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Historia de México

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 06:00
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México es un país con una historia muy compleja, pasando por grandes imperios, con el esplendor de los aztecas y mayas, después siendo una colonia española durante la época del virreinato y pasando después una vida independiente que no ha estado excluída de guerras y grandes movimientos sociales que siguen todavía en la actualidad.

Olmecas

La cultura olmeca, llamada cultura madre, se desarrolló entre los años 1200 a.C. y 500 a.C En la región costera del Golfo de México que actualmente comprende los estados de Veracruz y Tabasco se ubicó el área central de los llamados Habitantes del país del hule. La economía de los olmecas tuvo como base el agricultura llamada de roza que consiste en talar grandes extensiones de árboles y después quemarlos, para en esa tierra poder sembrar. Además practicaban la caza y la pesca, así como también muy reducidamente la recolección. Los sitios arqueológicos más sobresalientes de esta cultura son La Venta, San Lorenzo y Tres Zapotes. La construcción de los edificios de La Venta es en forma simétrica en un eje largo que va de norte a sur y a los lados están colocados los monumentos. Este centro ceremonial sirvió de ejemplo para el resto de las culturas mesoamericanas, pues diseños similares aparecieron a lo largo de la zona. La clase dirigente de los olmecas eran muy probablemente los sacerdotes, quienes poseían conocimientos astronómicos sobre los períodos de lluvia y los idóneos para la siembra. Algunos investigadores mexicanos han supuesto la existencia de un gobierno teocrático apoyado por la clase militar. Existen pruebas de que los utilizaban una escritura jeroglífica y que desarrollaron la Rueda Calendárica, que evidencia su progreso, pues contaba con 365 días. Realizaron diversos monumentos, como las famosas cabezas olmecas, que probablemente eran retratos de guerreros prominentes en batalla. Esta cultura desapareció en el año 500 a.C, muy probablemente debido a un desastre natural que los obligó a dejar sus centros ceremoniales y ciudades y desaparecer de los registros históricos. "La cultura olmeca se puede definir como la Cultura Madre de la america Pre-Colombiana", Mohd Ateeque.

Mayas

El territorio que ocupaban los mayas comprende los actuales estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, parte de Chiapas y Tabasco en México y Belice, Guatemala y Honduras. A partir del siglo III de nuestra era, la cultura maya empezó un florecimiento impresionante, que perduró hasta el siglo IX, que ha sido llamado período clásico. Tenían una sociedad de jerarquías, pero aún no queda claro si eran los guerreros o sacerdotes quienes gobernaban. La escritura jeroglífica maya ha despertado admiración de investigadores, así como también su progreso matemático y su desarrollo de un equivalente al álgebra. Inventaron el símbolo del cero y también alcanzaron desarrollo astronómico al construir observatorios. La ciudad de Tika es la máxima expresión arquitectónica de los mayas. Desarrollaron el comercio que obtenían de lugares tan lejanos como el imperio inca y sirvieron de enlace posteriormente entre los aztecasy sus dominios de Centroamérica.

Teotihuacán

La civilización teotihuacana se desarrolló al noreste del Valle de México entre los años 200y 650 de nuestra era. Estaban concentrados en una sola ciudad, alcanzando gran mérito de construcciones y también en la cultura.

En el siglo VIII comenzó la decadencia de Teotihuacan, que cedió su lugar a numerosos estados hostiles entre sí que dominaron cada uno regiones clave para la economía mesoamericana. Por el siglo X d.C., estos estados habían perdido su fuerza, al mismo tiempo en que llegaron del desierto las primeras tribus chichimecas. En el noroeste, los pueblos oasisamericanos se diferenciaron definitivamente del conjunto de Aridoamérica, y crearon una civilización propia cuyos vestigios más importantes en territorio mexicano se localizan en Paquimé.

Durante los siglos X al XII, el centro de México fue dominado por Tula, la capital de los toltecas. Esta ciudad estableció vínculos muy fuertes con varias regiones de Mesoamérica, pero particularmente con la península de Yucatán, donde se ubica la ciudad maya de Chichén Itzá. En Oaxaca, mientras tanto, los mixtecos iniciaron un proceso expansionista que los llevó a ocupar los Valles Centrales donde habitaban los zapotecos. En 1325 los mexicas fundaron Tenochtitlán, la capital del estado más extenso que conoció la Mesoamérica prehispánica, que sólo rivalizó con los purépechas de Tzintzunun.

Conquista

En 1519, Hernán Cortés natural de Medellín (Badajoz), España, llegó a la isla de Cozumel y desde allí dio inicio a su incursión en el actual territorio de México. El resultado de la expedición fue la derrota del estado mexica a manos de los españoles y sus aliados en 1521. Esto fue posible porque los pueblos sometidos por los mexicas, en especial los zempoaltecas y los tlaxcaltecas, vieron en los europeos una oportunidad para liberarse del dominio tenochca.

Sitio de Tenochtitlán, según el Lienzo de Tlaxcala.

Fueron por lo menos dos los hechos que desencadenaron las hostilidades entre españoles y mexicas. La primera, la matanza de Tóxcal, encabezada por Pedro de Alvarado -Cortés no estaba en Tenochtitlán porque había salido a combatir a Pánfilo de Narváez a Zempoala- en plena celebración al dios Tezcatlipoca. El segundo fue la muerte de Moctezuma I, que según dice Bernal Díaz del Castillo fue muerto de una pedrada por el pueblo tenochca, aunque los informantes de Sahagún apuntan que fue muerto por los españoles que lo tenían cautivo.

Cuitláhuac y Cuauhtémoc fueron los últimos emperadores mexicas. El primero derrotó a los invasores el 30 de junio de 1520, y murió poco después en el huey cocoliztli (gran epidemia de viruela). Cuauhtémoc fue elegido tlahtoani, pero fue abandonado por la mayor parte de sus aliados. Finalmente se entregó y fue muerto por los españoles en 1521. Capturada Tenochtitlán, los españoles procedieron al sometimiento de los reinos independientes. Los pueblos mesoamericanos fueron sometidos casi todos en los siguientes cinco años a la caída de Tenochtitlán. Sin embargo, los grupos nómadas y seminómadas del norte siguieron en resistencia hasta el siglo XX, cuando los yaquis negociaron el armisticio con el ejército mexicano.

Con los militares españoles llegaron también misioneros que se dedicaron a convertir a los indígenas a la fe católica. De los religiosos que llegaron al país se destacaron Motolinía, Juan de Valencia, Bernardino de Sahagún, Diego de Landa, Junípero Serra, Juan de Aparicio y el muy controvertido Bartolomé de las Casas.

Período colonial

Hernán Cortés

Entre la caída de Tenochtitlán y el establecimiento del virreinato de Nueva España transcurrieron catorce años. En ese tiempo, el gobierno quedó primero a cargo de Hernán Cortés, que se autoproclamó Capitán General de Nueva España. Luego fueron nombradas las Reales Audiencias de México, dependientes de la Corona de España, con el propósito de realizar una mejor administración de la colonia.

El virreinato fue establecido en 1535, y su primer virrey fue Antonio de Mendoza. En su historia, la Nueva España fue regida por 62 virreyes de diferente importancia histórica, entre los que destacan Antonio María de Bucareli (1771-1779) y Fray Payo Enríquez de Rivera (1672-1680).

La base de la economía novohispana era la minería. Sin duda, el virreinato del Perú fue muy superior en la producción de metales preciosos (oro y plata) en los primeros años del colonialismo español en América. Sin embargo, el descubrimiento de nuevos yacimientos en el centro y norte del territorio (desde Sonora hasta el sur de la provincia de México) permitió que gradualmente la Nueva España ocupara el lugar de privilegio, especialmente en la extracción de plata. La minería permitió el desarrollo de otras actividades asociadas, especialmente los obrajes y la agricultura, que convirtieron a las regiones del Bajío o los valles de México y Puebla en prósperas regiones agrícolas y de actividad industrial incipiente.

Acapulco, 1628.

El comercio de la colonia era realizado a través de dos puertos. Éstos fueron Veracruz en el golfo, y Acapulco en el Pacífico. A éste llegaba la Nao de China, una nave que transportaba productos de las islas Filipinas a Nueva España y de ahí a la metrópoli. El comercio coadyuvó al florecimiento de estos puertos, de la Ciudad de México y de las regiones intermedias entre ambos. Hay que señalar que hasta finales del siglo XVIII, con la introducción de las reformas borbónicas el comercio entre las colonias españolas no estaba permitido.

La sociedad novohispana estaba fuertemente segmentada. Por un lado, existía toda una codificación acerca de las relaciones entre los grupos étnicos. Aunque nunca fue tan severa que no permitiera el intercambio cultural o el mestizaje biológico, sí había una definición de la posición que una persona ocupaba en la escala social de acuerdo con una supuesta mezcla de sangres. Mientras más sangre española, mejor posición, por ello los españoles peninsulares (o gachupines) ocupaban las posiciones de privilegio.

Durante el período colonial se gestaron muchas de las tradiciones populares e instituciones tradicionales que dan carácter al pueblo mexicano de la actualidad.

Emancipación

Miguel Hidalgo y Costilla, iniciador de la guerra de independencia  Uno de los pretextos tomados por los criollos para reclamar la independencia de las colonias españolas fue la ocupación francesa de España, a principios del siglo XIX. En varias partes de América Latina tuvieron lugar algunas rebeliones independentistas, algunas más exitosas que otras. México no fue la excepción. Los primeros intentos separatistas de Nueva España corresponden a la conspiración de La Profesa (nombrada así por el templo en el que se reunían los conspiradores a tomar chocolate y simular tertulias literarias, para ocultar sus intenciones reales), en la Ciudad de México. Este grupo contaba con cierta simpatía del virrey Iturrigaray, pero fue descubierta y aplastada. Sin embargo, en otras regiones del país había núcleos de rebelión, debido a la inconformidad de los criollos con su situación secundaria en la sociedad novohispana y la ocupación francesa de la metrópoli. A este suceso se le conoce como Crisis política de 1808 en México.

La conspiración de Querétaro sería finalmente la que desataría la revolución de Independencia de México. En la conspiración participaban, entre otros, los corregidores de la ciudad de Querétaro, Josefa Ortiz de Domínguez y Miguel Domínguez; Ignacio Allende y Juan Aldama, y el cura Miguel Hidalgo. Sería este último quien daría el llamado "Grito" a la insurrección en el pueblo de Dolores, Guanajuato, el 16 de septiembre de 1810.

Tras varias victorias, entre las que destacan la toma de Guanajuato, Valladolid, y la derrota que propinaron a las tropas realistas en Cerro de las Cruces (a un tiro de piedra de la Ciudad de México), el ejército insurgente se retiró hacia occidente. Fueron derrotados en la Batalla del Puente de Calderón por Félix María Calleja, a la postre, virrey novohispano. Las tropas realistas persiguieron a la insurgencia hasta apresarlos en Acatita de Baján, Coahuila. Los líderes fueron fusilados y sus cabezas exhibidas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato. Esto fue en el año de 1811.

Para este tiempo, la insurgencia se había hecho fuerte en el sur de la intendencia de México. Al frente de la tropa se hallaba el cura y Generalísimo José María Morelos y Pavón, quien había recibido la orden directa de Hidalgo de encabezar la revolución en la Sierra Madre del Sur. Entre los triunfos más sonados de Morelos y su ejército (del que formaban parte, entre otros, Mariano Matamoros, los hermanos Galeana y los hermanos Bravo), se encuentra el sitio de Cuautla, que fue roto tras casi un año de asedio realista. Morelos convocó al primer congreso americano en 1813, en Chilpancingo, al que acudieron diputados de las provincias del naciente país, y promulgaron la Constitución de Apatzingánun año más tarde, sobre la base del documento escrito por Morelos, intitulado Sentimientos de la Nación.

Sin embargo, la necesidad de proteger al Congreso, y las contradicciones entre éste y el Generalísimo (que había rechazado el título y se hizo llamar Siervo de la Nación), terminaron por minar la capacidad bélica del ejército insurgente. Finalmente, fueron derrotados en Cuautla. Morelos fue conducido a la ciudad de México, donde fue enjuiciado, degradado, excomulgado y preso. Fue finalmente fusilado en San Cristóbal Ecatepec (que hoy se llama Ecatepec de Morelos en recuerdo del cura), en el año de 1815.

A esas alturas, el ejército insurgente había entrado en una fase francamente defensiva. Habían sido fusilados Matamoros y Morelos, muertos en combate fueron algunos de los Galeana (no todos: Pablo siguió combatiendo a los realistas en Zacatula, hasta 1822, cuando Vicente Guerrero le mandó a avisar que la guerra había terminado un año antes). Los únicos frentes fuertes eran el veracruzano, al mando de Guadalupe Victoria, y el de Vicente Guerrero, en el sur de México. En el norte, la campaña relámpago de Pedro Moreno y Francisco Javier Mina (un joven español de ideas liberales, recién desembarcado de España), había concluido desastrosamente, a pesar de sus triunfos iniciales.

Acta de Independencia de México De esta manera, la revolución popular de independencia mexicana se hallaba muy lejos del triunfo. El virrey Apodaca había ofrecido indulto a los insurgentes, lo que minó el ejército en resistencia. La oferta llegó a Guerrero por conducto de su padre, y la rechazó con la famosa frase la Patria es primero, que hoy está escrita con letras de oro en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Aprovechando la situación, algunos militares criollos -que habían combatido a los insurgentes durante los años anteriores- tomaron la dirección del movimiento. Agustín de Iturbide selló un pacto con Guerrero, jefe de los insurgentes surianos, en compañía de quien promulgó el Plan de Iguala en 1821. Poco tiempo después, llegó el nuevo virrey de Nueva España, Juan O'Donojú, que también sería el último, y que aceptó firmar el acta de independencia de México el 27 de septiembre de 1821.

Los primeros reconocimientos a la nación independiente provinieron de Chile, Gran Colombia y Perú. En 1825, los Estados Unidos reconocieron a la nueva nación hispana con los límites de 1820 establecidos por el gobierno estadounidense y la Corona de España, por el Tratado de Adams-Onís. Los límites estaban fijados por el paralelo 42ºN, las Rocallosas, el río Nexpentle, el río Rojo y el río Sabinahasta desembocar en el Golfo de México.

Siglo XIX

Escudo de Armas del Primer Imperio Mexicano Durante casi todo el siglo XIX el joven país afrontó guerras interinas por el poder. Tras la consumación de la independencia nacional, se discutía la forma de gobierno de la nueva nación. El Plan de Iguala señalaba que a su independencia, México debía convertirse en una monarquía encabezada por un miembro del linaje de Fernando VII. Mientras se encontraba un candidato a la corona de México, se había instalado una Junta de Gobierno Provisional, ocupada por tres personas. Meses más adelante, en 182, Agustín de Iturbide fue proclamado Emperador de México. En aquel tiempo, formaban parte del territorio mexicano el antiguo virreinato de Nueva España y el de la Capitanía General de Guatemala.

El Primer Imperio Mexicano duró apenas unos cuantos meses. Rápidamente se vio envuelto en una crisis financiera derivada de la necesidad de pagar los daños provocados por los once años de revolución independentista. Además, los grupos republicanos cobraban cada vez más fuerza. En el año de 1823, Antonio López de Santa Anna y Vicente Guerrero proclamaron el Plan de Casamata, por el que desconocieron el gobierno de Iturbide y anunciaban la instauración de una república. El emperador intentó defenderse por medio de las armas, pero su ejército fue derrotado y él exiliado en ese mismo año. Con la derrota del Imperio, las provincias centroamericanas se separaron de México, lo cual hicieron todas, salvo Chiapas, para formar las Provincias Unidas de Centroamérica.

Antonio López de Santa Anna, una de las figuras más polémicas del México decimonónico. Tras un breve interludio, presidido por una Junta Provisional, encabezada por Pedro Celestino Negrete, en 1824 el Congreso Constituyente promulgó la Constitución Mexicanaque habría de regir a la República. Este documento asentaba que la nación adoptaba como forma de gobierno la república federal, con división de poderes. Éstos residirían en la Ciudad de México, y estaría integrada por estados federados y territorios federales. El Congreso convocó a elecciones en las que salió electo Guadalupe Victoria para el período de 1824-1828.

A partir de la conclusión del período de Victoria, la vida política mexicana se tornó inestable, debido a las pugnas entre la antigua aristocracia y el pequeño grupo de burgueses liberales del país. El personaje central a lo largo de la primera mitad del siglo XIX fue Antonio López de Santa Anna, quien repelió la intentona hispana por reconquistar México y ascendió al poder once veces: cinco de ellas como abanderado de los liberales y las otras seis como conservador.

En 1833 tuvo lugar el primer intento de reforma liberal profunda del Estado, encabezada por Valentín Gómez Farías (a la sazón presidente interino, pues Santa Anna se había retirado a descansar a su hacienda) y José María Luis Mora. La reforma fracasó por el regreso de Santa Anna a la presidencia, con el apoyo de los conservadores. En 1835 fueron promulgadas las Siete Leyes, una constitución de corte centralista, que ocasionó la declaratoria de independencia de Zacatecas (rebelión reprimida brutalmente por el general Cos) y Texas. Este último territorio, perteneciente al estado de Coahuila y Texas, se separó de México en 1836. Cinco años más tarde la República de Yucatán declaró su independencia, y no se reincorporaría a México hasta 1848.

El 6 de enero de 1843, fue proclamada la segunda república centralista de México, encabezada por Santa Anna. La vida de la república sería muy corta, pues tres años más tarde fue incapaz de enfrentar la invasión estadounidense, hecho que los liberales aprovecharon y terminaron por rehabilitar la constitución de 1824 el 22 de agosto de 1846.

Por esa época, México enfrentaba una guerra con Estados Unidos. Este país había anexado el Territorio de Texasen 1841, y en 1846 reclamó a México la posesión de la franja de tierra comprendida entre los ríos Bravo y Nuecs. El límite de la provincia texana históricamente había sido el río Nueces, unos 300 km más al norte del Bravo, por lo que las reclamaciones eran infundadas. El gobierno estadounidense acometió contra México, y ocupó el país desde 1846 hasta 1848. Después de esto los norteamericanos ocuparon el territorio nacional.

Durante la invasión a la Ciudad de México los ejércitos de Estados Unidos al mando de Winfield Scott torturaron y mataron a muchos soldados del Batallón de San Patricio, que colaboraron con la resistencia mexicana. Finalmente, el 14 de septiembre de 1847, los estadounidenses izaron su bandera en el Palacio Nacional. La guerra concluyó con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo, en el que México reconocía la frontera texana en el río Bravo y "cedía" los territorios de California y Nuevo México (cerca de 2.000.000 de km² que hoy conforman los territorios de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah, la mayor parte de Colorado y la región suroeste del Wyoming y Kansas y el oeste de Oklahoma).

Tras la guerra con Estados Unidos, fue electo para la presidencia José Joaquín de Herrera. El gobierno de Herrera fue más o menos tranquilo, aunque las elecciones para relevarlo fueron presa de la división entre liberales y conservadores. Este nuevo conflicto se resolvió con la llegada de Santa Anna al poder, que gobernó por última ocasión la república entre 1853 y 1855. Santa Anna se autonombró dictador de México y gobernó con el título de Su Alteza Serenísima (el tratamiento fue elevado al rango de ley constitucional). Mientras tanto, la mayor parte del país seguía en la miseria. El colmo fue el aumento en el monto de los impuestos y la creciente corrupción del gobierno santaannista.

Benito Juárez Por ello, en 1854 los liberales se fueron a la guerra, amparados en el Plan de Ayutla y encabezados por Juan Álvarez e Ignacio Comonfort. El movimiento, conocido como Revolución de Ayuta, concluyó con la renuncia y destierro de Santa Anna y la instalación de Álvarez como interino. Durante las presidencias de Álvarez y Comonfort, fueron promulgadas varias leyes de corte liberal, conocidas como Leyes de Reforma, que, entre otras cosas, establecieron la separación entre el Estado mexicano y la Iglesia Católica y anularon los privilegios de las corporaciones (incluidas las comunidades indígenas). La puesta en marcha de estas leyes dio lugar a un nuevo conflicto entre liberales y conservadores, conocido como Guerra de los Tres Años o Reforma.

Benito Juárez ocupó la presidencia interina de la república tras la renuncia de Comonfort, y fue convocado un nuevo congreso constituyente que promulgó el 5 de febrero de 1857 la nueva constitución mexicana, de orientación liberal moderada. Sin embargo, las reformas contempladas por la nueva constitución fueron motivo de una nueva rebelión conservadora en Tacubaya y, desconociendo el gobierno de Juárez, nombraron un presidente provisional. Las huestes de ambos bandos se enfrascaron en una guerra que concluyó con la victoria de los liberales en enero de 1861.

En ese mismo año, el gobierno de la república decretó la suspensión de pagos de la deuda externa, pues carecía de medios para pagarla. Francia, uno de los principales acreedores, instó a España e Inglaterra a presionar por la vía militar al gobierno mexicano. La marina de los aliados llegó a Veracruz en febrero de 1862. El gobierno mexicano se aprestó a negociar por la vía diplomática, y logró el retiro de los ingleses y españoles.

Fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas. Los franceses bajo el mando de Napoleón III, por su parte, dieron comienzo a las hostilidades militares. Comenzando por la batalla de Puebla, ganada por el ejército de Ignacio Zaragoza y las milicias populares del estado, la guerra comenzó. Hubo en un principio muchas victorias para los franceses, que tomaron la capital en junio de 1863. El gobierno republicano, con Juárez a la cabeza, se había trasladado a San Luis Potosíel 31 de mayo. Fue perseguido por los franceses, y finalmente se estableció en Paso del Norte. Mientras tanto, en la capital, el 10 de julio la Asamblea de Notables había nombrado como emperador de México a Maximiliano de Habsburgo. El Segundo Imperio Mexicano duraría hasta 1867, ya que a partir de 1865 el ejercito francés empezó a sufir derrotas a manos de las guerrillas mexicanas (que comenzaron a abastecerse de armamento estadounidense). La guerra culminó con la retirada del ejercito francés y con la rendición de los conservadores y el fusilamiento del emperador en Santiago de Querétaro.

Juárez siguió en el poder hasta su muerte el 18 de julio de 187. Los últimos años de su gobierno fueron duramente criticados por las diversas facciones en que se habían dividido los liberales. Para las elecciones de 1871, se presentaron como candidatos Sebastián Lerdo de Tejada, Porfirio Díazy el mismo Juárez, quien ganó. A su muerte ocupó la presidencia Lerdo de Tejada, que elevó a rango de ley constitucional las leyes radicales de reforma promulgadas durante el periodo de 1855-1856. Cuando Lerdo intentó reelegirse, los porfiristas se levantaron en armas y lo derrocaron. Aunque por ley la presidencia debía ser ocupada por José María Iglesias, los porfiristas desconocieron su gobierno y finalmente Díaz ocupó la presidencia en 1876. Así comenzó el período que en la historia de México es conocido como Porfiriato.

El Porfiriato

La dictadura de Díaz sólo fue interrumpida por los cuatro años de gobierno de Manuel González, compadre del dictador, y evidentemente sometido a su poder. En este tiempo, llamado porfiriato, Mexico tuvo una cultura muy influida con la francesa. En este período las Leyes de Reforma (en especial la Ley Lerd) sirvieron de marco para favorecer la concentración de tierras en manos de unos pocos terratenientes. Los campesinos eran enganchados para trabajar en las haciendas y algunos grupos indígenas que se mostraban particularmente rebeldes, como los yaquis y los mayas, fueron desterrados de sus lugares de origen y obligados a trabajar hasta la muerte en lugares como Valle Nacional, el valle del río Yaqui o Yucatán.

El gobierno de Díaz favoreció la inversión extranjera. La cabeza de este plan de desarrollo económico fue José Yves Limantour, de ascendencia francesa y miembro del grupo de los Científicos. La mayor parte del capital invertido en México era francés, y en importancia seguían las inversiones inglesas, estadounidenses, alemanas y españolas. Minas, petróleo, ferrocarril, textiles, plantaciones de azúcar: todo ello estaba en manos de extranjeros. Aparentemente el país prosperaba, pero esto sólo ocurría a costa de la miseria de la mayor parte de la población. Por ello, cuando en la famosa entrevista Díaz-Creelman, el dictador señaló que México estaba listo para la democracia, algunos personajes le tomaron la palabra y se presentaron a las elecciones de 1910, que ganó Francisco I. Madero. Díaz desconoció el resultado de los comicios y así inició la Revolución Mexicana.

Siglos XX y XXI

Madero y Zapata en Cuernavaca, Morelos El siglo XX mexicano comienza con la Revolución. Como se menciona, Díaz había convocado a elecciones para elegir a su sucesor, de las que salió victoriosa compuesta por Madero y José María Pino Suárez, del Partido Antirreeleccionista. Sin embargo, Díaz desconoció el resultado de las votaciones. Como reacción, Madero llamó al levantamiento armado por medio del Plan de San Luis. Al llamado se levantaron numerosos grupos de las más diversas clases sociales y elaborando las más variadas banderas sociales: en el noroeste, Álvar Obregón encabezó la revuelta de los pequeña clase media campesina, en Chihuahua Francisco Villa encabezaba un regimiento formado por ganaderos; en Coahuila, Venustiano Carranza representaba a los hacendados; y en el estado de Morelos, Emiliano Zapata y sus tropas de indígenas reclamaban el reparto agrario. Díaz finalmente dimitió el 24 de mayo de 1911. Salió exiliado del país siete días más tarde, a bordo del vapor Ypiranga, con rumbo a Francia, donde murió y fue sepultado.

Mientras tanto, el Congreso nombró como interino al señor Francisco León de la Barra (porfirista), que entregó la presidencia a Madero en noviembre de 1911. En febrero de 1913, Victoriano Huerta dio un golpe de Estado contra Madero, a quien mandó asesinar junto con Pino Suárez en la "Decena Trágica", y gobernó como dictador hasta 1914. En el bando revolucionario también había disputas: por ejemplo, Zapata había desconocido a Madero porque sintió que lo había traicionado al no haber iniciado el reparto agrario. A la muerte de Madero, las facciones revolucionarias se levantaron en armas contra el usurpador, y lo derrocaron, quedando como presidente Venustiano Carranza.

A éste correspondió promulgar la Constitución que rige actualmente en México, y que incorporó varias de las demandas sociales reivindicadas por los movimientos revolucionarios y sus antecesores (jornada de ocho horas, libertad de culto, salario mínimo, reparto agrario, nacionalización de los recursos naturales...). Mientras tanto, el ejército revolucionario se dividió en dos facciones: una, encabezada por Carranza y Obregón, moderada y vinculada con los intereses de la burguesía norteña; y la otra, con Zapata y Villa, más radicales y vinculados con los intereses de los campesinos. Los vencedores fueron los primeros, Zapata fue asesinado en Chinameca en 1919, y cuatro años más tarde la misma suerte tuvo Villa.

Con la llegada de Obregón al poder en 1920, varios de los artículos constitucionales fueron puestos en vigor. Entre las consecuencias de ello está la Guerra Cristera, que enfrentó a tropas campesinas alentadas por la jerarquía católica contra el ejército federal.

Obregón fue sucedido en el cargo por Plutarco Elías Calles, quien opinaba que la Revolución había de perpetuarse en instituciones y formó en marzo de 1929, el Partido Nacional Revolucionario, primer antecedente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) (que dominaría la escena política hasta el 2000). Calles fundó el Banco de México y puso fin a la Cristiada, llegando a un acuerdo con el clero. Al final de su período, Obregón se reeligió, pero fue asesinado en San Ángel antes de tomar posesión. Siguieron tres presidentes que gobernaron dos años cada uno y que fueron títeres de Calles, a quien se acusa de haber planeado el asesinato de Obregón. Durante este período, conocido como Maximato, México enfrentó la resaca de la crisis de 1929 y perdió la soberanía sobre un territorio lejano y casi desconocido: la Isla de la Pasión, que pasó a manos francesas.

Lázaro Cárdenas, el presidente electo para el primer período sexenal de la historia de México (1934-1940), desterró a Calles, apoyado en su amplia popularidad entre la población más pobre y mayoritaria. Dio gran impulso a la educación ("socialista") y al reparto de tierras. Es recordado por la expropiación petrolera, acontecida el 18 de marzo de 1938, y por la nacionalización de los ferrocarriles. No obstante que inició con un impulso radical, el gobierno de Cárdenas al final debió moderarse por el contexto de crisis económica derivado de los pagos de las nacionalizaciones. Su sucesor, Manuel Ávila Camacho, frenó el reparto agrario, concilió con la naciente clase burguesa industrial y enfrentó el inicio de la Segunda Guerra Mundia. Miguel Alemán le sucedió, siendo el primer presidente de México en la época priísta que no era militar. Después gobernó Ruiz Cortines, bajo el sexenio del cual se le dio derecho de voto a la mujer. López Mateos, que le sucedía logró en México un fuerte progreso económico. Se puede calificar al gobierno de Díaz Ordaz como autoritario, por lo cual México eligió en cuanto pudo al populista Echeverría, tratando así de recuperar su sentimiento de libertad. De allí siguió el periodo de "desarollo estabilizador", en el que gobernó López Portillo, que desató una crisis económica inmensa a raiz de la nacionalización bancaría sin embargo fue también en su gobierno que la política de exploración petrolera logró el descubrimiento del yacimiento petrolero de Cantarel del cual se extrae hasta la fecha gran parte del petroleo mexicano que aporta 40 centavos por cada peso del presupuesto nacional. Finalmente Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo forman lo que se llamó el periodo del neoliberalismo, en el que México sufrió una devaluación permanente del peso.

Durante la decadas 50-60 hubo numerosas protestas y peticiones de ampliaciones de libertad y derechos como la rebelión de ferrocarrileros que azotó los estados de Sinaloa comandada por Germán Ruelas, Nayarit comandada por Miguel Gómez y en Jalisco por Antonio Hernández. También algunos civiles levantaron protesta por la falta de democracia y esto originó cierta represión como la matanza a los manifestantes de Tlatelolco en 1968. Por otro lado se reabrió el debate sobre la economía mexicana y se comenzaron a vender mas de 750 empresas del Estado a la iniciativa privada nacional y extranjera, las llamadas privatizaciones. De esta política surge como multimillonario el exitoso empresario Carlos Slim Helu quien compra en precio de remate la empresa de telecomunicaciones Telmex, la cual, 40 años después, le permite elevar su fortuna hasta más de 50 mil millones de dólares, lo cual, segun una empresa privada, lo coloca en el año 2007 como el hombre mas rico del mundo.

El 1 de enero de 1994 al entrar en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá aparece en escena el Ejército Zapatista de Liberación Nacional el cual busca, armas y dialogo mediante, desarrollar a los olvidados y pobres pueblos indígenas, habituales blancos de violaciones, torturas, asesinatos por parte de militares y paramilitares.

En el año 2000México vive por primera vez, tras 71 años de gobiernos priístas, la alternancia política cuando una alianza de los partidos Acción Nacional y Verde Ecologista de México derrota al PRi en las elecciones presidenciales. Vicente Fox, con tendencia derechista, es elegido presidente de la nación y en mitad de un movimiento de éxodo muy grande hacia Estados Unidos debido a la crisis económica y la falta de empleo.

En 2006 tras las elecciones generales del 2 de julio, Felipe Calderón Hinojosa es electo presidente de México. El ciudadano Andrés Manuel López Obrador, candidato por la izquierda a la presidencia de la Nación, desconoce los resultados electorales anunciados por el Instituto Federal Electoral y acusa de fraude y traición a la democracia al presidente Vicente Fox. Consecuentemente entra en desacuerdo con lo que llama insituciones corruptas y declara la abolición del regimen de corrupción y privilegios. La Ciudad de Méxic, se ve paralizada por una manifestación de resistencia civil pacifica, patrocinada por el gobierno de la Capital (también de izquierda), argumentando que los votos apuntados en las urnas no coincidían con los datos repartidos por el gobierno, como finales. Finalmente la diferencia mínima entre ambos partidos deriva en la Declaratoria Oficial de Presidente Electo por el Tribunal Electoral del Poder judicial de la Federación al ciudadano Felipe de Jesús Calderón Hinojosa presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos para el período del 1 de diciembre del año 2006 al 30 de noviembre del año 2012.

En Oaxaca un movimiento de maestros cuya petición esencial era la destitución del titular del ejecutivo del gobierno del estado, Ulises Rui, forman la la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca(APPO) lo cual desata un conflicto que desemboca en la intervención de la policía federal, así como la represión y detención de varios de sus líderes populares lo cuales son encarcelados en prisiones de máxima seguridad.

En los primeros días de su gobierno, Felipe Calderón cumple su promesa de mano dura e inicia una serie de acciones en contra del llamado crimen organizado y el narcotráfico, en la que se moviliza a un número considerable de elementos militares, a quienes sube el sueldo y pide lealtad, hacia los focos de acción de dichos grupos dentro del país.

Con este movimiento antinarcotrafico se logra entre muchas cosas el confiscamiento de más de 250 millones de dolares a Shen Li Yegon, chino nacionalizado mexicano quien se refugia en Estados Unidos y desde ahi acusa a Felipe Calderón y al Partido Acción Nacional de forzarlo a guardar ese dinero en su casa para desestabilizar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador en caso de que éste ganara las elecciones. Felipe Calderón llama a estas declaraciones "cuentos chinos". Shen Li Yegon es detenido y el juicio en su contra por presunto trafico de pseudoefedrina para la fabricación de estupefacientes y supuesto lavado de dinero se encuentra en curso.

Conflictos Estado-Iglesia

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:38
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La historia contemporánea de México difícilmente podría entenderse sin comprender previamente la posición de uno de los actores principales mundo occidental y sobre todo de los países de tradición latina, la Iglesia católica. Al igual que en todos los demás Estados nacionales, el Estado mexicano debía concentrar en sí todos los poderes de la sociedad, dejando atrás la antigua colaboración con la Iglesia; sin embargo, secularizar el podr e imponer la autoridad gubernamental era una tarea complicada en una sociedad que conservaba muchas de sus caractrísticas tradicionales, entre ellas, los vínculos que se desprenden de la religiosidad.

Para la Iglesia la separación tampoco fue fácil. Había dependido del "brazo secular" para hacer efectiva la coacción correspondiente a las leyes canónicas; desde finales del siglo XVIII enfrentaba problemas derivados del pensamiento de la Ilustración, como la reducción de la vida religiosa y la rebeldía de algunos sectores del clero parroquial; y en el caso mexicano había ido sacrificando buena parte de su riqueza para los intereses nacionales. Aun así, el naciente Estado liberal veía como un peligro la legitimidad, riqueza y ascendiente que todavía conservaba.

El período que trataremos fue decisivo para resolver estas ambigüedades. Fue entonces cuando ambas institucios se disputaron directamente el apoyo social del que dependía, o bien para consolidarse, o para sostenerse como centros principales de la vida nacional.

La disputa por los pueblos, siendo parte de un proceso para definir las relaciones Iglesia - Estado, estaba condicionada por determinadas circunstancias históricas. En ambas partes había sectores radicales, dispuestos a llevar sus actos hasta el enfrentamiento, sin considerar las repercusiones de los actos violentos. Pero antes de entrar en esa historia debe considerarse que la Iglesia pasaba por una etapa de reorganización influenciada por

El catolicismo social

La Reforma juarista había terminado de forma definitiva con el antiguo sistema en el que la Iglesia había mantenido su situación de primera corporación del país; perdió además el patrimonio económico de los cuerpos que la integraban, en particular las órdenes religiosas, las cofradías, órdenes terceras y demás asociaciones de laicos. Era indispensable reestructurar la vida de la Iglesia. Reunidos en Roma con el papa Pío IX, los obispos mexicanos comenzaron por trazar una nueva división territorial, erigiendo nuevas provincias eclesiásticas y diócesis sufragáneas. Sin embargo, la búsqueda de un acuerdo con el Estado para evitar la aplicación estricta de las Leyes de Reforma y la preparación de una nueva jerarquía, fueron dos de los objetivos más destacables.

El acuerdo con el Estado tardó prácticamente una década. No fue sino hasta el ascenso del general Porfirio Díaz que la Iglesia obtuvo las garantías necesarias para su desarrollo a través de la "política de conciliación". Durante sus sucesivos gobiernos, el general Díaz dejó sin vigencia efectiva las leyes de Reforma, mientras el clero abandonaba prudentemente toda participación política. Son hechos muy conocidos los vínculos del Presidente con algunos prelados, como Eulogio Gillow, Pelagio A. Labastida y Próspero María Alarcón; asimismo son conocidos los límites de la conciliación, con los casos de los gobernadores Próspero Cahuantzi, de Tlaxcala, e Ignacio Romero Vargas, de Puebla, amonestados por su acercamiento con los obispos respectivos.

La preparación de nuevos prelados se efectuó a través del Colegio Pío Latino Americano, fundado en Roma a por Pío IX, y en donde estudiaron los jerarcas más célebres de las tres primeras décadas del siglo XX: José Mora y del Río, Francisco Orozco y Jiménez, Leopoldo Ruiz y Flores, Manuel Fulcheri, Martín Trischler, entre otros. Apoyaados por Eulogio Gillow, este grupo de eclesiásticos (los "romanos") fueron ganando progresivamente las principales sedes diocesanas del país en los primeros años del siglo XX.

La preparación de los nuevos obispos estaba más cercana a la teología neotomista que se promovió durante el pontificado de León XIII, cuya encíclica Rerum Novarum de 1891 abrió definitivamente las puertas al catolicismo social, corriente que buscaba frenar la creciente secularización a través de una mayor atención a los laicos y los problemas agrícolas y obreros.

Aunque la Rerum Novarum fue recibida fríamente en México, al despuntar el siglo XX comenzó a verse la febril actividad de los católicos sociales: a partir de 1903 dio inicio el ciclo de los congresos católicos; Mora y del Río, como obispo de Tulancingo, convocó además a congresos agrícolas; las mutualistas y asociaciones obreras se multiplicaron con el apoyo episcopal; asimismo la buena prensa cobraba nuevo vigor en las ciudades, sobre todo en México y en Guadalajara, con el licenciado Miguel Palomar y Vizcarra. La Sociedad de Jesús tuvo un papel muy importante en este resurgimiento, bajo su dirección espiritual surgió el Circulo de Estudios Católicos - Sociales Santa María de Guadalupe, mejor conocido como los Operarios Guadalupanos, base a su vez del Círculo Católico Nacional, primera agrupación política confesional del siglo XX mexicano en cabezada por Gabriel Fernández de Somellera en 1909.

La lucha armada, 1910 - 1920. Del triunfo político a la primera persecución.

El Círculo Católico Nacional se convirtió en el Partido Católico Nacional en 1911, con el visto bueno tanto del gobierno de transición, como de Francisco I. Madero. El partido apoyó al propio Madero como candidato presidencial y a Francisco León de la Barra como Vicepresidente. La jerarquía católica, en particular el ya Arzobispo Primado, Mora y del Río, apoyó las actividades de este organismo, que buscaba hacer realidad los proyectos que se habían ido discutiendo en los congresos, semanas sociales y en la prensa.

Los resultados en las elecciones no pudieron ser mejores. Se obtuvieron 100 curules en el Congreso de la Unión, mientras que en Jalisco y Zacatecas el triunfo fue completo: la gubernatura y las legislaturas locales quedaron dominadas por el PCN. Desde luego, se realizó una amplia obra de reforma social siguiendo los lineamientos de la Rerum Novarum. Sin embargo, la debilidad del gobierno de Madero movió a algunos miembros del partido a conspirar contra el régimen. A solicitud de la presidencia, el arzobispo de Morelia, Leopoldo Ruiz y Flores recriminó dicha conducta durante la Gran Dieta del Círculo de Obreros Católicos (Zamora, 1912). Ruiz y Flores mismo fue el único prelado que alzó la voz en contra del golpe de Estado al año siguiente.

En efecto, el gobierno de Victoriano Huerta dividió a la jerarquía católica y al PCN. Son hechos bien conocidos la participación de algunos miembros del partido (v.gr. Eduardo Tamariz y Francisco Elguero) dentro del gobierno huertista, y la presencia oficial de altos mandos del ejército en la ceremonia de consagración de México al Sagrado Corazón de Jesús en 1914. Por otro lado, La Nación, órgano del Partido, no dejó de criticar al gobierno, y el partido mismo nominó a Federico Gamboa como candidato presidencial. Huerta acabó por disolver el PCN y enviar al destierro a sus líderes, incluido Gabriel Fernández de Somellera.

El clero católico tampoco apoyó a Huerta, pero tampoco hizo nada en su contra más allá de la citada protesta de monseñor Ruiz y Flores. En cambio, comenzó a hacerse presente un ambiente cada vez más hostil a la Iglesia por parte de los líderes de algunas facciones revolucionarias, en particular los sonorenses.

Ciertamente, cuando los estados del norte empezaron a movilizarse en contra de Huerta, líderes como Antonio I. Villarreal, Pancho Villa en sus inicios, y el ejército al mando de Álvaro Obregón, cometieron constantes ataques contra el clero, sus escuelas y obras de caridad, contra templos y propiedades eclesiásticas. Por ejemplo, cuando Villa entró a Zacatecas fueron arrestados todos los clérigos de la ciudad; Antonio I. Villarreal dictó algunos de los primeros decretos reduciendo el número de sacerdotes en el Estado de Nuevo León; mientras el general Obregón instalaba sus cuarteles en Guadalajara en todas las iglesias, incluida la catedral.

En cambio, en Morelos, Emiliano Zapata protegió al clero y a la tradicional religiosidad católica del sur del país. Mientras que el avance de las fuerzas constitucionalistas obligaba a los clérigos a buscar refugio en el sur, e incluso en Veracruz durante la ocupación norteamericana, y finalmente a exiliarse, como hicieron los obispos en 1917, Zapata dio refugio a monseñor Manuel Fulcheri, sus entradas a la ciudad de México fueron celebradas con las campanas de las iglesias al vuelo, y algunos curas participaron en sus filas.

Con todo, la ruptura entre Villa y Carranza modificó la conducta del primero hacia la Iglesia, por lo que el gobierno de la Convención parecía el más adecuado para sus intereses. A pesar de ello, la Iglesia se mantuvo a la expectativa. Carranza mismo tampoco parecía estar interesado en un conflicto religioso, aunque al mismo tiempo debía retribuir el apoyo de los radicales. La Constitución de 1917 habría de reflejar las ideas de estos últimos, sobre todo en sus artículos 3o., 5o. 27 y 130. Aunque es una legislación ya modificada, se recuerdan todavía hoy sus principales lineamientos: educación laica, supresión de los votos monásticos, limitación estricta de la propiedad de las instituciones religiosas, desconocimiento de toda personalidad jurídica de las iglesias, prohibición a los extranjeros de ejercer como ministros de culto, declaratoria de los templos como propiedad de la Nación, prohibición de actos de culto fuera de los templos, etcétera.

El Episcopado, desde luego, protestó a través de una Carta Pastoral Colectiva. El presidente Carranza, aunque no pudo modificar la legislación, pudo al menos moderar su aplicación. Fue en los Estados donde empezaron a manifestarles los conflictos, el más notable fue el caso de Jalisco, donde los gobernadores Manuel Diéguez y Manuel Bouquet y la legislatura se enfrentaron con la resistencia del arzobispo Francisco Orozco y Jiménez ante la reducción de los sacerdotes y el cierre de templos y colegios. Aunque tuvo que salir del Estado, Orozco y Jiménez obtuvo la victoria gracias, por un parte a los católicos organizados de la arquidiócesis, quienes iniciaron una política de manifestaciones, boicot, luto general, y por otra a la buena voluntad de Carranza, que buscaba reducir los conflictos internos en aras de la consolidación de su gobierno.

Carranza, sin embargo, tuvo que enfrentarse finalmente con los sonorenses del Plande Agua prieta, y tras su muerte y el interinato del general Adolfo de la Huerta, fue electo presidente el general Álvaro Obregón, con la sola oposición del Partido Nacional Republicano, formada por algunos ex integrantes del PCN, que apoyó la candidatura del licenciado Alfredo Robles Domínguez.

El gobierno de los sonorenses, 1920 - 1929. Enfrentamientos y guerra cristera.

Aunque el general Obregón representaba a los grupos radicales de la revolución sonorense, su política buscó un equilibrio similar al que Carranza había llevado en su relación con la Iglesia, permitiendo a la vez a los grupos radicales como la CROM, manifestar sus tendencias anticleriales, y a los gobiernos estatales emprender políticas desfanatizadoras.

El presidente restituyó los templos confiscados durante la lucha armada; asimismo, como con Carranza, el Partido Nacional Republicano pudo continuar sus actividades; en Guadalajara, en enero de 1921, se realizó la coronación de la Virgen de Zapopan, ese mismo años el arzobispo Orozco y Jiménez reanudó las grandes reuniones de principios de siglo con el Congreso Social Agrícola; al año siguiente se reunió también en Guadalajara el Congreso Nacional Católico Obrero, del que surgió la Confederación Nacional Católica del Trabajo, mientras la Asociación Católica de la Juventud Mexicana realizó su reunión nacional en la ciudad de México. Como parte de esta reorganización de los católicos, la Unión de Damas Católicas realizó también su primer congreso nacional en 1922.

Entre todos estos actos, destacó en particular el Congreso Eucarístico Nacional de octubre de 1924, que culminó con grandes fastos y celebraciones en la capitl de la República. Los anticlericales reaccionaron, y los empleados públicos que asistieron fueron despedidos.

Por su parte, la CROM se enfrentó de manera directa al clero, amenazando incluso su seguridad. El 4 de junio de 1921 estalló una bomba enfrente del palacio arzobispal de Guadalajara. Aunque la ACJM y los obreros católicos reaccionaron colocando guardias en los templos, diez días después estalló una bomba en la Basílica de Guadalupe.

En los estados proliferaron los enfrentamientos, destacándose por su violencia los de Michoacán, donde el gobierno lo encabezaba el socialista Francisco J. Múgica; Guadalajara donde fueron agredidos los fieles que salían de la misa dominical; y Yucatán, por entonces bajo la gubernatura de Felipe Carrillo Puerto.

Los incidentes rozaron un problema diplomático cuando, en enero de 1923, el Delgado Apostólico, Filipi, fue expulsado del país tras participar en la ceremonia de colocación de la primera piedra del Monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete. Por entonces se alegó que un extranjero no podía ser ministro de cultos según el artículo 130, y que la ceremonia había sido pública, a pesar de haberse realizado en propiedad privada.

La lista de incidentes menores en otros estados es bastante larga. Baste decir que se trató de problemas entre curas y autoridades municipales, generalmente derivados de actos religiosos públicos que los pueblos defendían aun con la violencia.

A pesar de todo, la moderación que pudo existir con Obregón fue ya imposible con su sucesor, el general Plutarco Elías Calles, quien ganó las elecciones de 1924 con la sola oposición del PNR que nominó al general Ángel Flores.

De entrada se recrudecieron los conflictos en los estados. En Tabasco, Tomás Garrido Canabal y su legislatura habían limitado el número de sacerdotes, y finalmente prohibieron ele ejercicio como ministros de culto a quines no estuvieran casados (18 de noviembre de 1925). En Jalisco, el gobernador Zuno expulsó al arzobispo Orozco y Jiménez y limitó a seis el número de iglesias. Mientras su feligresía se organizó en la dinámica Unión Popular, Orozco terminaba siendo arrestado en San Andrés Tuxtla, Veracruz, tras una entrada triunfal.

El asunto que mayor alarma causó fue el "cisma" de la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, patrocinada por la CROM y Tomás Garrido Canabal. El problema comenzó el 21 de febrero de 1925 cuando el secretario general de la citada centrarl obrera, Ricardo Treviño, y el sacerdote español Manuel L. Monge, expulsaron de su sede al párroco de la iglesia de La Soledad, en la ciudad de México, entregándola al autodenominado Patriarca Joaquín Pérez. A esta nueva iglesia se sumaron apenas seis parroquias y trece sacerdotes. Tuvo una vida exigua, casi sin fieles, y siete de sus sacerdotes terminaron reintegrándose al catolicismo. El templo de la Soledad terminó siendo sacado del culto por Calles tras un motín popular el 23 de febrero.

Antes estos incidentes, las organizaciones de católicos laicos terminaron formando la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa el 9 de marzo de 1925, encabezada por Rafael Ceniceros y Villarreal, René Capistrán Garza y Luis B. Bustos. Aunque desde el inicio la secretaría de Gobernación criticó fuertemente el carácter político de esta asociación, ésta logró expandirse en casi todo el país, salvo en algunos territorios marginales del norte y el sureste. La Liga habría de ser el principal conducto de los católicos para enfrentarse al Estado, pero sobre todo para mantener cierta independencia del Episcopado.

Aunque durante el año de 1925 continuaron los problemas en Tabasco y Jalisco, a nivel nacional el panorama se mantuvo relativamente tranquilo hasta diciembre, cuando el Presidente envió la iniciativa de ley reglamentaria del artículo 130; al mes siguiente, solicitó además poderes extraordinarios para reformar el Código Penal de acuerdo con la nueva legislación.

El conflicto de 1926 acabó por desatarse el 4 de febrero, fecha en que apareció en El Universal una entrevista a Mora y del Río, en términos radicales para el momento, pues retomaba la protesta del Episcopado de 1917 y afirmaba que combatiría la Constitución. Aunque negó haber hecho semejantes declaraciones, el arzobispo fue procesado. El gobierno reaccionó girando instrucciones a los Estados ordenando el cumplimiento literal de la Carta Magna, lo que desató una nueva oleada de enfrentamientos entre obispos y gobernadores durante los siguientes tres meses. Destacaron los casos de Michoacán, Colima y San Luis Potosí, donde se llegó incluso a la suspensión temporal de los cultos, y se hicieron los primeros ensayos de boicot contra el gobierno.

La Santa Sede trató de mediar en el conflicto enviando como nuevo Delegado Apostólico a Monseñor Caruana, quien luego sería también expulsado del país tras una gestión escasamente provechosa, dejando instalado un Comité Episcopal formado por el Arzobispo de México, Mora y del Río, el arzobispo de Morelia, Ruiz y Flores, y el obispo de Tabasco Pascual Díaz. Entre tanto, los obispos de Huejutla y Tacámbaro, los más radicales del Episcopado (José Othón Manríquez y Zárate y Leopoldo Lara y Torres respectivamente) fueron arrestados y procesados tras declaraciones en protesta por la persecución.

En junio llegó finalmente la Ley Calles, que entraría en vigor para el 1o. de agosto. El Episcopado entró en crisis, y ante la diversidad de opiniones, intentó consultar con la Santa Sede, que no contestó sino hasta el 23 de julio, con términos ambiguos. Se impuso al final la postura de los radicales, y el 25 de julio el Episcopado anunció en una Pastoral colectiva la suspensión de los cultos para el 1o. de agosto.

Más decidida fue la actitud de la Liga. Irónicamente, aunque la mayor parte de las organizaciones del catolicismo social estaban bajo fuerte tutela clerical, entre las divergencias de los prelados se había dado espacio a la participación directiva de clases medias, obreros y campesinos. El conflicto que se iniciaba, la Cristiada, acabó siendo una movilización de grupos de la sociedad civil de manera separada de la Iglesia y el Estado, evidenciando las debilidades de ambos, pues ni se seguían los lineamientos de la primera, ni era posible al segundo la erradicación total del movimiento.

Los cultos se suspendieron efectivamente el 1o. de agosto de 1926, y de inmediato ocurrieron levantamientos espontáneos en los estados del Occidente. La Liga organizó un referéndum pidiendo al Congreso la modificación de la legislación, e inició el boicot contra el gobierno, no pudo, en cambio obtener el apoyo de los ricos católicos que hubiera sido indispensable para darle fuerza a la resistencia organizada.

Todavía el 21 de agosto, Álvaro Obregón concertó una entrevista entre el Presidente y dos miembros del Comité Episcopal, Pascual Díaz y Leopoldo Ruiz y Flores. El encuentro simplemente confirmó la distancia ideológica que separaba al Episcopado del Gobierno.

Los levantamiento espontáneos continuaron a lo largo del año, el boicot no daba muestras de ser una presión efectiva, y las negociaciones entre los obispos y Calles habían quedado rotas. Así, la Liga consideró factible optar por la lucha armada, a la que convocó para el 1o. de enero de 1927, con resultados variables - siempre se trató de levantamientos marginales - concentrados en Jalisco, Guanajuato, Colima, Michoacán y Zacatecas.

La fuerza de estos levantamientos, muchas veces organizados por grupos inexpertos de la ACJM y la CNCT, duró poco, el movimiento entró en decadencia a mediados del año.

Entre tanto, a iniciativa del general Obregón, se reiniciaron las negociaciones entre el Episcopado y el gobierno. Sirvieron como intermediarios algunos miembros católicos de la élite política como Alberto J. Pani, secretario de Hacienda, los licenciados Simón Ortega y Eduardo Mestre, el ingeniero Nemesio Olvera y el presbítero Macario Román. El primer resultado fue la reunión del obispo Manuel Fulcheri con Obregón en el castillo de Chapultepec el 23 de marzo de 1927, reunión que tampoco tuvo consecuencia alguna.

Entre mayo y julio la Liga reorganizó las actividades militares nombrando nuevos jefes de operaciones, con el general Jesús Degollado Guízar primero, y el general Enrique Gorostieta después. Obregón, mientras tanto, emprendía su campaña para la Presidencia e insistía en buscar una solución negociada; así, se obtuvo una nueva entrevista ahora del Comité Episcopal con Mestre y Alberto Beroni en San Antonio, Texas, en julio de 1927. Tampoco hubo resultados pues las filtraciones a la prensa malograron el encuentro.

En el segundo semestre del año y a lo largo de 1928 la reorganización de los cristeros les permitió realizar una Junta Regional de Autoridades el 22 de mayo, con ello uniformaron su estructura político - militar, e incluso obtuvieron algunos éxitos militares.

Sin embargo, la proximidad de las elecciones y las presiones que hacía el Episcopado norteamericano, obligaron al gobierno a continuar las negociaciones, ahora a través del diplomático de Estados Unidos, Dwight Morrow y del padre Burke, quien se entrevistó con Calles en San Juan de Ulúa en marzo. Tras diversos procedimientos, Calles finalmente se entrevistó con Leopoldo Ruiz y Flores el 17 de mayo, mas las conversaciones se interrumpieron con la muerte de Obregón, asesinado en el tercer atentado en su contra por José de León Toral, católico tiranicida. Fue hasta el gobierno de Emilio Portes Gil que los sucesivos encuentros culminaron en un acuerdo, a pesar de las protestas de la Liga y de la CROM. El proceso se vio facilitado por la muerte de Mora y del Río, la del general Gorostieta, y la proximidad de las elecciones presidenciales. Finalmente, el 21 de junio de 1929 quedaron establecidos los acuerdos que permitieron la reanudación de los cultos, acuerdos que prácticamente se limitaban a promesas y garantías del Presidente, bajo los auspicios de Morrow, pero que fueron suficientes para iniciar el desarme de los cristeros y la Liga.

Hacia el modus vivendi, 1929 - 1938.

Los acuerdos de 1929 no pusieron fin a los problemas entre al Iglesia y el Estado, pero constituyeron un intento de ambas instancias de recuperar el control sobre los pueblos que participaban en la cristiada, y las clases medias que apoyaban a la Liga. Era pues una vuelta a la disputa sólo entre el Episcopado y el gobierno como únicos representantes de las dos instituciones

De entrada, el sucesor del arzobispo Mora y del Río, el ex obispo de Tabasco Pascual Díaz y Barreto, promovió la formación de la Acción Católica Mexicana en diciembre de 1929, en ella quedarían integradas todas las organizaciones de laicos. La iglesia celebró su recuperación con gran pompa durante el cuarto centenario de las apariciones guadalupanas. Mientras tanto, el desarme de los combatientes generó nuevas masacres, según los datos de Jean Meyer, el número de víctimas pudo haber superado a las muertes durante los combates.

Pero las circunstancias que habían permitido los acuerdos se modificaron con rapidez. Las elecciones de 1929 las ganó el Partido Nacional Revolucionario pasando por encima del vasconcelismo; Morrow, que fue electo senador tras dejar la embajada en México, murió en 1931, por lo que desapareció la garantía norteamericana; finalmente, los radicales volvieron al poder durante el frágil gobierno de Pascual Ortiz Rubio.

Así, tras los festejos guadalupanos, los anticlericales reaccionaron. En Veracruz, el segundo gobierno de Adalberto Tejeda continuó las persecuciones, una bomba estalló en la catedral de Xalapa, se impuso, como en el Distrito Federal, la reducción del número de sacerdotes; a nivel nacional, se promulgó la Ley de Nacionalización de los bienes eclesiásticos, que sacó del culto gran número de templos; el arzobispo Orozco y Jiménez fue expulsado de nueva cuenta del país; y se impuso el registro de las escuelas y el cumplimiento estricto del laicismo. La "batalla por las conciencias", que apoyaban Calles y Narciso Bassols, tuvo continuidad durante toda la década, y culminó con el establecimiento de la educación socialista, ya en tiempos de la presidencia del general Lázaro Cárdenas.

Ante la gravedad del asunto, en septiembre de 1932 apareció una enérgica protesta de la Santa Sede, la encíclica Acerba animi, de Pío XI, que motivó la expulsión del Delegado Apostólico, Leopoldo Ruiz y Flores, además de una nueva oleada de represión anticlerical en los Estados, que muchas terminaron en enfrentamientos y motines.

La situación llegó a su máximo entre 1934 y 1935, cuando rebrotaron los levantamientos armados, toda vez que el gobierno cardenista comenzó promoviendo directamente la persecución del clero y el cierre de sus establecimientos. Mas las circunstancias se fueron mostrando propicias de ahí en adelante. Cárdenas requirió de apoyo, en su lucha contra Calles primero, y para afrontar la expropiación petrolera en 1938. Aunque para 1936 todavía era expulsado de su domicilio el arzobispo Vera y Zuria, y en Chihuahua se limitó a uno el número de sacerdotes, la cuestión religiosa fue perdiendo importancia en el panorama político. Como sucedió durante las negociaciones de los años 20's, hubo primero declaraciones para distender la situación, tanto por parte de Cárdenas, como de Ruiz y Flores.

El relevo generacional acabó de completar el marco para el modus vivendi. En 1936, José Garibi Rivera sucedió en la mitra de Guadalajara a Orozco y Jiménez, y al año siguiente, Luis María Martínez, michoacano, ocupó la Sede primada en lugar de Pascual Díaz y Barreto. Fueron ellos quienes dieron el último paso cuando hicieron un llamado a los católicos para contribuir con el Estado en el pago de la deuda con las compañías petroleras.

El modus vivendi quedaba establecido prácticamente sobre las mismas bases que en 1929. El Estado no cedía nada en absoluto en materia legislativa, pero tampoco aplicaría la ley. La Iglesia controlaría a sus fieles en la Acción Católica, pero no les permitiría hacer política, ni siquiera la acción social de las décadas anteriores.

                         

Neoliberalismo

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:29
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Es tan legítimo afirmar hoy que el liberalismo es la ola del futuro como lo era hace un par de décadas decirlo del socialismo. De hecho, bajo formas benignas o malignas, el socialismo prevaleció en el mundo hasta bien entrados los años Setenta. Luego, vino la desilusión. ¿No podría ocurrir algo similar con el Neoliberalismo? Todo buen liberal tendría que preguntárselo.

La preocupación surge al recordar que en el siglo XIX hubo también una oleada de libertad. No existe latinoamericano que no pueda señalar alguna etapa, larga por lo general, cuando su país funcionó bajo el amparo de una constitución liberal, nuestro país, no es excepción

A América latina no le iba mal con el primer liberalismo que acogió en el siglo XIX. Pero un día lo abandonó. Lo aplicaba. Lo aprovechaba. Nunca creyó del todo en él. En una hora de prueba, cuando estalló la crisis económica de 1929, retrocedimos hacia la zona autoritaria de los golpes militares, hacia la zona regresiva del paternalismo económico.

"Los valores de los latinoamericanos, ¿son ahora liberales? ¿O tomaremos otra vez el camino liberal por curiosidad, por frivolidad, por ofuscación?...Cuando venga el liberalismo, no nos dará nada. Nos invitará, sí, a arriesgarlo todo. Recibirlo como una solución que cae, como el maná, de arriba y de afuera".

El Neoliberalismo se origina en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, éste, es heredero de las teorías neoclásicas de finales del siglo XIX; pero es en los años setenta cuando comienza su auge a nivel internacional al iniciarse la crisis en la teoría Keynesiana, que no pudo encontrar respuestas a diferentes problemas que han angustiado al mundo en las últimas décadas.

Entre sus principales exponentes tenemos:

  • En Europa Occidental: los economistas Ludwig Von Mises, Wilhem Roepke y Frederik Von Hayek; los filósofos Karl Popper y Raymond Aron y el periodista Jean Francois Revel.
  • En Estados Unidos: los economistas Milton Friedman, Paul Samuelson y Jefri Sachs.
  • En América Latina: el periodista Carlos Rangel, el economista Luis Pazos.

EL NEOLIBERALISMO COMO IDEOLOGÍA

El modo más sutil que puede arbitrar una ideología para imponerse y perdurar es proclamar la muerte de las ideologías y mostrarse bajo otro semblante, por ejemplo, la ciencia. Es lo que sucedió por casi un siglo con el positivismo. La ciencia positiva hace las veces de la política, la filosofía y la teología, y siempre como evidencia apodíctica y sagrada. Y así, disentir razonablemente de una hipótesis científica, pasa a ser un sacrilegio y una rebelión; y el que se atreve a tanto no merece el honor de una respuesta científica sino la marginación condescendiente o brutal: ha perdido la contemporaneidad y no tiene sentido dirigirle la palabra.

Eso pasa hoy con el Neoliberalismo. Es un modo de practicar la economía política que está alcanzando vigencia planetaria. Pero el que esta práctica haya logrado imponerse no significa la convalidación de sus postulados; sólo atestigua la contundencia de los medios (tanto políticos como económicos).

"Se ha demostrado que los organismos de decisión política o administrativa no obedecen al tipo de comportamiento altruista que postuló, con cierta ingenuidad, el intervencionismo económico del siglo XX".

EL NEOLIBERALISMO COMO IDEOLOGÍA POLÍTICA

El postulado principal del Neoliberalismo es que la competencia pone a funcionar hasta el tope las energías latentes en los individuos que conforman el todo social, y así la extrema movilidad que se genera, tras una etapa dolorosa de ajustes, provoca una sociedad de bienestar. Para que este postulado se realice, el Estado no puede sobreproteger al pueblo: el populismo o la planificación central mantienen al pueblo en perpetua minoridad; al atrofiarle la iniciativa y la responsabilidad lo mantienen no sólo improductivo para la sociedad sino débil y carente de valor a sus propios ojos.

"El liberalismo económico defiende el mercado como instrumento productivo: para asignar los recursos escasos de la sociedad a sus usos o empleos alternativos a través de los precios libre, porque se respeta de ésta manera las prioridades de la gente en esas asignaciones, y no se imponen las de los elencos políticos y burocracia.

Como los precios (libres) de los productos finales son espejo en el cual los criterios de valorización de la gente se reflejan de manera directa e inmediata, el liberalismo económico defiende también en principio al mercado como instrumento distributivo del producto social; porque es menos imperfecto que los instrumentos estatales. También sus criterios de distribución reflejan - aunque indirectamente - las preferencias, valorizaciones y prioridades de la gente: los precios de los bienes y servicios finales determinan los precios de los factores - entre ellos el trabajo -; y estos a su vez determinan sus ingresos, que constituyen la vía de distribución del mercado. Los instrumentos estatales de distribución del ingreso en cambio se prestan - no siempre inevitablemente - a diferentes formas de distorsión y corrupción. Entre ellas, la de ser distribuidos o negados en función de criterios discriminatorios".

Igual que la nación tiene que salir al mercado del mundo, el pueblo debe salir también al mercado nacional pagando los servicios y el consumo en su valor real y sometiéndose todos al mercado de trabajo. Tampoco el Estado puede sobreprotegerse a sí mismo y entrar en el mercado como si fuera una corporación privada. El Estado es público; su función sería crear condiciones para que funcione el mercado y velar porque no se alteren. Su finalidad es velar por el bien común, no realizarlo. Ese bien lo realizan los ciudadanos a través de las organizaciones económicas en la concurrencia del mercado.

EL NEOLIBERALISMO COMO PROPUESTA ECONÓMICA

El Neoliberalismo es una doctrina filosófica que tiene ramificaciones en todos los campos de las ciencias sociales. Los neoliberales se dedican a ensalzar la competencia capitalista, afirmando que el mecanismo de esta última garantiza automáticamente las mejores condiciones para la evolución de las fuerzas productivas.

"Una peculiaridad del Neoliberalismo es que combina la exaltación de la libre competencia y de la restauración automática del equilibrio con el reconocimiento de la necesidad de la intromisión del Estado en la economía. Lo peculiar de esta argumentación reside en que la defensa de la intervención del Estado en la economía se presenta como una lucha por la libre competencia".

La argumentación del Neoliberalismo es que la libre competencia es el estado ideal de la economía, pero no siempre puede ponerse en vigor, porque los monopolios la contrarrestan. Esta reacción puede ser superada y la libre competencia puede ser restablecida tan sólo aplicando una serie de medidas de política económica.

La teoría de los neoliberales se basa, en forma enmascarada, en la idea del papel decisivo del Estado en la economía, es decir, el rol del Estado debe ser el de promover la libre competencia.

CARACTERÍSTICAS DEL NEOLIBERALISMO ECONÓMICO

Según el escritor venezolano Fernando Salas Falcón:

  • Defienden un mercado altamente competitivo.
  • Aceptan la intervención del Estado en la economía, como arbitro o promovedor de la libre competencia.
  • Se oponen al acaparamiento y a la especulación.
  • Se oponen a la formación de monopolios y oligopolios
  • Se oponen a la fijación compulsiva de salarios por el Estado.
  • Rechazan la regulación de precios por el Estado, ya que deben fijarse en base a la relación oferta/demanda.
  • Se oponen a la creación compulsiva de empleo.
  • Se oponen al gasto público burocrático.
  • Defienden el libre comercio internaciol.
  • Defienden la libertad de contratación del trabajo y la libre movilidad de los factores de producción.

EL NEOLIBERALISMO COMO PROPUESTA ANTROPOLÓGICA

Detrás del objetivo de la sociedad de bienestar hay una propuesta antropológica que está siendo internalizada en los ambientes ganados por el Neoliberalismo. En términos éticos suena así: "lo moralmente bueno, lo que debe procurarse como bien para sí mismo y para la sociedad es producir (aumentar la productividad, cualificarse, rendir al máximo de las posibilidades), consumir (comprar las marcas más prestigiosas, exigir calidad, acceder según las preferencias a lo que se propone como deseable) y exigir los propios derechos Lo demás debe dejarse a los que gerencian la sociedad (el Estado, los Medios de Comunicación Social...). Es completamente disfuncional para la sociedad y desestabiliza y frustra a la persona el que se preocupe del todo social, de la suerte de los pobres. En todo caso, si a alguien le inquieta esto, que se deje de elucubrar o pretender; que deje, pues, lo que se llama política, y que se meta pues a cualquier asociación benéfica, privada, por supuesto: se sentirá bien, empleará su tiempo libre y no causará problemas a su relación con el todo social ni a la sociedad como todo".

En este esquema nada convoca personalmente a los ciudadanos; estos no son llamados como cuerpo social a nada que los trascienda. En rigor la sociedad no existe como campo posibilitante de las preferencias de cada cual. La idea de la humanidad como cuerpo social que se propone fines carece totalmente de sentido. "De ahí el refugio en la familia como pequeña tribu o el resurgimiento de lo étnico, la tribu grande, como restos de sentido o lugares de reunión". Pero este cultivo en las raíces, sin proyección trascendente, amenaza con convertirse en un egoísmo colectivo.

LO QUE ENCUBRE EL NEOLIBERALISMO

Se tildó al Neoliberalismo de ideológico, porque encubría lo que es: economía política. Proclamar el fin de la política es su modo de hacer política. Con esta consigna han conseguido convencer a los políticos y tomar los Estados, y con ella someten al pueblo al convencerle del carácter inexorable de sus propuestas. El Neoliberalismo ha sido tremendamente exitoso como proyecto político. Y la consecuencia de tomar el Estado no ha sido disminuirlo, por el contrario, lo han empleado a fondo para cambiar las estructuras, resistiendo tremendas presiones.

Y ni en el aspecto económico lo han disminuido; han retirado los recursos de la subvención de servicios para canalizarlos al capital financiero, a la reconversión industrial y al mantenimiento del sistema. Tampoco se ha abandonado el proteccionismo: la compra de importantes empresas o más aun de grupos enteros por parte de transnacionales extranjeras es en los países centrales una decisión política, en el sentido estricto de que está en manos del Estado, en tanto para nuestros países se predica la apertura irrestricta, la completa transnacionalización.

            

La revolución mexicana.

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:21
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Entre 1910 y 1920 México fue sacudido por una serie de luchas y revueltas conocidas como revolución mexicana, que intentaron transformar el sistema político y social creado por Porfirio Díaz. La revolución mexicana, que contribuyó a formar el México contemporáneo, no tuvo un carácter homogéneo, sino que consistió en una serie de revoluciones y conflictos internos, protagonizados por distintos jefes políticos y militares que se fueron sucediendo en el gobierno de la nación. En sus orígenes, las primeras tentativas revolucionarias, inspiradas por Francisco I. Madero, pretendían el derrocamiento de Porfirio Díaz, que se había mantenido en el poder durante más de treinta años. Tras el triunfo de los maderistas, la necesaria reconstrucción del país se vio dificultada por las disputas entre las propias facciones revolucionarias.

Después del asesinato de Madero, hubo nuevas luchas en las que triunfó Venustiano Carranza, quien promulgó la constitución de 1917, paso decisivo para la organización del estado posrevolucionario. No obstante, los sectores más radicales de la revolución mantuvieron la lucha hasta 1920.

           La revolución maderista   La revolución mexicana nació en un panorama de insatisfacción contra la política elitista y oligárquica de Porfirio Díaz, que había favorecido a los estamentos más privilegiados, sobre todo a los terratenientes y a los grandes capitalistas industriales. Si bien el país gozaba de prosperidad económica, las continuas reelecciones de Díaz causaban insatisfacción política entre las nacientes clases medias, en tanto que los beneficios de la prosperidad no habían alcanzado a los grupos más pobres de la sociedad.

  Madero, un rico terrateniente del norte del país, propuso una fórmula de compromiso político según la cual Díaz mantendría la presidencia y aquél, desde la vicepresidencia, iniciaría un proceso de reforma. Tras el rechazo de Díaz a la propuesta, Madero fue postulado candidato a la presidencia para las elecciones de 1910 por el Partido Antirreeleccionista, que incluía a intelectuales como Filomeno Mata y José Vasconcelos.

Díaz hizo detener a su oponente y se declaró vencedor en las fraudulentas elecciones de junio, pero Madero logró escapar de la prisión y publicó en la localidad texana de San Antonio su célebre plan de San Luis Potosí, en el que denunciaba el fraude electoral e incitaba a la población a que se uniera a una sublevación el 20 de noviembre. Escasos fueron los levantamientos en la fecha señalada, pero el llamamiento contribuyó a alentar la sublevación posterior en diversos puntos de México. En el norte, en Chihuahua, Pascual Orozco y Francisco (Pancho) Villa, con unas tropas improvisadas, empezaron a asaltar las guarniciones gubernamentales; y en el sur, en Morelos, Emiliano Zapata llevó a cabo una sangrienta campaña contra los caciques locales.

  Otros focos revolucionarios destacados fueron Sonora, con José María Maytorena, y Zacatecas.

  Poco a poco se fue hundiendo el régimen de Díaz, cuyo ejército, dirigido por envejecidos militares, no supo hacer frente a las guerrillas revolucionarias. En la primavera de 1911, tras la caída de Ciudad Juárez, Díaz se vio obligado a renunciar y entregar el poder a Madero.

           Presidencia de Madero   Después de un breve gobierno provisional, Madero fue electo presidente en octubre de 1911. Inicialmente su régimen fue acogido con entusiasmo por el pueblo, pero pronto se vio enfrentado al descontento de los campesinos, que reclamaban una reforma agraria, y al de los hacendados, que deseaban sofocar el radicalismo de los seguidores de Zapata. En noviembre de 1911, éste se rebeló contra Madero en Morelos a causa del retraso en la restitución de las tierras a las comunidades indígenas, punto que se había acordado en el plan de San Luis. Asimismo, Orozco optó en Chihuahua por la lucha armada ante la resistencia a poner en marcha la reforma agraria y nacionalizar el ferrocarril.

  Por otro lado, los sectores fieles al derrocado sistema porfirista, y los Estados Unidos, que veían peligrar sus intereses comerciales y petrolíferos, también contribuyeron a desestabilizar el gobierno maderista.

  Las tensiones llegaron al límite cuando estalló la revuelta de Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, que se enfrentó con las tropas federales del general Victoriano Huerta en la misma ciudad de México. El 18 de febrero de 1913, después de nueve días de bombardeos, conocidos como "la decena trágica", Huerta y Díaz se entrevistaron con el embajador estadounidense Henry Lane Wilson, y los tres concretaron un pacto contra Madero. Huerta asumió la presidencia de México y detuvo a Madero, que fue asesinado a los pocos días.

        El gobierno de Victoriano Huerta   Las primeras medidas del nuevo presidente, tales como la prohibición de la libertad de prensa, la eliminación de destacados revolucionarios y la persecución de los movimientos obreros, contaron con el apoyo de los sectores más conservadores. Sin embargo, la oposición se organizó y pronto estalló una nueva insurrección en diferentes puntos.

  En el norte, en los estados de Chihuahua, Sonora, Sinaloa y Tamaulipas, se sublevaron Venustiano Carranza y Pancho Villa; y en el sur, en Morelos, Zapata volvía a erigirse en líder de la revuelta. La alianza entre ambas facciones, tras el acuerdo de Guadalupe, y el apoyo del presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson a la causa revolucionaria, con el envío de tropas a Veracruz, llevaron a Huerta a exiliarse en julio de 1914.

           Luchas revolucionarias   La designación de Carranza como nuevo presidente el 20 de agosto de 1914, en contra de las ideas de Villa, desató una nueva época de anarquía y luchas entre los distintos bandos revolucionarios. En el sur operaba el movimiento insurreccionista de Zapata, de carácter campesino y centrado en Morelos, que pedía la restitución de las tierras y la expropiación de los latifundios. Se trataba de una facción unida y coherente, pero con pocas posibilidades de triunfar debido a la limitación de sus planteamientos sociales, centrados en el problema agrario, y a la incapacidad de su ejército para extender la revolución por todo el país. Por su parte, Villa, en Chihuahua, defendía también las reivindicaciones campesinas y contaba con el apoyo de un amplio sector popular.

  El denominado "ejército constitucionalista" de Carranza era mucho más profesional y contaba con el respaldo, no de los campesinos, sino de los obreros, los mineros y los intelectuales.

  En la convención de Aguascalientes intervinieron representantes carrancistas, zapatistas y villistas y comparecieron Álvaro Obregón, aliado de Carranza, y Villa. En ella se intentó conciliar las facciones en lucha, pero resultó un rotundo fracaso. Se puso de manifiesto la rivalidad existente entre Villa y Carranza, y tan solo se pudo llegar a la designación de Eulalio Gutiérrez como presidente interino de la nación.

  Villa solicitó la ayuda de Zapata y ambos se enfrentaron a las tropas de Obregón y Carranza, que tenían el apoyo de los Estados Unidos. Los primeros fueron derrotados en 1915 en la batalla de Celaya y decidieron retirarse a sus respectivos estados. Zapata regresó a Morelos y allí fue asesinado en 1919 en una emboscada. Por su parte, Villa reorganizó su ejército en Chihuahua y, aunque fue vencido en Agua Prieta, aún pudo mantener una guerrilla, con la que realizó varias incursiones contra los Estados Unidos (a los que acusaba de apoyar a Carranza). La actitud belicosa de Villa obligó a los estadounidenses a enviar al general John J. Pershing en su persecución.

        El gobierno de Venustiano Carranza   Al acceder de nuevo a la presidencia, en 1915, Carranza se dedicó a reorganizar el país, mientras las tropas de Obregón batían los focos de rebelión. Una de sus más importantes labores fue promover la elaboración de la llamada constitución de Querétaro, promulgada en 1917, que confería amplios poderes al presidente, daba al gobierno derechos para confiscar las tierras de los latifundistas, introducía medidas laborales referidas a salarios y duración de jornadas, y se mostraba decididamente anticlerical.

  Además, Carranza fue eliminando paulatinamente a sus anteriores enemigos. No obstante, en 1920, su decisión de dispersar una huelga del sector ferroviario en el estado de Sonora significó el hundimiento de su prestigio personal. Abandonado por sus seguidores, incluido Obregón, quedó solo en el poder; después de que Obregón lo hizo escapar de la ciudad de México, fue asesinado en su huida el 21 de mayo de 1920.

  Tras la muerte de Carranza, Adolfo de la Huerta asumió la presidencia interina hasta que Obregón fue elegido en las elecciones de noviembre de ese mismo año.

Para muchos historiadores, la fecha de 1920 marcó la finalización de la revolución mexicana. Sin embargo, las revueltas militares y las situaciones de violencia esporádica prosiguieron hasta 1934, cuando llegó a la presidencia Lázaro Cárdenas, quien institucionalizó las reformas que se habían iniciado en el proceso revolucionario y que se legitimizaron con la constitución de 1917.

           

La globalización

por KDJG
lunes, 12 de mayo del 2008 a las 05:19
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La globalización es una teoría entre cuyos fines se encuentra la interpretación de los eventos que actualmente tienen lugar en los campos del desarrollo, la economía mundial, los escenarios sociales y las influencias culturales y políticas. La globalización es un conjunto de propuestas teóricas que subrayan especialmente dos grandes tendencias: (a) los sistemas de comunicación mundial; y (b) las condiciones económicas, especialmente aquellas relacionadas con la mobilidad de los recursos financieros y comerciales.

A través del proceso de globalización, uno de los supuestos esenciales es que cada vez más naciones están dependiendo de condiciones integradas de comunicación, el sistema financiero internacional y de comercio. Por lo tanto, se tiende a generar un escenario de mayor intercomunicación entre los centros de poder mundial y sus transacciones comerciales (Sunkel: 1995; Carlsson: 1995; Scholte 1995). Efectos e influencias derivados de los "aspectos integradores" pueden ser estudiados desde dos perspectivas principales: (a) el nivel externo de los países, o nivel sistémico; y (b) el nivel de las condiciones internas de los países, o aproximación subsistémica. En este último caso, las unidades de análisis serían aquellas que corresponden con las variables de crecimiento y desarrollo económico, así como indicadores sociales.

Respecto a los procesos de globalización que están teniendo lugar en la actualidad, en la esfera económica, existen dos aspectos medulares relacionados con el área de la política económica internacional: (a) la estructura del sistema económico mundial, y (b) cómo esta estructura ha cambiado. Estos temas pueden ser abordados a partir de la teoría de la globalización tomando en cuenta los conceptos del desarrollo. Los fundamentos de la globalización señalan que la estructura mundial y sus interrelaciones son elementos claves para comprender los cambios que ocurren a nivel social, político, de división de la producción y de particulares condiciones nacionales y regionales.

La premisa fundamental de la globalización es que existe un mayor grado de integración dentro y entre las sociedades, el cual juega un papel de primer orden en los cambios económicos y sociales que están teniendo lugar. Este fundamento es ampliamente aceptado. Sin embargo, en lo que se tiene menos consenso es respecto a los mecanismos y principios que rigen esos cambios.

Las teorías económicas neoclásicas acentúan la preeminencia de las ventajas comparativas (Klein, Pauly y Voisin 1985), los métodos propios de las relaciones internacionales resaltan las variables geopolíticas (Keohane 1993, y Thompson 1991), mientras que las perspectivas desde la teoría de los sistemas mundiales subrayan los intercambios desiguales (Amin 1989; Frank 1979; Wallerstein 1991). Estas aproximaciones ofrecen contrastes en las interpretaciones del cambio a nivel mundial.

De manera más particular, las principales áreas de disputa en términos de la teoría de la globalización tienen relación con: (a) el hecho de que los países pueden tener más de tres áreas de colocación en el sistema mundial: centro, semiperiferie y periferie (Schott 1986); (b) las características de posición de varios países en cuanto a compartir un mismo patrón de relaciones pueden estar relacionadas con la formación de "camarillas" o grupos de fuerte o estrecha relación entre ellos y débil agrupación con el resto, ocurriendo esta situación especialmente a niveles regionales (Snyder 1989); (c) Aún dentro de una misma posición de países, por ejemplo dentro de la periferie, se pueden detectar variaciones significativas entre las naciones, tales como tamaño de las economías, demanda efectiva interna, estructura de exportación, y niveles de crecimiento y desarrollo económico (Smith 1992); y (d) existe fuerte evidencia de que los patrones de concentración económica entre naciones, especialmente en los campos del comercio internacional y de las finanzas mundiales; estos rasgos estarían asociados a los niveles de desar