

- Del 27 al 30 Marzo                     Celebración de Semana Santa
- Jueves 11 de Junio                      Convenio de Intercambio Cultural Circuito Zona
     a las 18:00 Hrs.                        Centro-Occidente
                                                        Grupo cantores del Estado de Colima
                                                        En la Plaza Principal
- Viernes 5 al 26 de Junio             Convenio de Intercambio Cultural Circuito Zona
     a las 18:00 Hrs.                        Centro-Occidente
                                                        Inauguración de la exposición
                                                        Obra: "Dos artistas del grabado del Estado de Tlaxcala"
                                                       Centro Cultura Tequisquiapan.
- Del 16 al 26 Julio                        Feria del Queso y el Vino
- 22 de Julio                                   Aniversario de la Fundación de la Ciudad.
- 15 de Agosto                                Fiesta Patronal: Sta. María de la Asunción
- 8 de Septiembre                           Natividad de María
- 16 al 22 de Diciembre                  Posadas con Carros Alegóricos

LUGARES DE INTERÉS

Plaza Cívica
Parroquia de Sta. María de la Asunción.
Este templo fue construido en 1874 con un estilo arquitectónico propio del neoclásico; sin embargo su construcción quedó incompleta terminándose a principios del presente siglo. Su fachada es de cantera rosa; en la parte superior se encuentra un reloj que data de 1897.
En el interior la decoración es sencilla, destacando el coro, el sotacoro, un bautisterio con pila monolítica y la imagen de la Patrona en el retablo principal.

Temple de Nuestro Padre Jesús
Este pequeño templo tiene una portada muy sencilla y torre de un cuerpo, su planta es de cruz latina y la bóveda de cañón.

Plaza Cívica
Es un sitio muy agradable rodeado de portales, que se encuentra en el centro de la ciudad. A un lado se localiza un acogedor jardincito que lo adornan una fuente y un kiosco construido en el siglo XIX.

Pequeño Museo.- En la antigua recepción del hotel El Relox, se encuentra un pequeño espacio museográfico denominado Museo de la Constitución, en el que se incluyen algunos cuadros y mobiliario de la época constituyente.

Parque Recreativo La Pila
Parque Recreativo La Pila.- Este parque se encuentra en el que fuera un antiguo molino, en donde todavía se  conserva la pila que almacenaba el agua para su funcionamiento y que data de 1567; de ahí su nombre. El parque  tiene áreas verdes, alberca, pista de patinar, canchas de tenis y baloncesto, juegos recreativos, cafetería y estacionamiento.

Centro Cultural Tequisquiapan.- Inaugurado en 1991, en este Centro se presentan exposiciones temporales, conferencias y videos culturales. También se imparten clases de piano, guitarra, creación literaria, pintura, danza, ballet y serigrafía entre otros. Aquí se encuentra la Biblioteca Municipal

Museo de la Revolución

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:01
guardado en

El Monumento a la Revolución se levanta sobre la vieja estructura, construida durante el porfiriato, del edificio que originalmente iba a contener el Palacio Legislativo Federal. Esta obra, cuyo autor fue el arquitecto francés Emile Bénard, formó parte del ambicioso proyecto de transformar la vieja ciudad colonial en una metrópoli equiparable a las principales capitales europeas. El asesinato de Madero obligó a detener la construcción, que hasta ese momento consistía en un imponente esqueleto metálico, mismo que permaneció abandonado durante casi veinte años.  En 1932 se tomó la decisión de desmantelarlo; fue entonces cuando el arquitecto Carlos Obregón Santacilia tuvo la idea de convertirlo en monumento y construir en su sótano unmuseo a la Revolución. Con el apoyo del secretario de Hacienda Alberto J. Pani, la armazón  metálica fue recubierta con piedra de cantera "chiluca" y la plaza, de treinta mil metros cuadrados, con piedra recinto.
En 1936 se lanzó una convocatoria para las esculturas que debían rematar las esquinas. El jurado otorgó el primer premio al mexicano Oliverio G. Martínez. El proyecto consistía en cuatro grupos de figuras de gran formato; los modelos fueron un hijo de Obregón Santacilia, los trabajadores y las mujeres que les llevaban de comer. La obra de Martínez es una equilibrada expresión de la herencia estética prehispánica, reinterpretada desde la perspectiva del siglo XX. Las figuras, que simbolizan la independencia,a reforma, las leyes agrarias y obreras muestran una economía de líneas que trasmiten la sensación de fuerza y solidez.
El monumento, uno de los mejores ejemplos del estilo art déco, se concluyó en 1938 sin inauguración oficial, aunque ese mismo año se realizó por vez primera una ceremonia para conmemorar el inicio de la lucha revolucionaria. La idea del museo fue retomada años después por las autoridades del Departamento del Distrito Federal y se inauguró el 20 de noviembre de 1986.
El 4 de febrero de 1936 se emitió un decreto que otorgaba al monumento la función de recinto funerario y con ese fin se adaptaron criptas en las columnas. Los restos de Venustiano Carranza fueron trasladados en 1942; los de Francisco I. Madero en 1960; lo dede Plutarco Elías Calles en 1969; los de Lázaro Cárdenas han permanecido aquí desde su fallecimiento en 1970. Finalmente, los restos de Francisco Villa fueron trasladados de Parral, Chihuahua, en 1976.
El Monumento a la Revolución es ahora uno de los íconos más importante de la ciudad y, su gran plaza, un centro de reunión en el que se expresan las voces diversas no sólo de los capitalinos sino de todos los mexicanos.

-EL TRIUNFÓ DE LOS LIBERALES-

La constitución de 1857 y la guerra de Reforma

En 1854 Antonio López de Santa Anna gobernaba el país apoyado por el viejo grupo de conservadores. El caudillo se hacía llamar Alteza Serenísima, había aumentado las contribuciones a coches, caballos, puertas y ventanas; mantenía un ejército de noventa mil hombres mientras una epidemia de peste bubónica asolaba al país. La situación era insostenible y tanto su gobierno como el grupo conservador se habían desprestigiado ante la opinión pública. El primero de marzo de ese año, el coronel Florencio Villarreal lanzó un plan en el pueblo de Ayutla, Guerrero, en el que exigía el derrocamiento del dictador y urgía a la formación de un congreso que redactara una nueva constitución. El levantamiento encabezado por Juan Álvarez venció a Santa Anna que abandonó el país en agosto de 1855. Álvarez ocupó la presidencia unos cuantos meses y la cedió a Ignacio Comonfort. El nuevo gobierno convocó al Congreso Constituyente que inició sesiones en 1856. El Congreso, que incluía a liberales radicales como Melchor Ocampo, Ponciano Arriaga, José María Mata, Ignacio Ramírez y Francisco Zarco, postuló una república federal, democrática y representativa y la instauración de un sistema de garantías individuales. De igual manera se declararon libres la enseñanza, la industria y el comercio, el trabajo y la asociación. La nueva constitución fue jurada el 5 de febrero de 1857. A pesar de que el presidente Comonfort dudaba ponerla en práctica, los conservadores se levantaron en armas con el Plan de Tacubaya que exigía su derogación. Cayó el presidente y los conservadores reconocieron como jefe del ejecutivo a Félix Zuloaga; los liberales a Benito Juárez, a quien por mandato de ley como presidente de la Suprema Corte de Justicia le correspondía ejercer la presidencia. Con este episodio se inicia la denominada Guerra de Reforma o Guerra de Tres Años (1858-1860). El primer año fue de triunfos para los conservadores; los generales Miguel Miramón y Leonardo Márquez obtuvieron brillantes victorias sobre las improvisadas tropas liberales. El general Miguel María Echeagaray, que tan adicto había sido al presidente Zuloaga, se pronunció con su brigada en Ayotla con el Plan de la Navidad, formando así un tercer partido. Apoyado en este movimiento Miramón fue elevado a la presidencia de la República el 2 de febrero de 1859. Ante el empuje de los conservadores, Benito Juárez tuvo que trasladar su gobierno a Guanajuato, luego a la ciudad de Guadalajara y después al puerto de Veracruz. Mientras en el campo de batalla liberales y conservadores dirimían sus diferencias, Juárez promulgó las que serían conocidas como "Leyes de Reforma" que proclamaban la separación completa de la iglesia y el estado. La primera de ellas ordenaba la nacionalización de los bienes eclesiásticos y la extinción de las órdenes monásticas. Siguió la ley sobre la institución del registro civil, la ley sobre el matrimonio y la referente a la secularización de los cementerios y la tolerancia de cultos.

Después de un frustrado intento de tomar el puerto de Veracruz por los conservadores, la balanza empezó a inclinarse del lado de los liberales. Poco a poco fueron cayendo en su poder las ciudades de San Luis Potosí, Aguascalientes y Zacatecas; más tarde tomaron Guanajuato y controlaron todo El Bajío. Pero la batalla definitiva se dio en San Miguel Calpulalpan donde el general González Ortega al mando del ejército liberal derrotó a las tropas de Miramón. Para financiar la guerra,  Miramón confiscó 600,000 pesos depositados en la representación británica a favor de acreedores ingleses. Asimismo, en la ciudad de México se habían concedido préstamos a las autoridades conservadoras avalados por las propiedades de la iglesia. Algunos de los prestamistas eran extranjeros como Nathaniel Davidson representante de la casa Rothschild, y Estaquio Barrón, ambos habían proporcionado alrededor de un millón de pesos y el banquero suizo Jecker invirtió un millón y medio de pesos en bonos emitidos por este gobierno.

No obstante la gran cantidad de préstamos y el apoyo que la iglesia había dado a los conservadores, los liberales entraron triunfantes a la ciudad de México el 1º de enero de 1861 y días después lo hizo el presidente Juárez con su gabinete. El hecho de que los liberales tomaran la capital de la república no significó la conclusión de las hostilidades; los grupos guerrilleros conservadores operaban en vastas extensiones del país y el gobierno liberal carente de recursos era incapaz de someterlos. Esta situación determinó al presidente Juárez a suspender el pago de todas las deudas públicas, incluso las contraídas con otras naciones.

La intervención francesa y segundo imperio

Al finalizar el año de 1861 la reacción se hallaba virtualmente vencida en el terreno militar, no así sus aspiraciones de alcanzar el poder a cualquier costo. Desde 1840 un grupo de conservadores de tendencias monárquicas habían hecho intentos de encontrar en Europa un pretendiente al trono de México; con la suspención del pago de la deuda decretada por el gobierno liberal vieron la oportunidad de establecer un imperio mexicano bajo la protección de Francia.

Utilizando como pretexto la interrupción del pago de la deuda, la Gran Bretaña, España y Francia acordaron entonces la intervención militar y para finales de 1861 las tropas aliadas desembarcaron en el puerto de Veracruz. El gobierno entró en negociaciones con Inglaterra y España y consiguió mediante la firma de los tratados de la Soledad que sus ejércitos se retiraran. No así las tropas francesas dispuestas a imponer una monarquía en México. Napoleón III pretendía limitar el crecimiento inusitado de los Estados Unidos, que en ese momento se encontraba absorto en la Guerra de Secesión. La presencia de un numeroso y disciplinado ejército francés, además de los restos del ejército conservador, despertaron un auténtico sentimiento patriótico entre los mexicanos.

El general Carlos Fernando de La Trille, conde de Lorencez estaba al mando del ejército de ocupación que sorprendentemente fue derrotado en la histórica batalla de Puebla, el 5 de mayo de 1862 por las fuerzas republicanas al mando de Ignacio Zaragoza. Sin embargo, esta primera victoria pronto fue anulada por una serie de derrotas. Los franceses enviaron al general Elías Federico Forey  para encargarse de las operaciones militares y a mediados de octubre desembarcó el general Aquiles Bazaine con tropas de refuerzo. Forey fue implacable con el ejército liberal. Durante sesenta y dos días sitió la ciudad de Puebla defendida por González Ortega que hubo de rendir la plaza. Al llegar la noticia a capital de la República, Benito Juárez en unión de sus ministros y de los liberales más connotados abandonaran la ciudad con rumbo a San Luis Potosí donde esperaban establecer su gobierno.

El ejército francés hizo su entrada a la ciudad de México el 10 de junio de 1863 y Forey se apresuró a expedir un decreto para la formación de una Junta Superior de Gobierno que tenía la encomienda de formar la Asamblea de Notables. Al mes siguiente los notables habían elaborado un dictamen que ofrecía la corona imperial de México al príncipe Fernando Maximiliano, archiduque de Austria. Mientras tanto, los liberales preparaban la resistencia en el interior del país. Durante los meses de noviembre y diciembre las tropas franco-mexicanas ocuparon prácticamente sin oposición las principales ciudades del país y el presidente Juárez hubo de abandonar San Luis con rumbo a la frontera con Estados Unidos. Pero los liberales no estaban vencidos y daban la batalla al ejército invasor.

Finalmente, hacia finales de mayo de 1864 Maximiliano y su esposa la princesa Carlota Amalia, de Bélgica llegaron al país. El flamante emperador antes de abandonar Europa se había comprometido con Napoleón III, a través de los convenios de Miramar, a pagar 260 millones de francos por gastos de la intervención. Con esta deuda a cuestas y una acendrada formación liberal Maximiliano inició su aventura en México. Si los liberales mexicanos habían promulgado las controvertidas Leyes de Reforma, el emperador fue más lejos. Además de decretar la tolerancia de cultos y la nacionalización de los bienes de la iglesia; reglamentó el artículo 5º de la constitución que estipulaba la libertad de trabajo y de manera implícita prohibía la servidumbre por deudas. Asimismo, otorgó a los trabajadores el derecho a dejar su empleo a voluntad, restringió la jornada de trabajo y anuló las deudas de los peones mayores a 10 pesos. En 1865 restituyó a los pueblos indígenas el derecho de poseer tierras y proveyó ejidos a las comunidades que no las tenían. Todas estas medidas causaron gran irritación entre la iglesia y los conservadores que se sintieron traicionados. La situación se complicó más para el austríaco, cuando Napoleón III hubo de retirar sus tropas ante las amenazas de Prusia y perdió el apoyo de los conservadores y la clase propietaria. Paralelamente, el ejército republicano ganaba terreno encabezado por los generales Mariano Escobedo, Ramón Corona y Porfirio Díaz. El episodio imperial concluyó con el fusilamiento del emperador el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas.

 

La República Restaura (1867-1876)

A pesar del optimismo que reinaba en la capital con el derrumbamiento del imperio, el futuro del país no era promisorio. En el terreno político, el mayor obstáculo era la vieja querella entre el Congreso y el Poder Ejecutivo, ya que la constitución de 1857 depositaba un enorme poder en la cámara de diputados. De igual manera, había que reorganizar al ejército que en ese momento contaba con 80,000 efectivos y controlar la vieja costumbre de caciques y militares de levantarse en armas. Durante los gobiernos de Benito Juárez y su sucesor Sebastián Lerdo de Tejada (1867-1876) estas asonadas mantuvieron ocupados a los generales republicanos. También sometieron, por la vía de las armas, las rebeliones indígenas de apaches y comanches y se mantuvo controlados a los mayas de Yucatán. Además, la tan deseada paz se rompía cotidianamente porque innumerables gavillas de maleantes infestaban los caminos; las autoridades crearon cinco cuerpos de policía rural que aunque obtuvieron algunos éxitos, no lograron abatirlas.

Por si fuera poco, las relaciones diplomáticas estaban interrumpidas salvo con Estados Unidos y la situación económica no podía ser más grave El fardo de la deuda pública, que había llevado a suspender los pagos y justificado la intervención extranjera ascendía, según el historiador Luis González, a más de 450 millones de pesos. El ministro José María Iglesias logró reducirla y fijar nuevos términos de pago; la gestión fue exitosa ya que no aceptó el pago de daños y perjuicios provenientes de las autoridades imperiales, logrando una reducción de 366 millones de pesos. Sin embargo, los ingresos del gobierno federal no rebasaban los 18 millones que apenas alcanzaban para cubrir los sueldos de la burocracia y el ejército.

Para reactivar la economía, y pesar de las críticas que la medida implicaba, el presidente Juárez renovó la concesión a los ingleses para continuar con la construcción del ferrocarril que uniría a la capital de la República con el puerto de Veracruz y así impulsar el comercio internacional.

No obstante, el principal desafío residía en conciliar las aspiraciones de la clase militar que se presentaba soberbia y llena de ambiciones políticas y económicas. Dentro de ella sobresalía Porfirio Díaz, un joven e impaciente militar oriundo de Oaxaca, que en la elección presidencial de diciembre de 1867 busca alcanzar el poder ejecutivo enfrentándose al propio Juárez, que ese momento estaba en el pináculo de su carrera. Juárez gana la presidencia con un 72% de los votos.

En 1871, Juárez vuelve a contender en la lid electoral donde lucha contra su antiguo asesor Sebastián Lerdo de Tejada y el general Porfirio Díaz. Juárez refrenda su triunfo con un 47% de los votos. Díaz no puede esperar más y recurre al levantamiento, abanderando el Plan de la Noria cuyo lema era "Sufragio efectivo, no reelección". Hacia el mes de julio de 1872, el ejército federal lo había prácticamente derrotado, cuando se conoce la noticia de la muerte de Juárez. El nuevo presidente Sebastián Lerdo de Tejada declaró un amnistía a la que Díaz tuvo que acogerse. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo para volver a intentar la toma del poder. En esta ocasión con éxito. En efecto, en 1876 encabezó la revolución de Tuxtepec que lo llevaría primero al triunfo militar y luego, mediante elecciones, a la presidencia de la República. Con su arribo México inauguraba una nueva etapa de su historia.

-EL PORFIRIATO-

 

El orden

La ideología que caracterizó al régimen de Porfirio Díaz tiene su origen en la filosofía positivista de Augusto Comte que sostiene que la humanidad ha transitado por tres etapas: la teológica, la metafísica y la positiva. Para los positivistas mexicanos el país durante la época colonial fue un país religioso; con la Reforma liberal "metafísico" y con el régimen de Porfirio Díaz había llegado a la etapa "positiva" que se expresaba en el lema: orden, paz y progreso. Para consolidar el orden, Porfirio Díaz puso en práctica una política de conciliación que se advierte tanto en el gabinete que elige para su segundo periodo al frente del ejecutivo como en las negociaciones que impulsó con los viejos caciques regionales. Díaz estaba consciente de la posible ruptura de la paz política que implicaba la autonomía del ejército. La estrategia que adoptó para controlarlo consistió en una disolución gradual y selectiva de las unidades de la Guardia Nacional y en la transferencia de los milicianos al ejército profesional. Paralelamente fue implacable con los salteadores de caminos y los bandidos sociales, como Heraclio Bernal, a quienes se les aplicó la pena máxima. También fue inexorable con las revueltas indígenas cuya bandera en todos los casos era la lucha por la tierra. Los mayos y los yaquis fueron deportados a las plantaciones de henequén en Yucatán y los mayas de Yucatán fueron vencidos por el ejército federal a principios del siglo XX. y los habitantes del pueblo de Tomóchic, Chihuahua, en 1891 fueron arrasados. Sin embargo, a pesar de las múltiples y a veces serias rupturas de la paz porfiriana, la disidencia política y el descontento popular estuvieron en su mayor parte contenidos hasta antes de 1906.

Por lo que toca a las difíciles relaciones entre la iglesia y el estado, el objetivo de Díaz fue subordinarla a la autoridad política. Esto exigía un delicado equilibrio entre el mantenimiento de los principios básicos de las Leyes de Reforma y las pretensiones de la alta jerarquía católica. Díaz defendió el catolicismo como práctica privada y apoyó la vida pública secular, pero permitió que el clero recobrara fuerza. a cambio del  apoyo eclesiástico al régimen.

Una parte importante de la estrategia de consolidación del poder bajo el régimen de Díaz fue el control y la censura de la prensa. A diferencia de los gobiernos de Juárez y Lerdo en los que hubo libertad absoluta, Díaz puso en práctica una combinación de autoritarismo, conciliación, manipulación y concesión. Por ejemplo, el periódico El Diario del Hogar, editado por Filomeno Mata, uno de los periodistas de oposición más conocidos de la época, fue objeto de persecuciones y su editor encarcelado muchas veces. Para reelegirse indefinidamente desde 1884 el presidente maniobró para que el Congreso modificara la constitución que prohibía la reelección continua.

El progreso

Así como la búsqueda de la paz, el desarrollo de la economía nacional fue el otro gran objetivo de la administración porfiriana. El primer reto era integrar físicamente un territorio de casi dos millones de km2 que incluía una topografía muy accidentada, regiones aisladas, grandes espacios despoblados, desiertos y pantanos. Desde 1837 se había otorgado la primera concesión para construir un camino ferroviario que uniera el puerto de Veracruz con la capital, pero no fue sino hasta 1850 que se puso en servicio el primer ferrocarril que cubría casi 14 km. desde Veracruz hasta el Molinito. No fue sino hasta 1873 que se inauguró el servicio ferrocarrilero de la capital al puerto de Veracruz. Durante la presidencia de Manuel González (1880-1884), y gracias al capital extranjero, se tienden 4,658 km. de vías. El esfuerzo realizado por la administración gonzalista no tuvo paralelo, al terminar su gestión los ferrocarriles Central, Mexicano, Sonora, Tehuantepec, Progreso, Tehuacán e Internacional formaban la espina dorsal del sistema que heredaría el porfiriato y que conectaban a la ciudad de México con la frontera con los Estados Unidos y con el puerto de Veracruz, nuestro punto de contacto con Europa. Para 1890, la administración había concluido las líneas que unían a la capital con tres puntos estratégicos: Nuevo Laredo, a través de El Nacional Mexicano, Paso del Norte con el Central Mexicano y Piedras Negras construido por el Internacional Mexicano. Al terminar el porfiriato México contaba con 19,280 km. de vías férreas. La introducción del ferrocarril favoreció el crecimiento del comercio y la industria en casi todo el territorio nacional, promovieron las exportaciones y ayudando a consolidar el mercado interno.

En 1891, como consecuencia del desarrollo ferrocarrilero, vinculado estrechamente con la estabilidad política, se creó la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas; años después, en 1899 se aprobó la Ley de Ferrocarriles que daba al gobierno un control más estrecho sobre la inversión privada. Sin embargo, seguía siendo peligroso que las principales rutas estuvieran en manos extranjeras, de manera que en 1908 el gobierno decidió nacionalizar los ferrocarriles a través de la compra de acciones.

Paralelamente, entre 1877 y 1900, el cableado telegráfico creció de 7,136 a 23,154 kilómetros y se hicieron fuertes inversiones para habilitar y sanear los puertos de Veracruz, Puerto México (ahora Coatzacoalcos),Tampico, Manzanillo, Salina Cruz y Tehuantepec. Finalmente se consolidó el servicio postal y hacia finales de siglo había ya en el país más de 5000 aparatos telefónicos.

 

El desarrollo económico

El auge de la economía nacional durante el porfiriato se fincó en el apoyo del gobierno a la inversión extranjera, a través de generosas concesiones fiscales y de tierra. Igualmente se observó la ausencia de restricciones a la importación de maquinaria y técnicos del exterior y se expidió una legislación que otorgaba ventajas a los capitales foráneos. En 1884 se derogaron las Ordenanzas de Minería que reservaban las riquezas del subsuelo como propiedad del Estado. El nuevo código establecía que el dueño de la superficie también lo era de las sustancias que yacen en el subsuelo, incluyendo todos los minerales así como el petróleo. Esta política dio frutos y la inversión extranjera total en el país aumentó de 100 millones de pesos en 1884 a 3400 millones en 1911.

En vísperas de la revolución el país contaba con casi 20 mil kilómetros de vías férreas; extensas redes telefónicas y telegráficas; la industria textil ¾de capital francés y español¾ atendía el 90% del consumo nacional; con recursos estadounidenses, británicos y en menor medida franceses se habían desarrollado más de 150 centros mineros y metalúrgicos que no solamente extraían metales preciosos como el oro y la plata sino que exportaban productos o derivados industriales como el cobre y el plomo. Para 1910 México era el tercer productor de petróleo a nivel mundial, gracias a las inversiones del inglés Weetman Pearson y el norteamericano Edward Doheney. De esta época datan también las primeras plantas generadoras de energía eléctrica que abastecían a la industria y a los servicios de transporte en las ciudades.

En poder de los mexicanos se encontraban las fábricas manufactureras destinadas a producir artículos de consumo como alimentos, bebidas embotelladas, puros y cigarros, harinas, azúcar, entre otros. El comercio operaba en su mayor parte con capitales nacionales, aunque existían fuertes inversiones francesas en forma de grandes almacenes. Los españoles jugaban un papel destacado en el pequeño comercio. El sector agrícola estaba controlado casi enteramente por mexicanos, aunque el cultivo de productos de exportación, como el henequén, el azúcar, el algodón y el hule, cuya demanda en el exterior iba en aumento, recibió fuertes inversiones foráneas que reportaron un crecimiento del 750%.

El resultado produjo un efecto espectacular. La recuperación económica del país permitió al gobierno federal obtener importantes ingresos a través de la recaudación de impuestos. Sin embargo, el extraordinario crecimiento de la economía sólo benefició a unos cuantos, las grandes mayorías vivían en condiciones deplorables. Las jornadas laborales en la industria llegaban a ser hasta de 16 horas, sin pago por el descanso dominical ni derecho a vacaciones; los obreros tampoco contaban con servicios médicos, ni jubilación y, aunque aparecieron algunos sindicatos, carecían de organización, lo que les impedía obtener mejores condiciones de trabajo. Asimismo, en algunas industrias controladas por extranjeros, como los ferrocarriles, los mexicanos ganaban la mitad que los norteamericanos desempeñando el mismo trabajo. Las estimaciones actuales indican que hubo una drástica disminución en el salario real durante el gobierno de Díaz, que se calcula en un 25%; dinero que, casi en su totalidad, habría de consumirse en las tiendas de raya de las fábricas, las minas o las haciendas donde los productos eran considerablemente más caros.

            La alimentación variaba mucho de un grupo a otro. La base de la dieta popular eran el maíz, el frijol, el chile y el pulque. La clase media, además, consumía pan en forma de "semitas" o "pambazos", sopa de arroz, eventualmente carne y algunas verduras; sólo unos pocos tenían acceso a todo tipo de víveres.

Durante los últimos años del porfiriato las condiciones de vida empeoraron para la casi totalidad de la población; por ejemplo, entre 1895 y 1910 la esperanza de vida descendió de 31 a 30 años y medio y, entre 1895 y 1900, la mortalidad infantil se elevó de 304 a 335 por cada millar. En 1910 había en México 15 millones de habitantes; se trataba de una población joven, ya que el 42 % eran menores de 15 años. El 71 % mayor de 10 años no sabía leer y escribir. La situación era aún peor para las mujeres, ya que más del 80 % eran analfabetas. La población indígena era del 13 %, es decir, para el año en que se inició la revolución había casi dos millones de mexicanos que hablaban únicamente la lengua de sus antepasados prehispánicos.

 

La tierra

La ley de 1856, que desamortizó las tierras de la iglesia, afectó también la propiedad de las comunidades indígenas y de los pueblos. Durante el régimen de Díaz se emitieron dos leyes más (1883 y 1894) que alteraron el régimen de propiedad comunal, propiciando la concentración de vastas extensiones de terreno en unas cuantas manos.

A pesar de que en octubre de 1909 se reunieron por vez primera los presidentes de ambas naciones, los estadounidenses ya no veían en el gobierno de Díaz un régimen afín a sus intereses y le negaron su apoyo cuando, poco después, permitieron a los maderistas conspirar en su territorio.

-OPOSITORES Y REBELDES-

 

La incorporación de México al mercado mundial lo volvió vulnerable a las crisis económicas del capitalismo. En efecto, hacia 1907, una crisis de esta índole en Estados Unidos tuvo consecuencias funestas para la dictadura. En México disminuyó la producción encareciendo las importaciones, lo que redujo los ingresos al gobierno por concepto de impuestos. Hubo también una merma de circulante que gravó el crédito y los bancos exigieron a los terratenientes el pago de sus deudas. Tanto hacendados como industriales redujeron salarios o despidieron a los trabajadores y, en el caso del campo, endurecieron las de por si difíciles condiciones de trabajo. El gobierno también despidió gente y aumentó los impuestos, medida que provocó un profundo malestar social y no resolvió el problema. Aunado a lo anterior, varios años de malas cosechas elevaron el precio de los productos básicos de alimentación popular, como el maíz y el frijol.

Además de la crisis económica, la oposición a la dictadura se hizo más intensa y radical. Una minoría católica tradicional criticaba a Díaz por mantener vigente la separación entre la Iglesia y el Estado, consagrada en las Leyes de Reforma, aunque en los hechos el dictador había evitado la aplicación estricta de esta legislación. Los católicos progresistas, influidos por la encíclica Rerum Novarum, reprochaban al presidente los vicios políticos de su gobierno y las desigualdades sociales generadas por un desarrollo que beneficiaba principalmente a los inversionistas extranjeros.

A través de periódicos como Regeneración y El Hijo del Ahuizote, la prensa de oposición incrementó sus ataques al gobierno. El Partido Liberal Mexicano influyó en huelgas como la de los mineros de Cananea, Sonora y la de los obreros textiles de Río Blanco, Veracruz, brutalmente reprimidas por el gobierno.

Después de la entrevista que Porfirio Díaz concedió al periodista estadounidense James Creelman en 1908, la agitación política creció, incluso entre los adictos al régimen, con la disputa entre Bernardo Reyes, ex ministro de Guerra y gobernador de Nuevo León, y José Yves Limantour, ministro de Hacienda. El meollo de la cuestión política era la avanzada edad del dictador y la necesidad de elegir un vicepresidente que le sucediera en el poder.

Para las elecciones de 1910, el Partido Antirreeleccionista presentó como candidato a Francisco I. Madero, un rico empresario del norte. Ese año sería de fin y de principio: al tiempo que se celebraba el Centenario de la Independencia, concluía la dictadura y despuntaba el proceso revolucionario.

 

El Magonismo

Liberales potosinos, entre ellos Camilo Arriaga, convocaron al Primer Congreso Liberal que se celebró del 5 al 11 de febrero de 1901 en San Luis Potosí para protestar contra el avance del clericalismo. Entre los asistentes se encontraba Ricardo Flores Magón, un joven periodista de 27 años fundador del periódico Regeneración que había empezado a publicar el año anterior. Hacia 1903, Ricardo y Enrique Flores Magón fueron apresados en la ciudad de México, tras haber protestado por la represión a una manifestación pacífica contra Bernardo Reyes en la que hubo muertos y heridos. Una vez en libertad, se refugiaron en San Antonio, Texas, en 1904, y de nuevo se editó el periódico. Perseguidos por la dictadura, tuvieron que trasladarse a San Luis, Missouri, donde se proclamó el programa del Partido Liberal Mexicano en 1906. Como el acoso continuó, los hermanos emigraron primero a Toronto y Montreal, Canadá, y más tarde a Los Ángeles, California, lugar en que Ricardo fue encarcelado durante tres años. Al salir de prisión, en agosto de 1910, los magonistas decidieron cambiar el lema de "Reforma, Justicia y Libertad" con el que firmaban los manifiestos del Partido Liberal Mexicano, por el de "Tierra y Libertad". Las ideas liberales del magonismo evolucionaron hacia el anarquismo, entendido no como desorden y caos sino como la convicción de que la sociedad puede administrarse ordenada y libremente sin necesidad de alguna forma de gobierno o de Estado. Por eso, en vísperas del estallamiento de noviembre de 1910, Ricardo Flores Magón escribió: "Derramar sangre para llevar al poder a otro bandido que oprima al pueblo, es un crimen; y eso será lo que suceda si tomáis las armas sin más objetivo que derribar a Díaz para poner en su lugar a un nuevo gobernante". Por lanzar un manifiesto a los anarquistas del mundo, Ricardo Flores Magón fue condenado en 1918 a 20 años de cárcel. Casi ciego, murió en la prisión de Leavenworth, Kansas, E.U., en 1922. El legado más importante de estos hombres, luchadores sociales incorruptibles, se cristalizó en la Constitución promulgada en 1917, donde aparecen una gran cantidad de temas abordados en el programa del Partido Liberal de 1906.

 

Cananea y Río Blanco

Las huelgas estuvieron prohibidas durante la dictadura de Díaz; sin embargo se produjeron más de 250. De éstas, sólo en 1907 fueron clasificadas 25 como "mayores". Los movimientos se efectuaron especialmente en las industrias textil, ferrocarrilera, minera y tabacalera y los reclamos de los trabajadores coincidían en las duras condiciones de trabajo, en los malos tratos de capataces y en el racismo que se expresaba en mayores sueldos por el mismo trabajo a los extranjeros.

En Cananea, Sonora, la población y las autoridades civiles se encontraban prácticamente bajo el control del empresario norteamericano William C. Green dueño de la Cananea Copper Company. En 1906 se fundó la Unión Liberal "Humanidad", de orientación magonista y simpatizante del Partido Liberal Mexicano. El primero de junio de ese año, los mineros decidieron iniciar una huelga demandando aumento de salarios, reducción de la jornada de trabajo y cese a la discriminación. Como la gendarmería del pueblo no fue suficiente para reprimir a los huelguistas, el gobernador de Sonora, Rafael Izábal, se presentó acompañado de un grupo de más de doscientos "voluntarios" estadounidenses armados que se dedicaron a cazar a los mineros. Los dirigentes de la Unión Libertad "Humanidad", fueron condenados a 15 años de prisión en San Juan de Ulúa, Veracruz. El presidente Díaz declaró, al rendir su informe de gobierno el 15 de septiembre de 1906, que el movimiento obrero en Cananea había degenerado en grave perturbación del orden público, por lo que había sido sofocado "con prontitud, energía y prudencia".

Unos meses después de la represión en Cananea, el Centro Industrial Mexicano, formado por propietarios de fábricas textiles, estableció un reglamento en el cual se obligaba a los obreros a trabajar jornadas de 14 horas, a pagar los instrumentos dañados y a indemnizar al patrón por las telas defectuosas. Las nuevas reglas suscitaron una huelga y sobrevino la decisión de los dueños de cerrar las fábricas, no sólo en los estados de Puebla, Tlaxcala y Veracruz, sino en muchas otras entidades del país. Convocado para resolver el conflicto, Díaz emitió un laudo el 4 de enero de 1907 en el que respaldaba el reglamento de los patrones. Tres días después cientos de obreros ¾entre ellos muchas mujeres¾ se reunieron en la entrada de la fábrica textil Río Blanco para impedir que los "recortados" ¾trabajadores conformistas¾ rompieran la huelga decretada por el Gran Círculo de Obreros Libres. Encabezados por Margarita Martínez, los trabajadores asaltaron e incendiaron la tienda de raya. Porfirio Díaz envió al subsecretario de Guerra para que controlara la situación en Río Blanco, Nogales, Santa Rosa y Orizaba. Las tropas ametrallaron a la multitud y persiguieron a los trabajadores hasta sus casas de donde los sacaban para fusilarlos, otros, con más suerte fueron enviados a la cárcel.

La etapa reflexiva

La Revolución Mexicana tuvo previamente una etapa reflexiva derivada de la pérdida de legitimidad social del régimen. Durante la primera década del siglo XX, intelectuales y políticos se planteaban el problema de la transición a una vida democrática que, dada la avanzada edad del dictador, se hacía inminente. Andrés Molina Enríquez, Manuel Calero, Carlos Trejo Lerdo de Tejada y Francisco I. Madero, entre otros, coincidían en que, si bien el desarrollo económico parecía una realidad, aunque sólo beneficiara a unos cuantos, faltaba la libertad. Como sostiene la historiadora Gloria Villegas: "la voluntad de cambio fue un proceso que se construyó con lentitud, sobre los agravios sociales, la inmovilidad, el abuso del poder y en un ámbito donde las posibilidades de mejoría económica eran estrechos pasillos que solamente podía transitar un pequeño y selecto grupo".

La obra que más impacto causó fue La sucesión presidencial de 1910, de Francisco I. Madero, cuya primera edición de tres mil ejemplares se agotó en tan sólo tres meses. Ahí plantea el futuro presidente que la tan añorada democracia sería imposible si no se efectuaban las reformas indispensables para que el sistema político garantizara una sociedad más justa.

 

La pugna entre "científicos" y "reyistas"

Agrupados en torno a Manuel Romero Rubio ¾suegro de Porfirio Díaz¾ como liberales jacobinos con una disciplina científica, un grupo de civiles seguidores del Positivismo integraron, en torno al dictador, un influyente grupo conocido como Los Científicos, cuyo jefe, al iniciarse el siglo XX, era el poderoso ministro de Hacienda, José Yves Limantour.

En 1901, los rumores sobre una "grave enfermedad" de Porfirio Díaz desataron una ola de especulaciones sobre quién sucedería al dictador en la presidencia: Bernardo Reyes, secretario de Guerra y Marina, o el secretario de Hacienda. La competencia entre estos dos personajes se convirtió en disputa durante la primera década del siglo XX. Reyes llegó a encabezar un importante movimiento político cuyas raíces estaban en las logias masónicas, a las que había favorecido en las regiones del norte, y en la 2ª reserva que había patrocinado mientras servía en el gabinete de Díaz, además de burócratas medios y el ejército. Los "científicos" se amparaban en las redes del poder económico. Al acercarse la sucesión presidencial de 1910, el movimiento había cobrado fuerza pero carecía del visto bueno del dictador. Reyes no obtuvo el apoyo oficial del presidente y tuvo que aceptar el exilio político disfrazado de viaje de estudios en Europa. Poco después, Díaz volvería a presentar su candidatura manteniendo al "científico" Ramón Corral como compañero de fórmula. Muchos reyistas desilusionados se incorporaron entonces a la campaña encabezada por Madero, bajo el lema de Sufragio Efectivo, No Reelección.

 

El antirreeleccionismo

Francisco I. Madero (1873-1913), miembro de una de las familias más ricas del país, hizo estudios en Francia y Estados Unidos. En 1903 ocurrió un hecho que lo impulsó a entrar al campo de la política. Bernardo Reyes, gobernador de Nuevo León, reprimió en la ciudad de Monterrey una manifestación pacífica; Madero quedó profundamente conmovido. Hizo incursiones como opositor al régimen de Díaz en los procesos electorales del estado de Coahuila y en 1909, apoyado por personas descontentas funda en la capital del país el Centro Antirreeleccionista de México, que será el núcleo organizador de un partido nacional. Basado en la experiencia norteamericana, inició una serie de giras por dos terceras partes de los estados de la República donde se crearon muchos clubes antirreeleccionistas. La respuesta del gobierno fue la represión; muchos líderes fueron perseguidos y encarcelados. Madero, ya como candidato a la presidencia, fue apresado en Monterrey, por supuestas ofensas al presidente Díaz y trasladado a la prisión de San Luis Potosí

Las elecciones del 26 de junio de 1910 fueron francamente fraudulentas. Con Madero aún en la cárcel, el Comité Directivo Electoral del Partido Nacional Antirreeleccionista presentó en la Cámara de Diputados la documentación sobre los fraudes cometidos en casi todas las entidades del país. La "aplanadora" porfirista desechó el informe. Porfirio Díaz y Ramón Corral fueron proclamados presidente y vicepresidente respectivamente. La alternativa de cambio por la vía democrática y pacífica se había agotado, no quedaba más que el camino de la insurrección.

Centenario de la Independencia

En septiembre de 1910, al cumplirse cien años del Grito de Dolores y mientras Madero se encontraba en la cárcel, el gobierno porfirista organizó las Fiestas del Centenario, consideradas como las más fastuosas que México ha celebrado en toda su historia. Inauguraciones de obras y edificios públicos, desfiles militares e históricos, verbenas populares y lujosos bailes se realizaron durante todo el mes de septiembre con la asistencia de representantes diplomáticos de las 31 naciones que aceptaron la invitación oficial.

Deseosos de dar al mundo una imagen de orden y progreso, algunos aduladores del régimen pidieron que, durante las festividades por el Centenario, se recogiera a los mendigos y se atrapara a los vagos, niños en su mayoría, que circulaban por las calles de la ciudad de México.

Diversas obras fueron inauguradas en los estados de la República, entre ellas el Reloj de la ciudad de Pachuca, el mercado Hidalgo en Guanajuato, la presa Miguel Ahumada en Guadalajara y el Palacio Municipal de Córdoba, Veracruz; en la ciudad de México, la Columna de la Independencia, el Hemiciclo a Juárez y la Universidad Nacional. Además se colocó la primera piedra del Palacio Legislativo, cuya estructura de metal ya había sido levantada y que después se convertiría en el Monumento a la Revolución. Los festejos por el Centenario de la Independencia fueron el último fulgor de una dictadura cegada por la soberbia que, apenas unos meses después, se derrumbaría tras el estallido de la Revolución.

-DEL PLAN DE SAN LUIS A LA DÉCENA TRÁGICA-

 

El levantamiento maderista

Tras el fracaso de la vía electoral, Madero se fugó de San Luis Potosí y se instaló, acompañado de un grupo importante de antirreeleccionistas, en San Antonio, Texas, en donde redactaron el Plan de San Luis, que llamaba al levantamiento armado el 20 de noviembre de 1910. Los revolucionarios contaban con el descontento del gobierno de Washington hacia la dictadura de Díaz, que en la última década había favorecido los intereses económicos de ingleses y franceses en detrimento de los norteamericanos.

Entre noviembre de 1910 y mayo de 1911 las operaciones militares más importantes tuvieron lugar a lo largo de las vías férreas en el norte, occidente y oriente del país, porque los ferrocarriles eran indispensables para el transporte de tropa y elementos de campaña, así como para tener contacto con la frontera norteña donde los revolucionarios se abastecían de armas. En el resto del país el ejército federal se concretó a guardar las poblaciones con pocos elementos que fueron presa fácil de los revolucionarios.

Madero cruzó la frontera el 14 de febrero de 1911 y estableció su cuartel general en Bustillo, Chihuahua, el 29 de marzo. Allí se le unieron las fuerzas de Pascual Orozco y Francisco Villa que planearon el sitio a Ciudad Juárez, mismo que iniciaron el 15 de abril. Mientras se decidía la suerte de esta plaza fronteriza, la revolución cundió en todo el país. Para ese momento la postura norteamericana había cambiado y el presidente William Taft, instigado por su embajador en México Henry Lane Wilson, había ordenado desde principios de marzo la movilización de veinte mil hombres a la frontera y de barcos de guerra a los puertos mexicanos. La prensa norteamericana sostenía que había que proteger los intereses extranjeros en nuestro país en razón de la doctrina Monroe, que postulaba "América para los americanos", es decir, el continente americano para los estadounidenses. Madero deseaba evitar problemas con los Estados Unidos y ordenó levantar el sitio; sin embargo, Pascual Orozco, Pancho Villa y José de la Luz Blanco atacaron Ciudad Juárez el 8 de mayo, plaza que se rindió dos días después y permitió a Madero instalar en ella el gobierno provisional. Los revolucionarios del sur tomaron Cuautla y amenazaron la ciudad de México donde hubo manifestaciones tumultuosas y sangrientas que exigían la renuncia del dictador. Sin salida militar, al general Díaz no le quedó más remedio que presentar su renuncia para evitar el colapso total de todo lo creado en su época. El 21 de mayo se firmó el armisticio en el que se acordaba que el secretario de Relaciones Exteriores, Francisco León de la Barra ocuparía interinamente la presidencia y el ejército revolucionario sería licenciado conforme se fuera restableciendo la paz en cada estado.

 

Los campesinos de Morelos se levantan en armas

Durante el porfiriato, el estado de Morelos vivió una crisis profunda debida al problema de la tenencia de la tierra. Con la apertura de las comunicaciones terrestres y marítimas, las haciendas ahí establecidas se dedicaban a la producción de azúcar para la exportación, acaparando las tierras, aguas y montes de las comunidades y los pueblos. En 1909, la situación empeoró con la designación del nuevo gobernador Pablo Escandón, terrateniente de Morelos. Su proceder fue desastroso ya que agravó la situación; de manera que cuando Madero proclamó el Plan de San Luis llamando al pueblo a levantarse en armas, los campesinos del Estado, apoyándose en el artículo 3º de dicho manifiesto, estaban listos para la lucha. Sin un enlace formal con el maderismo, los futuros zapatistas empezaron a conspirar. Enviaron a un emisario a entrevistarse con Madero mientras Emiliano Zapata organizaba a sus fuerzas. Hacia principios de marzo de 1911 la revolución cobró impulso en el norte y varias rebeliones estallaron en Guerrero, éste era el momento que esperaban y el viernes 10 del mismo mes se amotinaron repentinamente, desarmaron a la policía y convocaron a una asamblea en la plaza de Villa de Ayala. El orador leyó el Plan de San Luis e informó de los levantamientos en el país y Otilio Montaño, un maestro de escuela, concluyó con el lema "¡Abajo haciendas y viva pueblos!" En masa se sumaron los campesinos a la rebelión. Este grito era algo más que un lema: era un programa.

El mando de los revolucionarios fue recayendo en Zapata, con el apoyo económico de Gildardo Magaña ¾hijo del principal comerciante de Zamora, Michoacán, liberal y anarcosindicalista¾; su primo Amador Salazar; Felipe Neri, ex fogonero de la hacienda de Chinameca; Genovevo de la O, dirigente del pueblo de Santa María y otros. Los morelenses tomaron varias poblaciones menores del estado pero requerían de un triunfo importante. Los hacendados exigieron entonces al gobierno federal que protegiera sus intereses y les fue enviado el quinto "Regimiento de Oro" que apostaron en Cuautla. Zapata decidió sitiarla y después de una cruenta batalla que duró seis días, la ciudad fue evacuada por los federales el 19 de mayo. Dos días más tarde se firmaron los Tratados de Ciudad Juárez que ponía fin a la guerra civil y que abrían, al menos eso pensaban los zapatistas, una época de justicia agraria. En muy poco tiempo habrían de desilusionarse.

 

El Plan de Ayala

Francisco. Madero y Emiliano Zapata se conocieron a principios junio de 1911 en la ciudad de México. La entrevista tuvo lugar en la casa que el primero poseía en la capital de la República. Con la intención de que el futuro presidente constatara la injusta repartición de la tierra a favor de unas cuantas familias, Zapata, sin lugar a dudas el maderista más distinguido de Morelos, lo invitó a la entidad. No obstante, los hacendados, enemigos de los campesinos, ofrecieron al "apóstol de la democracia" un banquete en los Jardines Borda de Cuernavaca, al que por obvias razones Zapata se negó a asistir.

Lo que siguió fue una historia de desencuentros; ambos líderes entendían el "triunfo de la revolución" de manera distinta: para los campesinos, que había depositado su confianza en Miliano como solían llamar a Zapata, el propósito que los animó a tomar las armas se centraba en la devolución de las tierras que los hacendados les habían usurpado. Madero, por el contrario, sin desestimar el conflicto, pensaba que con el advenimiento de la democracia se resolvería el problema por los cauces legales. Sin embargo, los campesinos desconfiaban de ese procedimiento, ya que esas mismas leyes habían sido usadas en su contra y los habían llevado a vivir en la miseria y la ignominia. Madero y Zapata querían justicia y ley, pero el primero era un hacendado y hombre de negocios del norte y el segundo un campesino del centro de México obstinadamente leal a sus representados.

Con el transcurso de las semanas la situación se complicó. Mientras Madero pactaba una tregua con Zapata, León de la Barra daba órdenes al general Victoriano Huerta para que iniciara una campaña de ocupación en Morelos en la que se ahorcaba y fusilaba inocentes bajo simple sospecha. Paralelamente, la prensa de la ciudad de México inició una virulenta cruzada contra Zapata y sus hombres a los que llamaba "hordas asesinas" y a su líder  "El Atila del Sur".

Para cuando Madero llegó a la presidencia, la relación estaba totalmente fracturada. En el terreno político, la gubernatura de Morelos la ocupaba un enemigo de los zapatistas; en el militar, se mantenía la presencia del ejército federal bien pertrechado. Con el triunfo de la revolución los campesinos morelenses habían perdido la libertad y el problema agrario no se había resuelto. No tenían más alternativa que seguir en armas, pero necesitaban un documento que explicara sus razones y sirviera de bandera legítima frente al nuevo gobierno. Así, el 28 de noviembre de 1911 se firmó, en la serranía de Ayoxustla, Puebla, el Plan de Ayala que abría las puertas de la revolución a los campesinos.

 

Interinato de León de la Barra

Francisco León de la Barra, conocido como "el presidente blanco", estuvo al frente del Poder Ejecutivo poco más de cinco meses ¾del 25 de mayo al 6 de noviembre de 1911. Su designación fue resultado de los Tratados de Ciudad Juárez  que permitían que el ex embajador en los Estados Unidos, encargado por el gobierno de Díaz de vigilar y reprimir las actividades revolucionarias en la frontera norte, fuera quien sustituyera al dictador. Aunque su compromiso consistía en organizar elecciones imparciales, favoreció los intereses del antiguo régimen y entorpeció a los revolucionarios todo lo que le fue posible. Fortaleció al Ejército Federal y, procedió inmediata y tenazmente al desarme de las tropas revolucionarias y a su disolución ¾llamada "licenciamiento"¾con el apoyo de Madero; propició la ruptura entre éste y los hermanos Vázquez Gómez y, apoyado en las intrigas de Victoriano Huerta y Alberto García Granados, logró el fatal enfrentamiento entre el "apóstol de la democracia" y el zapatismo. Se ha dicho que los problemas que encaró Madero durante su gobierno fueron en gran medida consecuencia de las maniobras del "presidente blanco". El 13 de junio de 1911 comenzó el desarme de los zapatistas. Los soldados entregaban su arma a los funcionarios del gobierno y Zapata y Abraham Martínez los identificaban para que pudieran recoger su paga. Cuando concluyó.

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Comentarios

Cuestionario de la lectura el porfiriato. (nayely)
se m ace mu interesante esto del pòrfiriatoya k las personas de aora ya nose interesan tantoen esto ......(15 nov)
La revolución mexicana. (lilian)
holaoisfjs0fjsd09fz...(13 nov)
Línea del tiempo del Porfiriato. (vbcjnccg)
no le entendi a nada...(13 nov)
Historia de México (ady)
Se nota la ignorancia en todos los que han comentado esta página empezando por las gravisimas ......(10 nov)
Analisis del Porfiriato (carmen)
si la verdad de berian poner una linea del tiempo esto ami no me sirve para nada...(18 oct)

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